Alemania

¡Viva México y su entrañable cultura!

Juan Carlos Tellechea
martes, 6 de diciembre de 2016
Colonia, domingo, 20 de noviembre de 2016. Gran sala auditorio de la Filarmonía de Colonia (Kölner Philharmonie). Francisco (Pacho) Flores, trompeta. Orquesta Sinfónica Nacional de México. Director Carlos Miguel Prieto. Carlos Chávez , Sinfonía india. Johann Baptist Georg Neruda, Concierto para trompeta y cuerdas en mi bemol mayor. Efraín Oscher, Mestizo (2010). Silvestre Revueltas, La noche de los mayas (1939), suite para orquesta de la BSO de la película homónima (recopilación de José Ives Limantour).
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Las simpatías hacía México y la solidaridad con su pueblo registran fuerte alza en Europa en estos últimos meses. Su sostenido incremento ha estado en geométrica proporción con el insensato y amenazante discurso populista y racista del entonces candidato republicano y ahora presidente electo (condicionado a revisión de los resultados en tres estados) de Estados Unidos, Donald Trump. Todos nos preguntamos aquí cuántas de sus disparatadas promesas electorales llevará este hombre a la práctica, abierta o veladamente, y qué efectos podrán tener sobre las relaciones internacionales.

Los mexicanos, por supuesto, sufridos conocedores de la histórica codicia y agresividad de su vecino del norte (sugiero la lectura de La historia de la frontera norte de México, del destacado jurista internacional Dr. César Sepúlveda (1916 – 1994), no se quedan de brazos cruzados ante las barbaridades proferidas por un ambicioso (gringo, como) Trump. Entre otras medidas, han reaccionado presta y coincidentemente con una de sus más eficaces armas (no violentas) promotoras de la paz y del entendimiento entre los pueblos: el envío de una sobresaliente embajadora cultural, la Orquesta Sinfónica Nacional de México (OSNM), de gira por tres países del Viejo Continente, Austria, Eslovenia y Alemania. La emblemática orquesta ha cosechado merecidas ovaciones y elogios tras sus presentaciones entre el 9 y el 22 de noviembre pasado por diversas ciudades europeas con acendrada tradición musical.

Hemos tenido la oportunidad de presenciar en la tarde del pasado domingo 20 de noviembre uno de esos aclamados conciertos. La Orquesta Sinfónica Nacional de México y su director, Carlos Miguel Prieto, así como el solista Francisco Pacho Flores (trompeta) debutaron en la imensa sala auditorio de la Filarmónica de Colonia (Kölner Philharmonie) con capacidad para 2.200 espectadores. La orquesta pudo constatar con creces esas expresiones de simpatía, admiración y afecto del público europeo, tras más de dos horas de fascinante interpretación (con varias propinas incluidas) de obras de compositores mexicanos, europeos y latinoamericanos.

La velada, precedida de prolongados aplausos de bienvenida, comenzó con la Sinfonía india de Carlos Chávez, compuesta entre 1935 y 1936, interpretada con esmerado amor por el detalle y equilibrio entre cuerdas, maderas, metales y percusión. Chávez, figura clave en el desarrollo de la cultura mexicana del siglo XX, fue el primer director de la entonces llamada Orquesta Sinfónica de México en 1928, nacida (tras no pocos empeños y fracasos) como una cooperativa del Sindicato de Filarmónicos del Distrito Federal (la capital mexicana) e histórica antecesora de la actual Orquesta Sinfónica Nacional de México. La ejecución brindada bajo la batuta de Prieto hipnotizó a la platea desde la primera nota.

La segunda obra fue el Concierto para trompeta y cuerdas (originalmente para corno da caccia), en mi bemol mayor, de Johann Baptist Georg Neruda -su verdadero nombre era Jan Křtítel Jiří Neruda, nacido en Praga en 1707 y fallecido en Dresde en 1780-, violinista, Kapellmeister y compositor bohemio de la época pre-clásica), su obra más conocida, aunque no muy tocada en Europa por las grandes orquestas, con el virtuoso solista venezolano Pacho Flores. Momentos vibrantes, de gran energía y fuerza (Allegro), pero también de profunda intimidad y calidez (Largo), entregó el trompetista con gran dinamismo (Vivace) soltura, seguridad y soberanía en la ejecución, muy bien arropado por la orquesta (excelentes las cuerdas).

