Alemania

De Berlín a Boliguay

Agustín Blanco Bazán
lunes, 4 de julio de 2016
Berlín, lunes, 23 de mayo de 2016. Komische Oper. Clivia. Opereta en tres actos con libretto de Charles Amberg y F. Maregg y música de Nico Dostal y adaptación musical de Kai Tietje. (Estreno mundial: Theater am Nollendorfplatz 23.12.1933). Regie: Stefan Huber. Dramaturgia: Ulrich Lenz. Escenografía: Stephan Prattes. Vestuario: Heike Seidler. Coreografía: Danny Costello. Interpretes: E. W. Potterton, financiero de Chicago: Stefan Kurt. Clivia Gray, estrella de cine: Christoph Marti. Juan Damigo: Tobias Bonn. Yola, su prima: Andreja Schneider. Lelio Down: reporter del Chicago Times: Peter Renz. Gustav Kasulke: Christoph Späth. Caudillo/Valdivio: Max Gertsch. Diaz: un regisseur: Markus Merz. Coro y orquesta de la Komische Oper, Berlin bajo la dirección de Kai Tietke.
0,0003246

¡De vuelta en el Metropol! A pesar de estar a cuatro cuadras de la Cancillería y el Bunker, sólo la entrada y los foyer del legendario teatro berlinés de la Behrenstrasse  fueron destruidos por el bombardeo anglo-americano y la artillería soviética. La atractiva sala de decoración neo-barroca se salvó y gracias a ello, Walter Felsenstein y su Komische Oper pudieron instalarse allí en 1947. Años después, uno salía doblando a la derecha y se topaba con un muro. Pero valía la pena ir, aunque hubiera que dejar el hotel del sector oeste tres horas antes por si los guardias lo hacían a uno esperar. Luego de la función había que volver a pasar corriendo antes de la medianoche…¿o era a las once de la noche? No me acuerdo bien. De cualquier manera, todo este esfuerzo valía la pena porque la Komische Oper ya era entonces un verdadero templo de milagros operísticos: los personajes dejaban allí de moverse como los títeres del Met, la Ópera de Viena o la Scala de Milán, para cobrar una vida digna del mejor teatro gracias a la aplicación de filosofías teatrales que iban desde Stanislavsky hasta Brecht. El Metropol y la Komische Oper fueron el laboratorio donde Felsenstein, Joachim Herz y Harry Kupfer experimentaron como transformar la ópera en vida, y después de algunos años bajo la dirección de Andreas Homoki, Barry Koski ha decidido alternar opera seria con la irrespetuosidad cabaretística que hizo famoso al Metropol antes de la guerra gracias a la opereta y la comedia musical. Y es así que entre Frau Luna y Kiss me Kate, le tocó finalmente a Clivia un desopilante e irresistible potpourri del año 33 donde se mezcla todo: jazz, foxtrot, tango, vals, ritmos sudamericanos y, por supuesto, el Marschlied  berlinés, con su desparpajada caricaturización de ese prusianismo local que al final terminaría arruinándolo todo.

Clivia. Dirección escénica de Ulrich LenzClivia. dirección escénica de Stefan Huber y Stephen Prattes © 2016 by Iko Fresse-drama-berlin.de

