Ópera y Teatro musical

Vivaldi sconosciuto: 'La Senna festeggiante'

Willem de Waal

viernes, 5 de abril de 2002
Aunque la memoria de Antonio Vivaldi (Venecia, 28-III-1678 — Viena, 28-VII-1741) nunca desapareció por completo después de su muerte, no fue hasta finales de los años cincuenta del siglo XX cuando recuperó la celebridad que había tenido en vida. Desde esas fechas, su fama ha llegado hasta un público muy extenso, del mismo modo en que, desde la segunda década del siglo XVIII, se fue extendiendo rápidamente por toda Europa. Vivaldi supo entonces continuar interesando a los melómanos y curiosos de su tiempo con sucesivas entregas de música instrumental. En el siglo XX, los artistas que tocaban la música de Vivaldi después de la Segunda Guerra Mundial, también consiguieron mantener vivo el interés por ella partiendo de sus obras instrumentales.El éxito inicial de que gozó este compositor en su época se debió, en gran parte, a la eficaz difusión de sus conciertos por la empresa editorial de Estienne Roger de Amsterdam. Luego, la hábil distribución de los productos tipográficos de sus sucesores, su hija Jeanne y su yerno Michel-Charles Le Cène, garantizaron su continuidad. El éxito del siglo XX se apoyó, a su vez, en el uso de novedosos medios de comunicación para difundir sus obras: en este caso, la técnica de grabación de discos microsurco primero, y de registros digitales en compacto, después.Esos dos momentos de expansión en el prestigio del compositor veneciano también comparten otro factor común: que la imagen que en ambos casos se proyectó de él se basaba sólo en una parte restringida de sus actividades. Antes de las publicaciones de Roger, Vivaldi había dejado ya constancia de sus dotes como violinista de talento, como pedagogo y organizador de orquestas en el 'Pio Opedale della Pietà' de Venecia, y como compositor de sonatas. Poco después de publicar sus célebres opus 3 y 4 en 1711-12, se perfiló como compositor y empresario de ópera con una producción en Vicenza. Por esas fechas se estableció en el Teatro 'San Anzolo' de su ciudad natal, realizando algunas incursiones en los Teatros 'San Moisè y San Samuele', y en otros teatros de varias ciudades italianas. Vivaldi era tan conocido entonces como empresario teatral que, en una sátira de Benedetto Marcello de 1720, aparece representado alegóricamente como ángel tocando el violín y mencionado por el anagrama (algo cojo) "Aldiviva". Sin embargo, en Venecia también era cosa consabida que su principal valor consistía en sus conciertos instrumentales.También en el siglo XX, Vivaldi despertó el interés del público en primer lugar por su faceta de compositor de música instrumental. Esta parte de su obra ha sido interpretada por todas las orquestas del mundo; todos los directores de orquesta tienen por lo menos una de estas obras en su cartera; muchísimos violinistas de música clásica tienen también algún concierto suyo listo para tocar (empezando por las Quatro staggioni). Con todo, hay que decir que su producción para conjuntos instrumentales más pequeños se toca ya mucho menos.Vivaldi sconosciutoEl público melómano de los últimos cincuenta años ha ido conociendo los otros resultados de la creatividad vivaldiana sólo poco a poco. Fue ya tarde cuando el Gloria RV589 y los Magnificats RV610, 610a y 611 despertaron el interés por su música litúrgica. De ella se han conservado, además de las obras mencionadas, una veintena de salmos, una veintena de motetes, algunos himnos, varios Salve reginas, un Regina coeli, un Stabat mater y el oratorio Juditha triumphans. Los oyentes actuales pueden darse cuanta ahora de algo que ya en vida de Vivaldi había sido percibido claramente: que su música eclesiástica está muy orientada hacia los recursos de la técnica compositiva de la ópera y del concierto instrumental. Para dar un solo ejemplo: en el oratorio antes mencionado, están incluidos dos movimientos del concierto La Primavera. Con todo, hoy en día se respeta a Vivaldi en su faceta de compositor de música religiosa.Ha sido todavía más recientemente cuando ha surgido el interés por la producción operística de Vivaldi. Él mismo menciona que trabajó en algo más de noventa producciones, y este número parece ser correcto. De las óperas que compuso, se han conservado una veintena, pero hasta mediados de los años ochenta sólo se habían grabado unas pocas. Por otra parte, sus cantatas para voz