España - Euskadi

Batuta mozartiana y reparto desigual para Don Giovanni

José Amador Morales
jueves, 1 de septiembre de 2016
San Sebastián, sábado, 13 de agosto de 2016. Kursaal. Wolfgang Amadè Mozart: Don Giovanni (versión de concierto). Dramma giocoso en dos actos con libreto de Lorenzo Da Ponte. Christopher Maltman (Don Giovanni),, José Fardilha (Leporello), Daniel Giulianini (Il Commendatore), Irina Lungu (Donna Anna), Toby Spence (Don Ottavio), Nicole Cabell (Donna Elvira), José Manuel Díaz (Masetto), Miren Urbieta-Vega (Zerlina). Easo Abesbatza. Orquesta Sinfónica de Euskadi. Manuel Hernández Silva, dirección musical. Quincena Musical Donostiarra.
0,0001361

Una única función concertante de Don Giovanni condensa toda la propuesta operística de la Quincena Musical Donostiarra de este año. Una versión en concierto y lo cierto es que lo más teatral que percibimos en ella se concentró, al margen del talento dramático puntual de algún cantante, en la batuta de Hernández Silva. Ya su obertura, intensísima y visionaria como lo sería la simétrica escena final, revelaba un potente sabor mozartiano: transparencia en las texturas, fraseo cantabile o claroscuros de gran efecto dramático. Por señalar detalles reveladores en este sentido, recordaremos la oscuridad del trío en el que muere el comendador, el brillo y vitalidad de la entrada de Zerlina y Masetto con el coro de campesinos, toda la escena de la mascarada con el finísimo tratamiento de las danzas, etc... Si igualmente importante fue su cuidado acompañamiento a las voces, no lo fue menos a la hora de compensar orquestalmente lo que éstas eran incapaces de expresar por sí mismas (probablemente el aria del catálogo fuese el ejemplo más significativo en este sentido).

Y hemos comenzado por resaltar la importancia de la dirección musical de este Don Giovanni porque fue lo único que por su contenido dramático y estilístico logró poner orden y sostener artísticamente una función que en el resto de elementos, fundamentalmente vocales, se reveló tremendamente irregular. Es difícil hablar de homogeneidad idiomática en un reparto conformado por dos ingleses, una rusa, un italiano, un portugués, una americana y dos españoles. Curiosamente el que más se acercó a ese concepto fue el inglés Christopher Maltman logró seducir en el rol protagonista más por la caracterización del personaje que por la belleza de su voz, por lo que tuvieron más interés sus recitativos e interacciones que sus arias. Más irregular resultó el Don Ottavio de Toby Spence quien dio una de cal y otra de arena en sus dos arias, siendo Il mio tesoro quizá su momento más logrado (en Dalla sua pace un tempo demasiado pesante puso de manifiesto sus limitaciones). Por su parte, el Leporello de José Fardilha trató de compensar sus carencias técnicas y dudosa afinación con un exceso de histrionismo y bufonería que se llevó por delante toda la sutileza y elegancia con que Mozart dotó a este personaje. Se echó en falta una voz más noble y poderosa para el Comendador de Daniel Giulianini mientras que José Manuel Díaz cantó con corrección su Masetto.

El reparto femenino se mostró vocalmente más interesante. La Zerlina de Miren Urbieta-Vega sorprendió con una voz con más anchura de lo habitual para su parte, ganando en interés y entrega a lo largo de la velada hasta rematar con una Vedrai carino de hermoso y sugerente fraseo. Si la Donna Elvira de Nicole Cabell convencía a través de la energía y fuerza de su caracterización, la Donna Anna de Irina Lungu lo hizo por su derroche vocal, aunque tal vez pecara de exceso en este sentido. En algún momento del segundo acto alguien insinuó que la sucesión de arias de una y otra cantante parecía más bien un mano a mano entre ambas cantantes. En cualquier caso lo cierto es que tanto Mi tradi quel alma ingrata de la americana como el Non mi dir de la rusa fueron lo más aplaudido.

Finalmente, el coro Easo tuvo una actuación bastante discreta mientras que la Orquesta Sinfónica de Euskadi se mostró ajustada y convenientemente maleable.

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.