Las intervenciones norteamericanas en América Latina, la guerra de los treinta entre Bolivia y Paraguay y los excesos de un Hollywood rendido a las estrellas de cine son batidos en Clivia como en el mejor cóctel: E.W. Potterton, un financista yanqui, se presenta en “Boliguay” con el pretexto de filmar una peli, pero en realidad con la intención de derrocar al gobierno que amenaza expropiar sus intereses económicos. Para ello ha contratado a Clivia Craig, una diva entre Jane Harlow y Marlene Dietrich que no tiene ni idea de las intenciones del financista. Pero para trabajar en Boliguay los extranjeros deben tener visa a y por ello se conviene un matrimonio entre Clivia y un tal Juan Damigo, un gaucho reminiscente de Barrymore o Valentino que se abstiene de revelar su verdadera identidad: no es otro que el mismísimo líder del movimiento revolucionario popular anti-yanqui. Hay otros personajes como Leilo Down, un reportero del Chicago Times que quiere descubrirlo todo, e inevitablemente, un berlinés, Gustav Kasulke empeñado en vender su “Snoozewell”,  una máquina de dormir por él inventada. Y para imponer el orden entre los personajes y el equipo cinematográfico está Yola, una robusta sargentona al mando de un regimiento de Amazonas que empiezan zapateándolo todo con celo autoritario pero que finalmente no pueden evitar abandonarse al cachondeo general. Por supuesto que Clivia y Damigo terminan enamorándose y también Yola y Down se atraen peligrosamente. Finalmente, y con la ayuda de agentes secretos, el complot se descubre. ¿Lograrán Clivia convencer a Damigo de su inocencia?

livia. Dirección escénica de Ulrich LenzClivia. dirección escénica de Stefan Huber y Stephen Prattes © 2016 by DAVIDS/Sven Darmer

La puesta de la Komische Oper se puso a la altura del desafío con una caja de sorpresas que acentuó hasta el extremo pero a la vez controladamente el kitsch y el paroxismo de esta obra de final de época en una ciudad a punto de perderlo todo. Aquí se cantó y bailó con una vitalidad que pareció exorcizar el pasado de estas tablas del Metropolcon todo el fervor requerido para demostrar que canto y danza siempre redimen, porque son capaces de convencer con cualquier disparate. Todo fue enérgicamente convocado para intensificar ese típico humor berlinés, tan ácido pero a la vez tan humano.  ¿Dónde está la orquesta?, me pregunté repetidamente durante la primera parte. Pues bien, la orquesta apareció triunfante en la segunda, en una enorme escalera de caracol que sirvió de lucimiento para la estrella de la noche, la Clivia interpretada por Christoph Marti, un cantante de voz mas bien a lo Marlene, que evitó cualquier exceso camp para ridiculizar irresistiblemente el estereotipo de una diva de cine trajinada y egocéntrica, pero, ¡sí señor!: con corazón.

Stefan Kurt.,  Christoph Marti y Andreja SchneiderStefan Kurt., Christoph Marti y Andreja Schneider © 2016 by Gunnar Geller /

Nico Dostal era un compositor/director de orquesta que un buen día decidió cambiar la provincial Austria por Berlin. Y lo bien que le hizo. Clivia combina un sentimentalismo vienés que Stolz y Lehar no pudieron superar, con el radical swing de la gran comedia musical de postguerra. La opereta tuvo tal vez que salir de Viena y pasar por Berlin antes de llevarnos a Guys and Dolls u On the town. Ver Clivia en la Komische Oper es una experiencia inédita que el West End londinense o Broadway no pueden alcanzar porque no invierten en la riqueza de una orquesta y coros operísticos en dotación completa. 

Mientras la English National Opera de Londres languidece en su empeño de hacerlo todo en inglés con sobretítulos ingleses y usando la excusa que le cortan el presupuesto, la Komische Oper lucha y se renueva como siempre lo ha hecho: mirando para adelante, cueste lo que cueste.  Cada vez mas se canta en el idioma original y los títulos están en el respaldo de la butaca de enfrente y son en cuatro idiomas: alemán, francés, inglés y…turco, porque esta ciudad es también turca y, como otros teatros de ópera alemanes, también la Komische Oper tiene siempre algo que decir en materia de compromiso político: arte y música nunca, pero nunca, están “mas allá de la política” en Alemania.

Finalmente: en el tráiler de la Komische Oper,  puede apreciarse swing de Clivia. Hay un tema célebre, Du bist mir sehr sympatisch que, ¡no hay caso!, no se me va de la cabeza…

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.