Bélgica

Fauré, Homero, Plasson y Antonacci. Cuatro pretendientes para Penélope

Jorge Binaghi
viernes, 3 de marzo de 2017
Bruselas, sábado, 25 de febrero de 2017. Théatre de La Monnaie, en el Palais des Beaux Arts. Pénélope , 4 de marzo de 1913, Montecarlo. Libreto de R. Fauchois; música de G. Fauré. Intérpretes: Anna Caterina Antonacci (Pénélope), Yves Saelens (Ulysse), Sylvie Brunet-Grupposo (Euryclée), Vincent Le Texier (Eumée), Pierre Doyen (Eurymaque), Julien Dran (Antinoüs), Angélique Nolduss (Cléone), y otros. Versión de concierto. Coro (preparado por Martino Faggiani) y Orquesta del Teatro. Dirección: Michel Plasson
0,0002025

Algunas cosas cambian para bien. No creí nunca posible que me tocaría escribir más de una reseña, con suerte, de la única obra lírica de Fauré, pero no sé si es el gusto por ‘cosas raras’, o la existencia de una protagonista como Antonacci y un director como Plasson, el caso es que esta ópera ha vuelto a la ciudad que la acogió primero después de su país de origen, y con gran éxito.

Tal vez sea mejor la versión de concierto porque el libreto presenta, sin duda y pese al original de Homero, algunas debilidades del tipo de lo que se puede considerar ‘falta de acción’, y ciertamente participa del clima de la época de composición (¿cómo iba a ser de otra forma?), que hoy resulta a veces demasiado relamido o ‘exquisito’ hasta el artificio.

En cualquier caso, la orquesta estuvo en gran forma y la dirección de Plasson, que conoce como nadie hoy este repertorio, hizo literalmente resplandecer la partitura al tiempo que cuidaba el equilibrio con los cantantes (cosa bien difícil cuando están en el mismo plano que la formación sinfónica). De lejos, la mejor versión que he escuchado en vivo en ese aspecto. Muy bien también el coro, aunque tenga menos que hacer que los instrumentistas.

Hay numerosas pequeñas partes, y todas fueron correctamente distribuídas, con participación incluso de alumnos aventajados de la Academia del Coro de la Monnaie y de la Chapelle Musicale Reine Elisabeth, y entre éstos hay que destacar al joven tenor Maxime Melnic en el rol de ‘Léodès’, uno de los pretendientes que más parte tienen.

Los dos ‘jefes’ de esta banda de forajidos, dignos de una película de Peckinpah, eran Doyen, un buen barítono, y Dran, un tenor francés francamente interesante.

Lamentablemente, otro tenor, y éste en el papel coprotagonista de ‘Ulysse’, no salió tan bien librado. En descargo de Saelens hay que decir que en algún momento no precisado sustituyó al previamente programado Yann Beuron (que siendo un buen cantante no creo que diera la talla para la parte). Saelens ahora tiene una voz de mayor amplitud, pero ni el color ni la extensión lo ayudan: hizo decorosamente lo que pudo.

Brunet-Grupposo cantó y expresó bien el papel de la nodriza de Ulises. Le Texier repitió aun mejor que en París el rol del fiel pastor ‘Eumée’, con más volumen y metal en la voz y un canto más incisivo.

Pero lo que convierte a esta edición en algo particular, además de la mencionada dirección de Plasson, es la heroína que traza Antonacci, más segura si cabe que en París, más dueña de sus recursos y con su capacidad de matizar y de decir no sólo intacta sino aumentada. Ella sabe no sólo resaltar los momentos (me resisto a llamarlos arias o dúos) en que la voz se explaya, sino en esas ‘pequeñas frases’ que tanta importancia, teatral y musical, tienen. ‘Comme tu dis cela’, al final de su ‘dúo’ del segundo acto con un esposo añorado que tiene frente a sí disfrazado y al que tal vez en parte reconoce, es el mejor ejemplo,pero no ciertamente el único. plausos calurosos para todos de un público numeroso y atento.

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.