Alemania

De Haydn a Mahler. Una jornada musical en la Elbphilharmonie

Agustín Blanco Bazán
viernes, 3 de febrero de 2017
Hamburgo, domingo, 22 de enero de 2017. Elbphilharmonie. Concierto 1. Coros y Orquesta de la NDR Elbphilharmonie Orchester bajo la dirección de Thomas Hengelbrock: Die Schopfung, oratorio con libreto de Gottfried van Swieten y música de Joseph Haydn. Christina Landshamer (Gabriel), Anna Lucia Richter (Eva), Maximilian Schmitt (Uriel), Johannes Kammler (Adam), John Relyea (Raphael). Maestro preparador del coro: Philipp Ahman. Concierto 2. Orquesta Filarmónica de Viena bajo la dirección de Semyon Bychkov: Cuatro preludios y canciones serias de Johannes Brahms en arreglo musical de Dietlev Glanert. Sinfonía nº 1 “Titán” de Gustav Mahler.
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Diez días después de la inauguración reseñada para mundoclasico.com por  Juan Carlos Tellechea visité por primera vez la Elbphilharmonie de Hamburgo en uno de esos domingos típicos de un centro musical internacional. Por la mañana la NDR Elbphilharmonie, de ahora en mas la orquesta residente, bajo la dirección de su titular  Thomas Henglebrock, estrenó en la nueva sala Die Schopfung, un  oratorio de Joseph Haydn auspiciosamente significativo en esta arquitectura que parece elevarse de las aguas del Elba hacia el cielo habitualmente plomizo del Hamburgo invernal. Y a la noche debutó allí la Filarmónica de Viena.

La NDR nació como una agrupación de excombatientes en agosto de 1945, con un concierto en la legendaria Laeiszhalle, una gloriosa construcción neo-barroca milagrosamente intacta en medio de una ciudad arrasada por la famosa tormenta de fuego aún vívida en la memoria de sus sobrevivientes cuando visité por primera vez la ciudad en 1975. En su inolvidable cruzada reconciliadora de post guerra, Yehudi Menuhin interpretó el Concierto para violín de Beethoven bajo la dirección de Hans Schmidt-Isserstedt, que permaneció al frente de la orquesta hasta 1971. Le siguieron Moshe Atzmon, Klaus Tennstedt, Günther Wand, John Eliot Gardiner, Herbert Blomstedt, Christoph Eschembach, y Christoph von Donhányi quién con un optimismo injustificado anotó para el 2010 el concierto de apertura de una sala que terminó inaugurándose en el 2017, bajo la batuta de su sucesor, Thomas Hengelbrock.  La broma mas común sobre el  nuevo edificio es que cuando los alemanes hacen algo mal, son tan eficientes como cuando de hacer algo bueno se trata. El costo de la Elbphilharmonie creció diez veces mas que el original de 77 millones de Euros y el fracaso del plan original es sólo comparable al del nuevo aeropuerto de Berlin que, según acaban de anunciar, no abrirá como la Elbphilharmonie en el 2017. Pero todo ha quedado atrás en esta ciudad tan maravillosamente empecinada en mirar hacia delante: en pocas semanas la Elbphilhamonie, el famoso “elefante blanco” de años atrás es hoy un aglutinante emblema hanseático. Hasta los niños colorean estampas de este emblema ciudadano a cuya sombra se aprestan a crecer.

Otro lugar común es que la NDR debe elevar su nivel para ser una orquesta merecedora de un auditorio en Alemania solo comparable al de la Filarmónica de Berlin. Hengelbrock ha refutado sugiriendo que esta despampanante casa nueva seguramente será un aliciente para subir un nivel que, por lo menos para quienes nos hemos criado con orquestas argentinas o españolas de los años sesenta, es de cualquier manera de una calidad superlativa. Y con esta excelente Creación Hengelbrock demostró ser un factor importante en estas ambiciones de trepar en el ranking orquestal. Pero creo que es un snobismo tratar de competir con dos o tres orquestas en lugar de olvidarse de ellas y concentrarse en ese maravilloso “nivel medio” representado, por ejemplo, por la Gurzenich o las Filarmónicas de Rotterdam o Bergen. 

