Argentina

Como en los buenos viejos tiempos ...

Gustavo Gabriel Otero
martes, 30 de agosto de 2016
Buenos Aires, sábado, 20 de agosto de 2016. Teatro Colón. Giacomo Puccini: Tosca. Opera en tres actos, libreto de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa, inspirado en el drama homónimo de Victorien Sardou. Roberto Oswald, concepción escénica, escenografía e iluminación. Aníbal Lápiz, dirección escénica y vestuario. Christian Prego, escenógrafo asociado. Rubén Conde, repositor de la iluminación. Eva-María Westbroek (Floria Tosca), Marcelo Álvarez (Mario Cavaradossi), Carlos Álvarez (Barón Scarpia), Mario De Salvo (Angelotti), Luis Gaeta (Sacristán), Sergio Spina (Spoletta), Fernando Grassi (Sciarrone), Carlos Esquivel (Carcelero), Julieta Unrein (Voz del Pastor). Orquesta y Coro Estables del Teatro Colón. Coro de Niños del Teatro Colón. Director del Coro de Niños: César Bustamante. Director del Coro Estable: Miguel Martínez. Dirección musical: Carlos Vieu.
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Es sabido que en tiempos pasados el Teatro Colón de Buenos Aires fue referencia mundial en cuanto a repertorio e intérpretes. Ese tiempo, que fue hermoso, está cada vez más lejano y varias generaciones de argentinos no lo conocimos, ya que tuvimos más épocas de sombras que de luces en los últimos cuarenta años. Este mes de agosto de 2016 puede contarse, sin dudas, entre los períodos más deslumbrantes de la historia contemporánea del primer Coliseo de Buenos Aires. Acaban de actuar Daniel Barenboim, Martha Argerich y Lang Lang, también Zubin Mehta junto a la Orquesta Filarmónica de Israel, y hace pocos días debutó el tenor alemán Jonas Kaufmann. A todo esto se suma esta Tosca con la presencia de verdaderas primeras figuras de la actualidad. Una fiesta para los que deseamos que vuelvan, con continuidad, los grandes artistas a la sala de la calle Libertad.

Como homenaje a Roberto Oswald (1933-2013) figura emblemática del teatro Colón en su múltiple tarea de escenógrafo, director escénico, iluminador, director técnico y director de producción visual; se repuso su puesta escénica de Tosca que se ofreció en las temporadas 1992, 1993, 1998 y 2003 y que, revisitada, se vio en el Teatro Solís de Montevideo (2006) y Argentino de La Plata (2008).

Este envase de lujo se vio correspondido por la excelencia de las voces -reencuentro con el público de Buenos Aires 19 años después por parte del tenor argentino Marcelo Álvarez incluido- y por la calidad general del espectáculo que hizo a muchos recordar los ‘buenos viejos tiempos’ ...

La conocida escenografía imaginada por Roberto Oswald se destaca por su realismo con magníficos detalles barrocos tanto en la iglesia del primer acto como en la sala del palacio del segundo, los elementos corpóreos acompañan la concepción escenográfica. Todo luce monumental y bello. En el tercer acto nos encontramos con un gigantesco ángel en la terraza del Castel Sant’Angelo al fondo y dos planos de la misma terraza. Tosca no se arroja al vacío en el fondo del escenario -como es casi habitual- sino por delante.

De fidelidad temporal y excelente diseño el vestuario de Aníbal Lápiz, quien creemos reelaboró completamente el vestuario de la protagonista. Bien repuesta la iluminación original de Oswald por parte de Rubén Conde y razonable los movimientos escénicos que, como se indicó en el programa de mano, se deben a la concepción de Oswald, pero fueron realizados como director escénico por su habitual colaborador Aníbal Lápiz.

Entendemos que la tarea de Lápiz fue de mero repositor aunque algunos detalles parecían ser distintos que en la versión original, como el suicidio de la protagonista que antes no caía sino que quedaba suspendida en una ráfaga de viento. Con todo, los movimientos fueron razonables dentro de una concepción tradicional que deja a los artistas casi libres en la faz actoral.

Desde hace años Carlos Vieu es uno de los directores de orquesta nacionales más interesantes y con más empatía con la ópera. Finalmente llegó su ansiado debut en la sala del Colón como titular y, naturalmente, no decepcionó. Condujo con su habitual pericia y vuelo a la Orquesta Estable logrando un buen balance entre el foso y la escena, salvo en el 'Tedeum' en que las masas opacaron al barítono Carlos Álvarez.

Eva-Maria Westbroek fue una Tosca de gran caudal vocal, algo de vibrato y algún agudo destemplado. No defraudó pero tampoco brilló. Sus mejores momentos fueron en el primer acto, resintiéndose su prestación a medida que se desarrolló la representación.

Naturalmente toda la expectativa estaba en el gran tenor Marcelo Álvarez que volvía a la Argentina luego de quince años de no cantar ópera completa en su país de origen -su última presentación fue en abril de 2001 en el Teatro del Libertador de su Córdoba natal- y de diecinueve de no estar en el escenario del Teatro Colón en el que sólo cantó -en septiembre/octubre de 1997- el Duque de Mantua en Rigoletto de Verdi. Su vuelta, como Mario Cavaradossi, fue verdaderamente gloriosa.

Ovacionado desde su ingreso con 'Recondita armonía’ cautivó al público con la belleza de su voz y su timbre homogéneo y meridional. La emisión se mantiene fresca, dúctil, franca. No hay atisbo de cansancio y la línea de canto es tan perfecta al inicio de la representación como en su última frase. Se dio el gusto de dar una clase de belcantismo con filados, pianísimos y sutilezas por doquier. Quizás lo único que en algunos momentos le juega en contra es su parquedad actoral que compensa con su extraordinario nivel canoro.

El barítono malagueño Carlos Álvarez fue un Scarpia menos despiadado que de costumbre, con emisión noble, decir elegante y adecuado volumen.

El elenco de comprimarios lució sin fisuras. Desde la veteranía de Luis Gaeta como el sacristán a la juventud del pastor de Julieta Unrein. Mario de Salvo fue un recio Angelotti y Segio Spina un intrigante Spoletta, mientras que Fernando Grassi (Sciarrone) y Carlos Esquivel (Carcelero) cumplieron con creces su cometido.

Muy buenos tanto el Coro de Niños como el Coro Estable del Teatro.

En suma: Una noche gratificante, con una Tosca servida como en los buenos viejos tiempos.

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