Argentina

Aus Italien

Carlos Singer

viernes, 9 de diciembre de 2016
Buenos Aires, martes, 15 de noviembre de 2016. Teatro Coliseo. Scarlatti, Siete sonatas. Liszt, Cuatro números de Años de Peregrinaje (Italia): Sposalizio; Il Penseroso; Canzonetta del Salvator Rosa y Après une lectura de Dante (Fantaisie quasi Sonate). Nazzareno Carusi, piano. Noveno concierto del abono 2016 de Nuova Harmonia

Un concierto que a priori parecía tener bastante interés pero que me resultó decepcionante en sus resultados y que pudo convertirse en el más largo de la historia, digno de figurar en el libro Guiness de los récords, ya que se inició el 17 de mayo y finalizó el 15 de noviembre, casi seis meses después. Chanzas aparte, lo que sucedió es que Carusi comenzó su recital en la primera de esas fechas, pero aquejado de dolores corporales tan fuertes que le impidieron continuar tras tocar solo un par de breves sonatas. Se disculpó con la audiencia prometiendo regresar y así lo hizo; en la segunda fecha todo se desarrolló sin inconvenientes pero también sin demasiados atractivos.

El programa tenía como epicentro a Italia, nacionalidad del pianista y de la Institución que organizaba el evento y lugar de nacimiento del autor de las obras de la primera parte, pero también el país al que estaba consagrado ese segundo Año de peregrinaje de Liszt del que, extrañamente, se omitieron las que son, probablemente, las páginas más inspiradas y tocadas de la serie, los tres Sonetos del Petrarca.

Carusi demostró ser un pianista de apropiados medios técnicos y correcto mecanismo, con un enfoque serio de las obras encaradas pero algo corto en expresividad y un toque bastante rígido que provocaba que el sonido que emergía del instrumento no ‘corriera’ por la sala, por lo que el impacto sonoro -sobre todo en las obras más brillantes de Liszt- se vio severamente menoscabado.

La contención del discurso de Carusi así como la parsimonia y la poca variedad de colores con la que encaró algunas de las obras afectó en especial a las Sonatas de Domenico Scarlatti. Si es algo objetable el dedicar toda una parte de un programa a páginas cuyos esquemas formales y lo reiterado de sus recursos de escritura las tornan un poco monocordes, la ejecución de ellas por parte de Carusi no hizo sino acentuar esas sensaciones, sobre todo en la dilatada Sonata en la menor K 109, que tocó a un tempo extremadamente lento. De mayor interés fue su manera de encarar partituras de movimiento más vivo, como las que abrían y cerraban la serie (Sonatas en Mi Mayor K. 20 y en Sol Mayor K. 13). Junto a ellas, Carusi brindó ejecuciones correctas pero escasas de creatividad de las Sonatas en re menor K. 1; en Si Bemol Mayor K. 70 y en sol menor K. 8 y K. 450.

Las cosas mejoraron un poco en la segunda parte, por el incremento en la enjundia de las piezas y su más variado abanico de climas y ámbitos, pero siempre dentro de una marcada objetividad expositiva y algunos instantes en los que el discurso musical parecía arribar a un punto muerto. Carusi pareció más lanzado en la interpretación de la página que comúnmente se conoce como Sonata Dante, donde desplegó todo su potencial consiguiendo una lectura más modelada e incisiva, aunque tampoco allí logró una ejecución que deslumbrara o conmoviera.

El público, notoriamente menos numeroso del que suele presenciar este ciclo de conciertos, aplaudió la actuación del pianista italiano con efusividad, moviéndolo a ofrecer un sencillo arreglo (que él mismo se encargó de explicar que era un trabajo propio) del tema principal que Ennio Morricone creó para la película Novecento.

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