Confrontados con la clínica acústica de la nueva Elbphilharmonie, los flamantes dueños de casa se lucieron con un una brillante diferenciación instrumental. ¡Quien no quisiera ser contrafagotista para tocar en la nueva casa!  ¡Qué perceptible tersura la de esos violines! ¡O que calidez la de los clarinetes! El ¡cuidado! empieza con los metales excluidos los cornos. Y es difícil imaginar que cualquier director se anime a seguir la partitura cuando esta indica fortissimo. No señor, a lo sumo forte y con mucho cuidado porque, por ejemplo,  momentos como la invocación  al cielo y al firmamento del coro y los solistas en el número 6c salieron algo estridentes. Ésta es una acústica que nunca “absorbe” el sonido sino que lo estereotipa en con esa implacabilidad tan gráficamente descrita por Tellechea, quién también incluyó advertencias para el público. En el concierto que comento, y en uno de esos momentos donde la partitura pide tensión y recogimiento se escucharon dos toses dramáticamente reprimidas, seguidas de un silencio pero premonitorias de lo que seguiría. Ante la posibilidad de un ahogo de consecuencias existenciales, la infortunada garganta decidió tomar la única salida que le quedaba. Es así que Haydn fue nuevamente interrumpido por una vital y desesperada catarata de sonidos liquidificados por excreciones perfectamente diferenciables según salieran de la garganta o la nariz.

Decididamente, la Gran Sala de la Elbphilharmonie es un típico auditorio contemporáneo, estilo “sala de grabación” y la NDR y el público tienen una fascinante exploración acústica antes que la pátina, el oído, los instrumentos y la costumbre logren acomodar la exuberancia de algunas partituras.  De cualquier manera, esta Creación brilló no sólo por la claridad y los irresistibles tiempos impuestos por Hengelbrock sino por solistas todos superlativos. En esta sala las voces corren magníficamente, pero ¡guay del cantante que se resfríe cruzando el inevitable puente sobre el Elba que conduce a este complejo musical! Es en este último sentido que algunos exigentes se preguntaron porqué la nueva línea 4 de trenes suburbanos no previó una extensión y una parada dentro del edificio, para no enfriarse demasiado.

Luego de la experiencia mas bien tentativa de la NDR con la acústica de la nueva sala, ¿qué ocurriría con una orquesta que nunca había probado allí la acústica, como lo es la Filarmónica de Viena? Una colega me comentó que días antes los normalmente agresivos metales de la Sinfónica de Chicago habían sido excesivamente estridentes. Pero nada de esto ocurrió con lo vieneses que presentaron la alternativa de tocar simplemente como siempre lo hacen, con una proyección de masa más bien compacta y una articulación de detalle precisa pero no exagerada, antes redonda que angular. Semyon Bychkov impulsó una Primera de Mahler de tiempos moderados, magnífica en su claridad y profundamente sensible y contenida y la acústica se encargó de iluminar con milagrosa diferenciación los detalles mas recónditos de la partitura. Nunca sonaron los cor anglais con una redondez mas lubricada y nunca la morbidez de las cuerdas fue expuesta con mayor diafanidad. Morbidez y diafanidad parecen dos conceptos hasta cierto punto incompatibles pero no lo fueron en esta ocasión, en que la Gran sala hizo llegar al público tanto la intimidad de cada instrumento como la trascendencia del colectivo orquestal con irresistible impacto. La primera parte fue dedicada a la respetuosa y mahleriana transcripción orquestal Dietlev Glanert de las Canciones serias de Brahms expresivamente cantadas por Johan Reuter. Luego del primer bis (una danza eslava de Dvorák) los vieneses arremetieron con la polka Truenos y relámpagos, y le tomaron el pelo a la precisión acústica alemana con un acorde final de piccolo que debe haber puesto a prueba la estructura de cristal de este magistral monumento en las dársenas del Elba. Y el piccolo todavía sigue resonando en mi oído al momento de escribir estas líneas.

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