Holanda

Un Grial en Navidad

Agustín Blanco Bazán

miércoles, 18 de enero de 2017
Amsterdam, miércoles, 21 de diciembre de 2016. Ópera Nacional de Holanda (Stopera). Parsifal. Festival sagrado escénico en tres actos con texto y música de Richard Wagner.  Director de escena: Pierre Audi. Escenografía: Anish Kapoor. Vestuarios: Christof Hetzer. Iluminación: Jean Kalman. Amfortas: Ryan McKinny. Titurel: Bjarni Thor Kristinsson. Gurnemanz: Günther Groissböck. Parsifal: Christopher Ventris. Klingsor: Bastiaan Everink. Kundry: Petra Lang. Orquesta Filarmónica de Holanda y Coros de la Ópera de Holanda bajo la dirección de Marc Albrecht

Pierre Audi brilló con espléndidas credenciales wagnerianas en la espléndida sala de la Opera Nacional de Holanda en Ámsterdam con un legendario Anillo del Nibelungo. Y también Anish Kapoor descolló wagnerianamente con un excelente montaje de instalaciones gigánticas en el Tristan und Isolde presentado hace algún tiempo por la English National Opera londinense. El encuentro de ambos en esta reposición de Parsifal es menos exitoso que estos antecedentes. El primer acto es un montaje de enormes rocas rojizas detrás de las cuales se ocultan como bastidor unos andamios que hacen de templo del Grial. Una lúgubre luz rojiza y un movimiento de personas demasiado estático se unen a una dirección orquestal correcta pero sin demasiada intensidad. En contraste, la cósmica gran esfera azul y el ondular de las niñas flores consiguen uno de los más bellos segundos actos que recuerdo haber visto. 

También la regie de personas mejora en la confrontación de Parsifal y Kundry, aunque Audi parece seguir prefiriendo un estatismo estilo década de 1970, pero sin la intensidad de asociación de palabra y movimiento logradas por regisseurs como Wieland Wagner. El tercer acto es una bella abstracción totalmente diferente al cuadro escénico del primero concentrada en una gran abertura circular que reemplaza a la esfera del mundo de Klingsor que Parsifal ha destruido con su lanza.

Marc Albrecht pareció inspirarse a partir de su intensa interpretación del preludio del segundo acto. Y el tercero le salió esplendido en su coordinación con los monólogos de un Amfortas siempre incansable en el entusiasmo y sentido de su fraseo y un Amfortas gloriosamente desafiante frente a caballeros que insistían en ser demasiado estáticos en la última y mas decisiva confrontación con su torturado monarca. 

El elenco fue el mejor y el más probado para esta obra, con un Christopher Ventris siempre fresco e incisivo en el papel protagónico y Ryan Mc.Kinny repitiendo ese Amfortas antológico en calidez, mordente y expresividad que lo está haciendo famoso en los mejores teatros del mundo. A despecho de una indisposición de la cual comenzaba recién a recuperarse, Petra Lang cantó una Kundry de contundente fraseo y sensibilidad. Pero la gran estrella de la noche fue Günther Groissböck, un Gurnemanz imponente en presencia, dicción y redondez vocal. También el Klingsor de Bastiaan Everink se incorporó como un excelente Klingsor a este elenco sin fisuras de una producción con altibajos. Sobre el final los excelentes coros y orquesta se elevaron con mágica musicalidad hacia esos acordes postreros donde el sonido parece transformarse en éter. 

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