Estados Unidos

Un Mahler fenomenal: Simon Rattle en Filadelfia

José A. Tapia Granados

viernes, 21 de octubre de 2016
Filadelfia, jueves, 6 de octubre de 2016. Auditorio Verizon, Kimmel Center. Gustav Mahler, Sinfonía No. 6 en La menor. Orquesta de Filadelfia, dirigida por Simon Rattle.

En la gala de apertura de temporada, el 29 de septiembre, la Orquesta de Filadelfia se bajó del escenario sin tocar una nota. Al parecer las conversaciones sobre condiciones laborales que llevaban tiempo en curso no produjeron un acuerdo y la orquesta se puso en huelga. Era preocupante para quienes teníamos entradas para el concierto en el que seis días después Simon Rattle iba a dirigir la Sexta de Mahler. Afortunadamente la huelga duró solo dos días y el concierto tuvo lugar como estaba previsto. Si el conflicto laboral tuvo alguna consecuencia en cuanto a este concierto, si algún ensayo con Rattle se suspendió, el efecto desde luego no fue apreciable para quien suscribe. La orquesta funcionó a la perfección en esta interpretación de la Sexta de Mahler, una de las cumbres sinfónicas del siglo XX.

Conciertos como este reafirman la idea de que la Orquesta de Filadelfia es una de las mejores del mundo. Simon Rattle dirigió sin aspavientos, con su estilo sobrio en el que a menudo parece indicar tanto o más con la cara que con los brazos y el cuerpo. Mi conocimiento previo de la Sexta de Mahler procede de grabaciones de Barbiroli, Bernstein y Abbado y de audiciones en directo con la Sinfónica de Baltimore dirigida por David Zinman y con orquestas y directores de segunda fila que no vale la pena mencionar. Respecto al concepto que tenía de la obra solo me llamaron la atención algunas dinámicas rápidas en el Allegro energico. La versión de Rattle estuvo en la línea de una tradición interpretativa que, a pesar de las polémicas sobre el orden en que hay que tocar el Scherzo y el Andante y el número de golpes de martillo que han de darse en el último movimiento, parece bastante homogénea, particularmente respecto a dinámicas. Así, por ejemplo, en grabaciones de Wit, Zinman, Barbirolli, Tennstedt y Rattle las duraciones de la sinfonía entera se hallan en una franja estrecha de 82 a 86 minutos. Bernstein y Kubelik parecen apartarse de la norma con grabaciones que duran tan solo 78 y 73 minutos, respectivamente.

A mi juicio la versión de Rattle puso de manifiesto todas las maravillas de sonoridad y de sentimiento presentes en esta obra, ejemplo significativo del ideal mahleriano de la sinfonía como mundo abarcador de la totalidad. Momentos destacados fueron el comienzo del último movimiento, en el que durante varios minutos la música hace palpable una premonición de que algo trágico va a ocurrir; o las múltiples transiciones entre la calma y el arrebato, entre el lirismo extremo y la decisión firme, entre el éxtasis del afecto y la irrupción brutal del destino; o los pasajes “etéreos” del primer movimiento, en uno de los cuales el diálogo entre celesta y flautas parece llevarnos a un más allá, quizá de prados verdes de alta montaña en los que pacen las vacas con sus cencerros. Refiriéndose a estos, Mahler escribió que no había que darles valor programático, lo que parece un tanto ingenuo, pues esos cencerros traerán a la mente las vacas y los prados a cualquiera que los haya visto y sentido en el campo alguna vez. Sea como fuere y dejando aparte las conjeturas programáticas, lo que es innegable es que la sinfonía está repleta de momentos sublimes. No en vano Alban Berg declaró tras oírla que esta era “la única Sexta, a pesar de la Pastoral”. En la orquesta destacaron las maderas y los metales, incluida una maravillosa tuba, pero en realidad todos los instrumentos sonaron como si fueran solistas de primera. Lástima que tengan que hacer huelga.

El auditorio se vino abajo al acabar la obra, con aplausos y bravos que duraron muchos minutos. Sin embargo, se veían butacas vacías, quizá más de 10% del aforo estaba sin ocupar. ¿Será acaso que el público se asusta de un concierto con una sola obra que se anuncia “sin intermedio”? ¿Será acaso que Mahler no es un compositor “popular”? Este era el único concierto de Rattle en Filadelfia y si la Sexta de Mahler y un director de tamaña entidad no son capaces de llenar el auditorio Verizon del Kimmel Center, la situación no parece muy buena para el futuro de la orquesta y de la música clásica en Filadelfia. Pero por lo demás, el futuro no parece bueno para casi nada. Quizá por eso esta sinfonía Trágica tiene tanta actualidad.

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