Francia

Présences 3: Entre valles y páramos

José Luis Besada
lunes, 27 de febrero de 2017
París, miércoles, 15 de febrero de 2017. Maison de la Radio. José Manuel López: Homing. Stefano Gervasoni: Ansioso quasi con gioia. Daniel D’adamo: Two English poems by Borges. Sanae Ishida: Poèmes enchaînés. Mauro Lanza: Tutto ciò che è solido si dissolve nell’aria. Tristan Murail: La Vallée close. Accroche note. Emmanuel Sejourné, dirección.
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El ensemble Accroche note –característico por la peculiaridad de incluir una voz de soprano, Françoise Kubler, como miembro permanente– propició un concierto con una gran variedad de propuestas estéticas. Este además fue difundido en directo, con la presencia detrás del escenario del locutor Arnaud Merlin glosando las diversas intervenciones.

Arrancaron con el estreno de Homing, de José Manuel López. La obra denuncia, a través de un emocionante texto de Dionisio Cañas –que no podemos comprender cómo no fue expuesto en su idioma original en las notas al concierto– la situación de los refugiados, con especial recuerdo a la tristemente célebre muerte del niño sirio Aylan Kurdi. López es un compositor que siempre se ha mostrado cómodo y fecundo ante la inspiración extramusical, y muchas de sus texturas sonoras durante la obra funcionaban como sugerentes madrigalismos tímbricos. Aplaudimos igualmente el cierre visual de la obra, con los silbatos en una oscuridad entrecortada mediante puntuales flashes de luz para evocar el terror de la travesía nocturna en el Mediterráneo: el reservarlo escuetamente para el final fue un acierto. Lamentamos en cambio, desde la interpretación, que Emmanuel Sejourné –él mismo percusionista– no hubiese contenido un poco a la cantante en su uso del tamtam. Entendemos que su sonido seguramente evoque en el imaginario de López el omnipresente ruido blanco del movimiento marino, pero en algunos pasajes enmascaraba demasiado los graves de algunos instrumentos, por lo que deberían haberlo balanceado más durante los ensayos.

Continuó el concierto con de Ansioso quasi con gioia Stefano Gervasoni. Este solo para clarinete bajo, interpretado por Armand Angster –líder de Accroche note– es un verdadero tour de force virtuosístico. El clarinetista se vio enfrentado a un sinfín de complejas y ágiles situaciones interpretativas, con un material obsesivo, y salió bastante airoso. La obra nos parece quizás un poco larga, y su vertiginosa cinética no ayudaba a veces a que Angster pudiese estabilizar aquellos multifónicos –aunque pocos en proporción– más aterciopelados.

Finalizó la primera parte con la música del argentino Daniel D’adamo, reciente heredero de la cátedra de Philippe Manuory en el Conservatorio de Estrasburgo. Reconocemos que nos acercamos a su obra con ciertas reservas, tras haber escuchado el mes pasado su ópera de cámara Kamchatka –emparentada con el film homónimo–, la cual nos resultó un tanto decepcionante. Sus Two English poems by Borges nos parecieron bastante más sólidos desde la escritura instrumental –eficazmente ejecutada por los intérpretes– pero no acabamos de ver del todo cómoda a Kubler con la parte cantada. A ello posiblemente ayudase poco una prosodia musical del texto en el cual, en no pocas ocasiones, D’adamo iba por completo en contra de la fluidez del inglés.

Tras el descanso, llegaron los Poèmes enchaînés de la más joven entre los programados, la japonesa Sanae Ishida, nacida en Nagasaki. El título nos pareció de lo más acertado, porque la obra era francamente un poema. Como síntesis, podríamos decir de este estreno absoluto que es una de tantas obras que circulan en las que las técnicas extendidas florecen por doquier, pero que, tras haber finalizado el concierto, no somos capaces de evocar desde nuestra memoria ni cinco segundos de la pieza.

Tras este popurrí de efectitos llegó la que consideramos mejor obra del concierto, Tutto ciò che è solido si dissolve nell’aria de Mauro Lanza. No faltaban en ella dos elementos claramente definitorios del estilo del veneciano: por una parte, la querencia de un discurso procesual que genera formas en un amplio arco temporal; por otra parte, el aditamento de instrumentos –o en ocasiones objetos cotidianos hasta de broma– eficazmente orquestados para su fusión con la paleta tradicional. Aplaudimos desde aquí la sutil fusión de microtonos entre la flautista y el clarinetista, así como la precisión de Sejourné para al mismo tiempo dirigir al ensemble y encargarse de una parte esencial de la percusión en la segunda sección de la obra. El público reconoció este esfuerzo con un importante aplauso.

Clausuró la velada el estreno de la última obra en el catálogo de Tristan Murail. Personalidad faro de la música espectral, nos ha llamado la atención que su música había sido un poco dejada de lado en los últimos cinco años dentro del mainstream de los circuitos parisinos. Ha vuelto así con La Vallée close, cuyo título ya deja intuir un cierto homenaje a los Años de peregrinaje de Liszt. En concreto, Murail retoma los sonetos petrarquianos que el gran pianista escogió como programa para su monumental obra pianística. La Vallée close deja entrever algunos estilemas característicos del autor francés: sus señales en forma de arpegio microtonal en un instrumento de viento –en este caso, el clarinete– a continuación sustentado por un acorde de armonía-timbre, o sus arpegios homófonos brisés de materiales espectrales. La parte instrumental fue eficazmente interpretada, pero la vocal no nos convenció. Desgraciadamente, los años pasan para todos, y la voz de Kubler comienza a tener unos agudos un tanto estridentes, y en general está perdiendo homogeneidad en su registro. Estas fallas quedaron más patentes en la obra de Murail que en ninguna otra de las programadas. En cualquier caso, la acogida del público fue buena.

En definitiva, el concierto fue bastante desigual: desde obras bastante logradas –en especial las de López y Lanza– hasta otras que, como ya hemos indicado, han sido borradas de nuestra memoria tal cual cruzamos los portales de Radio France.

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