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Novedades Accentus

Paco Yáñez
lunes, 22 de agosto de 2016
Witold Lutosławski: Livre pour orchestre; Musique funèbre à la mémoire de Béla Bartók. Albéric Magnard: Sonata para violín y piano en sol mayor. Felix Mendelssohn: Elias. Rudi Stephan: Groteske. Karol Szymanowski: Sinfonía Nº2 en si bemol mayor. Marlis Petersen, soprano. Lioba Braun, mezzosoprano. Maximilian Schmitt, tenor. Thomas Oliemans, barítono. Vladimir Stoupel, piano. Judith Ingolfsson, violín. RIAS Kammerchor. Akademie für Alte Musik Berlin. Polish National Radio Symphony Orchestra. Alexander Liebreich y Hans-Christoph Rademann, directores. Stefan Lang y Paul Smaczny, productores ejecutivos. Tim Altrichter, Bernd Friebel, Wojciech Marzec y Henri Thaon, ingenieros de sonido. Cuatro CDs de 126:07 (Mendelssohn), 64:50 (Lutosławski & Szymanowski) y 54:47 (Magnard & Stephan) minutos de duración grabados en la Konzerthaus y en la Jesus-Christus-Kirche de Berlín (Alemania), y en el NOSPR Concert Hall de Katowice (Polonia), en febrero, junio, julio y agosto de 2015. Accentus ACC 30356 (Mendelssohn), ACC 30349 (Lutosławski & Szymanowski), ACC 303711 (Magnard & Stephan). Distribuidor en España: Música Directa.
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Regresamos al cada vez más diversificado catálogo del sello Accentus (que, además del disco compacto, el DVD y el Blu-ray, incluye ahora el vinilo), para dar cuenta de algunas de sus últimas novedades: lanzamientos todos ellos de un notable interés, entre los que se encuentran, ya sea partituras poco editadas en soporte fonográfico, ya versiones de una excelencia que no podría pasar desapercibida para nosotros...

Felix Mendelssohn (ACC 30356)

...tal es el caso de la superlativa versión que de uno de los oratorios románticos por excelencia, el Elias (1846) opus 70 / MWV A25 de Felix Mendelssohn (Hamburgo, 1809 - Leipzig, 1847), dirigió Hans-Christoph Rademann el 5 de julio de 2015 en la Konzerthaus berlinesa; registro en vivo que Accentus nos ofrece en dos compactos con una Akademie für Alte Musik Berlin en estado de gracia, acompañada por un no menos estupendo RIAS Kammerchor y unos solistas (Marlis Petersen, soprano; Lioba Braun, mezzosoprano; Maximilian Schmitt, tenor; Thomas Oliemans, barítono) perfectamente entonados con el arrebatador efectivo coral, de enfoque sobrio y reflexivo, muy germánico; si bien, al tiempo, de una fuerza irresistible, palpable desde una obertura que, aunque señalada como 'Moderato' por Mendelssohn, se expone a tumba abierta, asentada en una orquesta de graves poderosos; tan compactos, que nos hacen recordar a la filarmónica de la propia Berlín, en la que la Akademie für Alte Musik tiene su sede.

En dicha obertura, como en el resto del oratorio, un timbal de perfecta calibración en ritmo y dinámicas marca un pulso que lleva la lectura de Rademann a los 126 minutos de duración. Por tanto, tal y como se podría esperar de una versión con instrumentos de época y una renovada visión de la música de Mendelssohn (en un estilo cercano al que Pablo Heras-Casado ha registrado con la Freiburger Barockorchester para Harmonia Mundi), estamos ante una lectura más aligerada que las que se estilaban otrora; pongamos por caso la de Rafael Frühbeck de Burgos al frente de la New Philharmonia Orchestra (EMI 5 68601 2), registro mítico, con unos Jones, Baker, Gedda y Fischer-Dieskau en las voces que imprimían un carácter más pausado y meditativo en sus casi 140 minutos de duración (pero, también, notablemente más pesado, firmando un oratorio más espiritual que exultante). Aquí nos acercaríamos a los 127 minutos de Philippe Herreweghe en su lectura del año 1993 para Harmonia Mundi (HMY 2921463/64), en lo que constituyera toda una reinvención del Elias desde criterios historicistas, senda que este registro de Accentus prosigue.

La versión de Philippe Herreweghe es algo más pulida y refinada, se adentra más en los recovecos de la partitura, con pasajes más extáticos y unas masas corales, como es habitual en el coro de Gante, superlativas. La lectura que ahora nos ofrece el sello Accentus es más rotunda, más a bloque, lo cual no quiere decir que Hans-Christoph Rademann no suspenda su torrente sonoro en pasajes que, así, adquieren un sentido más acusado, como la bellísima aria "Höre, Israel, höre des Herrn Stimme", con una Marlis Petersen de cuidadísima dicción, en un diálogo -como toda la interpretación- muy delicado con la orquesta berlinesa, dando con un tono perfecto para el romanticismo mendelssohniano, entre cuyos compases Rademann no deja de evocar tanto a Mozart como, en la lejanía, pero articulando la polifonía coral, a un Bach del cual tan cerca estuvo Mendelssohn, desde su estudio y revisión de las partituras del kantor de Leipzig.