En tercer término Mestizo (2010), concierto para trompeta y orquesta del uruguayo (radicado en Venezuela) Efraín Oscher (1974) en el que el compositor rinde homenaje con imágenes musicales (fuego puro, pero sin caer en excesos) en cuatro movimiento al crisol de culturas, al mestizaje de América, con variados elementos de sus pueblos originales, de los africanos y de los europeos, de forma reflexiva en 'Oro Negro' y muy vital en 'Cimas Blancas', 'Costas Negras' y 'Noche Blanca'; una pieza muy bien lograda, con una excelente interpretación de Pacho Flores, así como una brillante intervención de las secciones de cuerdas, vientos y percusión, tímbricamente magnífica la OSNM bajo la sensible dirección de Prieto.

Las dos propinas de Flores antes del intervalo, acompañado por cuerdas y piano (estupendas la primera violinista Shari Masón López y la pianista Edith Ruiz Zepeda), fueron Invierno porteño y Oblivión de Astor Piazzolla (1921 – 1992), el renovador de la música de Buenos Aires y fundador (en medio de enormes frustraciones, por los ataques de la guardia vieja) del Tango Nuevo en la década de 1960, tocados con gran precisión y entrega por el solista.

A esta altura de la velada, el público ya aplaudía estruendosamente y ovacionaba de pie a los músicos. Pero todavía faltaba la segunda mitad del programa: La noche de los mayas, suite compuesta por Silvestre Revueltas en 1939, recopilada y arreglada por José Limantour, con impresiones muy cinematográficas (trompas, percusión y gong) en el primer movimiento ('Molto sostenuto – Molto espressivo. Cantabile – Tempo primo'); muy juguetón en 'Noche de jaranas' (con trompas de caracoles marinos incluidos, entre otros instrumentos); ensimismado en 'Noche de Yucatán'; y con un alud de efectos ígneos en el cuarto y último movimiento 'Noche de encantamiento. Tema y variaciones: Molto lento – Allegro ma non troppo. Var. 1: Lento. Var. 2 : Più mosso. Var. 3: Ancora più mosso (energico). Var. 4: Allegro non troppo (ben tenuto). Final'. Con una violencia que con sus trece percusionistas y una tensión que se mantiene hasta el final, estremece inconteniblemente a la platea.

Los instrumentos de percusión de época prehispánica merecen capítulo aparte. Aquí fueron tocados algunos sumamente exóticos por estos lares como el tunkul, un tronco horizontal ahuecado, con dos lengüetas en forma de “H“ que son golpeadas con dos baquetas; el huéhuetl, término náhuatl para un tambor grande confeccionado con un tronco ahuecado (procedente de un árbol nativo de lento crecimiento, de ahí el nombre de “el viejo“ en la lengua de los mayas) y labrado al que se le coloca en un extremo una piel de venado que se toca verticalmente, utilizado en ceremonias rituales, fiestas y en la guerra (se cree que tiene un sentido ancestral y místico, porque se vincula su sonido con el corazón de la tierra); un tamborcillo maya o azteca que se cuelga de la mano y que se toca también con baqueta (muy bien la percusionista Alma Gracia Estrada Castillo); así como diversas sonajas, entre otras unas con  patas de cabra, y  cascabeles que reproducen el ruido de la serpiente de cascabel.

Las silbatinas y exclamaciones de júbilo, en medio de atronadores aplausos y ovaciones de pie del público solamente pudieron ser calmadas con dos propinas. En primer lugar sonó el Huapango, de José Pablo Moncayo (1912 – 1958), obra sinfónica estrenada el 15 de agosto de 1941 por la Orquesta Sinfónica de México, dirigida por Carlos Chávez, considerada el tercer himno nacional de México (después de la Marcha de Zacatecas, de Genaro Codina, 1852 – 1901) por esa incofundible fuerza, ese hondo espíritu de mexicaneidad que impregna (destaca aquí la intervención solística del arpista Baltazar Juárez Dávila).

Y, segunda propina, el inefable Son de la Negra, tradicional del sur de Jalisco, compuesto por los hermanos Fidencio y Alberto Lomelí Gutiérrez (dedicada a una dama: Albina Luna Pérez, conocida como 'la Negra', por ser la más morena en su familia), y popularizada en 1940 por Blas Galindo (1910 – 1993), al ser incluida (a pedido de Chávez) en su suite Sones de Mariachi. La Orquesta Sinfónica Nacional de México, cerró el vibrante y popular tema al grito de ¡Viva México!!!, exclamado por uno de sus violinistas y aplaudido hasta el delirio por los espectadores. ¡Una tarde de fiesta imborrable!

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