España - Cantabria

A la española: cuando lo español invade lo francés

Germán García Tomás
martes, 13 de septiembre de 2016
Fahmi Alqhai © Fahmi Alqhai Fahmi Alqhai © Fahmi Alqhai
Santander, martes, 30 de agosto de 2016. Palacio de Festivales de Cantabria. Sala Argenta. À l’espagnole (fantasía escénica). Academia del Piacere: Fahmi Alqhai (viola da gamba), Mariví Blasco (soprano), Miren Zeberio (violín), Rami Alqhai y Johanna Rose (violas da gamba), Miguel Rincón (guitarra barroca), Javier Núñez (clave), Pedro Estevan (percusión). Compañía Antonio Ruz. Idea, coreografía y puesta en escena: Antonio Ruz. Dirección musical: Fahmi Alqhai. Obras de Guédron, Boësset, Briceño, Campra, Lully, F. Couperin, Marais y Telemann. Festival Internacional de Santander 2016.
0,0002928

En su penúltima cita musical, el Festival Internacional de Santander ha propuesto un interesante experimento contemporáneo que ha combinado en un mismo cóctel artístico la armonía de la música barroca y la abstracción de la danza contemporánea bajo el título de À l’espagnole, una fantasía escénica ya presentada el año pasado en el Festival Internacional de Música y Danza de Granada con la firma del conjunto español de música antigua Academia del Piaccere que lidera el violagambista Fahmi Alqhai y de la compañía de danza que lleva el nombre de su creador, el coreógrafo Antonio Ruz.

À l’espagnole compendia algunas de las formas estilísticas de raíz española halladas en la música francesa de los siglos XVII y XVIII a través de danzas típicas provenientes de América y asimiladas en nuestras fronteras de autores como Luis de Briceño, André Campra, Jean Baptiste Lully, François Couperin, Marin Marais o Georg Philipp Telemann. Particular es el caso de la zarabanda, presentada en este espectáculo como lo que fue y sigue siendo, un baile irresistible que acelera el ritmo por doquier y del que no se puede librar ninguna clase social, como bien apunta la acertada recitación de uno de los bailarines, y que aquí se ve representada por piezas instrumentales como la Danza del hacha de Briceño, Premier Air pour les Espagnols de Lully o la Sarabande à l’Éspagnole de Marais. Si la zarabanda es la protagonista en gran parte del ritmo de este espectáculo “a la española”, no lo es menos el que imprimen los pesados bastones de madera con los que el propio Lully marcaba el ritmo a su orquesta de músicos al dirigir sus interpretaciones en la pomposa Francia del rey Luis XIV, los que le produjeron las infecciones que le llevaron a la tumba, y cuyos golpes a la flamenca repetidos incesantemente como ecos lejanos en un juego de luces y sombras se dan también cita en el espectáculo acompañando a las melodías de su autor.

Este innovador proyecto de hora y cuarto de duración, cuyos mimbres deben mucho al impulso y profunda personalidad de sus respectivos creadores (Alqhai y Ruz), consigue colocar a la música barroca y a la danza en términos de igualdad a la hora de plasmar un diálogo interdisciplinar y un equilibrio formal entre ambas artes cuya combinación se materializa a efectos visuales en códigos y lenguajes de una performance que oscila entre contrastantes momentos de sumo relajamiento y otros de una fuerte potenciación del ritmo escénico. Y es que el movimiento es el que determina en gran parte el principio regulador del espectáculo, si bien el movimiento coreográfico en las, en muchos casos, enrevesadas y obsesivas evoluciones de los seis bailarines que discurren sin cesar por el escenario provoca la acumulación de tensión y una vehemencia que en ciertos instantes crea una expectante ansiedad en el espectador y que parece no encontrar demasiado encaje o acomodo en las melodías barrocas ejecutadas, pero que en general su misma plasticidad llega a producir un hondo efecto estético, ya sea por su carácter de primitivismo o de locura amorosa, y por su juego de acusados contrastes, enfrentamientos, y en suma, de barroquismo. Como todo buen espectáculo cuya máxima es la abstracción y la simbología estética, se perciben por doquier símbolos que aluden a la Francia gloriosa del Rey Sol o a la Revolucionaria de 1789, y a la imagen musical de nuestro país vista desde la nación vecina, pero es cada espectador el que debe decodificarlos a su libre albedrío, entre ese maremágnum de sinuosos movimientos y patrones que se pueden hacer en gran medida incomprensibles para un ojo no atento, diseñados magnífica y expresivamente por Antonio Ruz y que su compañía entiende, desarrolla y perfila sobre el escenario.

En el plano musical, si bien el proceso en la afinación de los instrumentos aborta e interrumpe en algunos momentos de pausa la continuidad del espectáculo, es de justicia reconocer la experta coordinación de todos los instrumentistas de Academia del Piaccere, que liderados por Alqhai consiguen extraer una sonoridad “antigua” exclusiva y un empaste de exquisita factura a lo largo de sus interpretaciones, a los que se une la aportación de la joven soprano Mariví Blasco, también integrante del conjunto, que por medio de las inflexiones de su ligera y grácil soltura vocal regala auténticas joyas como la canción Cessez mortels de soupirer de Guédron, el tono francés “Ay amor, loco”, donde se desenvuelve con gracia y soltura junto a los bailarines, o la doliente canción “Sé que me muero de amor”, prodigio de delicada inspiración de la ópera El burgués gentilhombre de Lully. A todo ello hay que añadir la contribución como solista de Fahmi Alqhai en la viola da gamba grave en varias obras de Marais pertenecientes a su “Libro tercero de piezas de viola” o los Couplets de Folies d’Espagne, donde desarrolla un importante trabajo concertante y cuyo aspecto físico le ayuda visualmente a integrarse de forma idónea en esta fantasía escénica, tamizada por la danza, de sabor barroco francés y de mucho regusto musical a la española.

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.