Reino Unido

Vikingos en Essex

Agustín Blanco Bazán
miércoles, 15 de febrero de 2017
Edward Gardner © Bergen Philharmonic Edward Gardner © Bergen Philharmonic
Essex, domingo, 15 de enero de 2017. Saffron Hall. Orquesta Filarmónica de Bergen bajo la dirección de Edward Gardner. E. Grieg: Peer Gynt, Suite nr.1. Edward Elgar: Concierto para chelo en mi menor. Solista: Leonard Elschenbroich. Béla Bartók: Concierto para orquesta
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Luego de dirigir antológicas versiones de ópera en teatros internacionales, el director de orquesta Edward Gardner (1974) ha decidido cambiar Londres por Bergen para hacerse de la herramienta ideal para desarrollar su talento como director sinfónico: en lugar de buscar titularidades en grandes orquestas internacionales, Gardner prefirió una de esas mal llamadas “de segunda línea”, que permiten un trabajo más intenso y concentrado. Imposible olvidarse de los antecedentes de Rattle y la de Birmingham, Stenz y la Gurzenich o Mark Elder y la Halle orchestra. Los orígenes de la Filarmónica de Bergen (Noruega) se remontan a 1756 y aparte de su relación con Edward Grieg la orquesta ha contado entre sus batutas a Aaron Copland, Karl Nielsen, Jean Sibelius, Witold Lutosławski, Lukas Foss, Krzysztof Penderecki, Leopold Stokowski, Eugene Ormandy y Sir Thomas Beecham. Gardner, que sucede a Andrew Litton como director titular de la agrupación la acaba de traer al Reino Unido, y para escucharla preferí elegir el espléndido Saffron Hall cercano a Cambridge, una sala de proporciones relativamente pequeñas pero con una acústica superior a los principales halls de Londres.

¡Qué difícil es romper el silencio inicial con el aire de “la mañana” de Peer Gynt! Y qué maestría la de esta orquesta para comenzar con un fraseo seguro pero no exageradamente enfático y con una paleta cromática a la vez brillante y cálida. Siguió una música fúnebre por Ase que Gardner y su orquesta puntearon sensiblemente y con una cierta premura, por una vez sin esos pomposos arrastres de mal entendida melancolía. A las irresistibles variaciones de dinámica de la danza de Anitra siguió un Rey de la Montaña de magistral ostinato y con una progresión al tutti final virtuosamente apoyada en vigorosos y contenidos sforzandos.

Así como cualquier soprano que se anime a Norma fatalmente despertará recuerdos de Callas, los chelistas que se animen a interpretar en Gran Bretaña el Concierto para chelo de Elgar serán implacablemente comparados con la gran Jacqueline Dupré. Leonard Elschenbroich respondió al reto contrarrestando la fogosa incisividad de Dupré con la alternativa de un lirismo tranquilo, con énfasis en interrogantes y consistente intensida. La orquesta acompañó con un fraseo tranquilo apoyado en una elegíaca y palpitante ejecución en sostenuto.

En el Concierto de Bartok este gran director y esta gran orquesta alcanzaron momentos antológicos en las alternativas de pesimismo, parodia, tratamiento de fugados y un final diáfano en color e inexorable en la progresión de dinámicas. Y no hubo nada de esos crispamientos pseudo hungáricos que a veces sacan de madre la obra con un expresionismo excesivo. Bajo la batuta de Gardner los fugatos de la introducción, y los glissandi de trombón y variaciones de timbal del cuarto movimiento salieron claros, diferenciados y con decantada espontaneidad. Y el perpetuum mobile final fue irresistible, desde el llamado de las trompas y el crescendo de cuerdas inicial pasando por los contrastes propuestos por virtuosos fraseos de fagot, hasta una gloriosa fanfarria final. El Saffron Hall se encargó de reproducirlo todo con su acústica lubricada y redonda

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