Lectura, por tanto, irreprochable, que se disfruta de principio a fin, con una intensidad que nos mantendrá en vilo durante sus más de dos horas de duración, firmando una versión que podemos situar como referencial (desde luego, la más firme y compacta de las que conozco), además de especialmente atenta al manuscrito original de Felix Mendelssohn (algunas de cuyas páginas autógrafas podemos ver en el libreto), haciendo de este Elias una verdadera summa artis de las muchas virtudes que adornan la música del compositor alemán, aquilatadas por Rademann en su justa medida.

Karol Szymanowski & Witold Lutosławski (ACC 30349)

En agosto de 2015, visitó nuestra sección discográfica el primer compacto que la Polish National Radio Symphony Orchestra registró para el sello Accentus (ACC 30332), con los Tres fragmentos de poemas de Jan Kasprowicz opus 5 (1902), del polaco Karol Szymanowski (Tymoszówka, 1882 - Lausana, 1937), y el Concierto para orquesta (1950-54) de su compatriota Witold Lutosławski (Varsovia, 1913-1994). Ya en aquella reseña destacamos las virtudes de la orquesta polaca bajo la dirección de Alexander Liebreich, algo que volvemos a señalar en un nuevo lanzamiento a cargo tanto de este binomio de orquesta y director como de compositores, pues un nuevo acercamiento al catálogo de Karol Szymanowski y Witold Lutosławski es lo que Accentus nos ofrece un año más tarde, reincidiendo en unos niveles de calidad artística encomiables, aquí realzados por unas tomas de sonido majestuosas en la nueva sede de la orquesta: el NOSPR Concert Hall de Katowice, auditorio de acústica inmaculada.

Tal es el caso de una lectura de la Sinfonía Nº2 en si bemol mayor opus 19 (1909-10) de Karol Szymanowski que situaría en la más pura estela de Alexander Scriabin: plena de color, sensualidad y contenida exaltación. Por timbres, opulencia en la orquestación y riqueza sonora, también habría que concitar la influencia de Richard Strauss; así como, por la modernidad que imprime Alexander Liebreich, ecos de Max Reger y del primer Arnold Schönberg. De este modo, nos encontramos ante una lectura que podríamos decir plenamente 'europeísta' de la partitura, destacando sus vínculos con la centralidad germánica de comienzos del siglo XX, en cuyos postulados estéticos enraíza Liebreich a Szymanowski, sin dejar de mostrar la antes señalada impronta eslava de Scriabin, por lo que el resultado alcanza momentos de una rara fascinación en sus compases más estáticos; mientras que en los más acerados del segundo movimiento, en su 'Tema. Variazioni. Fuga', expone una modernidad en el tejido orquestal, en los contrastes, clímax y suspensiones, que parece emanada de unos Gurrelieder (1900-11) convenientemente asimilados. Es así que orquesta y director firman una interpretación magnífica, que se disfruta tanto por la belleza de su suntuosidad como por un más analítico ejercicio de redescubrir y paladear tan proteicas influencias.

Los primeros compases del Livre pour orchestre (1968) de Witold Lutosławski ya nos sitúan ante una 'muy otra cosa', con su introspección y sequedad, con su lacónico refinamiento basado en la soberbia técnica orquestal del polaco. Progresivamente, Alexander Liebreich se lanza a exponer una versión más fastuosa y plural, hasta alcanzar en su '3me Intermède' una notable exuberancia expansiva, fruto de ir tensando los procesos de renovado contrapunto que Lutosławski alquitara desde el profuso joyero de la tradición centroeuropea, por él tan bien conocida. Dentro de ese movimiento conclusivo, Liebreich implosiona la orquesta en el 'Chapitre final', devolviéndola al oscuro mundo de texturas de cuerda iniciales, dotando así a su lectura de una notable circularidad, en la que reaparecen temas y técnicas, dadas vueltas de tuerca sobre el sentido que habían ido alcanzando en el desarrollo de una partitura aquí expuesta de un modo muy analítico y transparente.

