España - Madrid

Fiesta cantada

Pelayo Jardón

miércoles, 5 de octubre de 2016
San Lorenzo de El Escorial, sábado, 27 de agosto de 2016. Teatro Auditorio. Pedro Calderón de la Barca (1600-1681): La Crítica del Amor, fiesta cantada. Concepto, versión, producción, dirección, escenografía y vestuario, Antonio Castillo Algarra. Gala Vivancos, coreografía. For the Fun of It. Dirección musical, Mariví Blasco, Noemí Hilario, e Ignacio Rodulfo Hazen.

Recientemente se ha celebrado en San Lorenzo de El Escorial la presentación del disco La crítica del amor, selección de piezas musicales del siglo XVII, en la que se toma como hilo conductor la “comedia famosa” del mismo título publicada en 1677 por Pedro Calderón de la Barca.

Nos hallamos ante una recreación neobarroca, fresca y dinámica, en la que se presenta una España casquivana, muy distinta al sempiterno tópico de la lóbrega 'España negra'. Enredos amorosos, cuestiones de honra y lances de honor, pícaros e hidalgüelos, lindos y latiniparlas, tales son los ingredientes de este entretenido espectáculo, culto, pero sin pretensiones de ortodoxia erudita.
El elenco lo forma un grupo de actores jóvenes, que además cantan y bailan. Entre ellos descuella Ignacio Rodulfo Hazen que ha sabido dotar de carisma al personaje de la pedante doña Beatriz. Engarzadas en este grupo de actores, brillan, como piedras preciosas, dos figuras consagradas: la espiritual Mariví Blasco y una Gala Vivancos vibrante y magnética. Todos ellos, arropados por un conjunto perfectamente empastado de excelentes instrumentistas.

Entre los atractivos de esta obra está el haber rescatado diversas piezas musicales que se ensartan a lo largo de la trama calderoniana. Algunas son muy famosas, como Yo soy la locura, de Henri du Bailly, o Sé que me muero, de El Burgués Gentilhombre, de Lully. Pero el principal mérito de la representación estriba sobre todo en haber sabido combinar y presentar todos esos elementos en una convincente amalgama: una combinación de teatro, música y baile, una fusión de distintas actividades escénicas, en la cual se desdibujan las fronteras de cada disciplina para crear una nueva obra.

Otro de los aciertos del musical está en el vestuario, una suerte de ingeniosa ensalada historicista inspirada en diversas imágenes museísticas. Ya dijo el gran Gregorio Martínez Sierra que el teatro y la pintura son formas hermanas, mucho más próximas de lo que parece. Pues bien, a lo largo de la representación, el espectador puede reconocer citas de Velázquez, alusiones a las elegantes santas y mártires zurbaranescas, y guiños a las visiones surrealistas del Bosco.

Igualmente apropiada es la puesta en escena en lo que a los decorados se refiere, concebidos con tanto talento como economía de medios. Para ubicar al público en una atmósfera barroca se utilizan unos cuantos elementos evocadores que tienen como fondo, en el escenario, un motivo decorativo de roleos y flores. Este motivo, por cierto, se repite, como un eco, en el propio disco. Tanto la carátula, el libreto, como los programas de mano, muy cuidados en cuanto a su presentación se refiere, responden a ese mismo buen gusto, lo cual redunda en la coherencia del resultado final. Y es que el disco resulta atractivo, no sólo desde la perspectiva musical, sino también estética, esto es, desde el punto de vista del objeto en sí, lo cual constituye un valor añadido para los fetichistas en la era digital que nos ha tocado en suerte.

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