También oscura en su arranque lo es la Musique funèbre à la mémoire de Béla Bartók (1958), igualmente de Witold Lutosławski, que completa este compacto, ya desde un comienzo en las cuerdas que nos pone sobre la pista de la Música para cuerda, percusión y celesta (1936) del compositor húngaro al que esta partitura está dedicada. Si en su Concierto para orquesta Lutosławski se situaba en una estela netamente bartokiana, aquí el polaco vuelve a hacerlo, con mayor heterogeneidad de recursos, fundiendo en una misma partitura series dodecafónicas unificadoras, atisbos folclóricos sublimados y toda una panoplia de elementos neoclásicos que nos remiten al propio Bartók, tomado como modelo -ya- canónico, especialmente en su escritura para cuerdas, tan abigarrada, con asomos modales que en esta versión confieren un carácter arcaico y primordial. La lectura de Liebreich comparte con la registrada por el propio Lutosławski en 1977 (EMI 5 73833 2) la misma orquesta, una Polish National Radio Symphony Orchestra aquí más refinada, frente a un sentido más elegiaco y oscuro en la grabación analógica del compositor. El brillo en la lectura de 2015 es mayor; hay un distanciamiento de la nostalgia que asombraba la dirección de Lutosławski, incidiendo ahora Liebreich en la arquitectura y los contrastes, principalmente, de las cuerdas, que llevan claramente el peso de una versión más 'neutra' y equilibrada, mientras la de 1977 se empapa de la mayor tensión y proliferación de aristas de las versiones en las postrimerías de los años setenta. Ambas lecturas, muy recomendables; como lo es este nuevo compacto de Alexander Liebreich para Accentus, que esperamos tenga continuación con más incursiones en la rica tradición polaca del siglo XX.

Rudi Stephan & Albéric Magnard (ACC 303711)

El último de los compactos que hoy reseñamos no se mueve por las alturas compositivas de los Mendelssohn, Szymanowski o Lutosławski, pero sí aporta grabaciones de piezas raramente registradas, como lo es el dúo para violín y piano Groteske (1911), del compositor alemán Rudi Stephan (Worms, 1887 - Chodaczków Wielki, 1915); además de presentarnos un compacto que une a dos creadores muertos durante la Primera Guerra Mundial; alemán, el primero, en el frente polaco; francés, Albéric Magnard (París, 1865 - Baron, 1914), defendiendo su casa en la localidad de Baron, incendiada y destruida en septiembre de 1914. En ello profundiza el libreto de esta edición de Accentus, prolijo en información y fotografías, que procede, en lo musical, a un contraste entre el que estaba llamado a ser uno de los renovadores de la música germánica, Rudi Stephan, y un compositor de perfil más conservador, como lo fue Albéric Magnard, creador al que el melómano conocerá mayormente por la integral de sus sinfonías editada por EMI (5 72364 2) con dirección de Michel Plasson a la Orchestre du Capitole de Toulouse.

La Sonata para violín y piano en sol mayor opus 13 (1901) de Albéric Magnard fue un encargo del virtuoso Eugène Ysaÿe, y en sus cuatro movimientos parece flotar en auras ingrávidas, de notable serenidad, aquí reforzadas por la delicada afinación de la violinista Judith Ingolfsson, así como por el muy sutil acompañamiento del pianista Vladimir Stoupel, totalmente plegado al violín, especialmente en 'Calme', movimiento introspectivo en cuyo ecuador el dúo nos muestra asomos de que en esta Sonata Magnard no sólo se mece en melodías amables, sino que trabaja construcciones cuasi sinfónicas, como escuchamos en su movimiento conclusivo, así como ecos sublimados del folclore, en 'Très vif'. Versión, así pues, entre el candor de sus fraseos melódicos y el rigor de la construcción, aspecto en el que Magnard dirige su mirada a una tradición germánica que ya había nutrido las primeras de sus sinfonías...

...esa tradición es audible en la breve Groteske (con sus apenas 9 minutos de duración), el dúo de Rudi Stephan rescatado en 1979 y estrenado en 1983, ¡72 años después de su composición! Tal y como Christoph Schlüren nos señala en sus notas, Groteske es un dúo para violín y piano en el que se atisban los asomos de un expresionismo musical que conduce a esta partitura por un mundo de contrastes, con una -dice- oposición de extremos sin descanso que, personalmente, me parece muy limitada, y que en 1911 ya había sido expuesta por compositores como Gustav Mahler, Richard Strauss, o Arnold Schönberg con resultados más hondamente expresionistas, además de con una enjundia musical de mucho mayor fuste. Como en el caso de la Sonata de Magnard, versión muy delicada, quizás por ello menos atenta a lo expresionista, y sí más al melodismo, a acariciar los oídos con las sutilezas que Rudi Stephan disemina, aquí más prolijas en un piano que, con respecto a la pieza del francés, cobra mayor protagonismo.

Por último, una breve referencia a las tomas de sonido: excelentes en todos los casos, con mención especial, por la dificultad del registro, para la grabación del Elias en vivo a cargo de Deutschlandradio; así como para el compacto polaco, registrado en las magníficas condiciones que proporciona el NOSPR Concert Hall. La edición de los tres libretos es también muy buena; con profusión de fotografías (especialmente el dedicado a Stephan y Magnard: una belleza de maquetación), notables ensayos (de nuevo, especialmente interesantes en el dúo de violín y piano), y completos datos técnicos y biográficos.

Estos discos han sido enviados para su recensión por Accentus Music.

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