sola o a dúo con acompañamiento de bajo continuo —de las que se conservan unas cuarenta, todas con textos profanos— han tenido la misma poca repercusión que sus obras para pequeños conjuntos instrumentales. Así que, en su faceta de compositor de música vocal, Vivaldi todavía está actualmente por redescubrir.En el momento presente, el interés por Vivaldi se desarrolla en torno a su faceta como compositor del género "serenata". Charles Burney, perspicaz observador in situ de la vida musical italiana en el año 1770, realizó la siguiente descripción en su General History of Music: las serenatas, "cantatas de una longitud considerable y acompañadas por una orquesta numerosa, suelen ejecutarse con ocasión de grandes festividades, como, por ejemplo, la reconciliación de príncipes después de una larga desunión, o la llegada de personas de gran importancia a la capital de un estado". Respecto a la duración de esas funciones, menciona que son "igual en longitud a una ópera"; de los libretos dice que son "poemas para ocasiones especiales en que se emplean varios cantantes"; del modo de representarlas indica que "aunque en diálogo, son representadas, como los oratorios, sin cambios de escena o acción [teatral]".La serenata se distingue de géneros vecinos como la ópera y el oratorio por su estricto carácter de música privada (escapando así a la censura oficial). También, por ejecutarse en exteriores durante la noche bajo el cielo sereno, y por carecer de affetti violentos y negativos. Los libretti son laudatorios, y suelen dejar pistas para la identificación del destinatario, terminando en su elogio. La música, por su parte, exige de sus oyentes algo más de esfuerzo que en otros géneros, porque se supone que pertenecían a las capas elevadas de la sociedad y, por tanto, podían conocer mejor los códigos empleados.Vivaldi compuso pocas serenatas, o, por lo menos, ha dejado pocas huellas de ello. La datación de las que se le conocen no siempre es fácil, porque algunas veces faltan los libretos o las portadas de las partituras, y ello impide o dificulta identificar en qué ocasión se ejecutaron. Tres de sus ocho serenatas —la cuarta, la sexta, y la séptima, que ha grabado Rinaldo Alessandrini en el sello Opus 111 y ya había sido grabada en 1997 por 'Le parlement de musique' bajo la dirección de Martin Gester en el sello Accords— parecen tener relación con acontecimientos vinculados a la casa real francesa. Esto señala los posibles contactos del compositor con altos representantes de Francia en Venecia.A la cuarta serenata de Vivaldi le faltan tanto el libreto como la portada de la partitura, así que se desconoce el título original. Ni siquiera las detalladas descripciones del periodico Mercure de France, ni las del secretario del embajador de Francia en Venecia, lo mencionan. Hoy día se la conoce como Gloria e Himeneo RV687, por los dos personajes teatrales que aparecen, o Dall'eccelsa mia reggia, por sus primeras palabras. La aparición de Himeneo, dios protector del matrimonio, ayuda a asociarla con la celebración de una boda; en concreto la de Luis XV con Maria Leszczynska en 1725. De L'unione della Pace e di Marte RV694 no se ha conservado la música, pero sí su libreto. Fue encargada por Jacques-Vincent Languet, conde de Gergy, embajador de Francia en Venecia desde 1726, con motivo del nacimiento en 1727 de las Mesdames de France, las primeras hijas de Luis XV.La Senna festeggiante [El Sena en fiestas], serenataLa última de estas piezas encargadas por personalidades francesas es precisamente La Senna festeggiante RV693, escrita en Venecia en 1729. Las tres personajes que aparecen en ella son todos alegóricos, ya que representan L'età dell'oro, La virtù y, por último, La Senna, el río que pasa por París. En tiempos de Vivaldi, los oyentes tenían poca dificultad para identificar a la persona homenajeada, y podían deleitarse con la sinuosa retórica con que se la califica en el libreto. Pero para el público y los musicólogos de hoy día, la tarea de descifrar las pocas indicaciones que ofrece el texto requiere familiarizarse antes con las circunstancias históricas aludidas. Veamos, pues, cómo se desarrolla el argumento.La acción tiene lugar en en las riberas del río Sena, donde la Edad de Oro asegura haber encontrado la paz, y donde la Virtud proyecta construir su templo pomposo. Allí, el Sena declara eterna la luz 'del neonato', la Edad de Oro reconoce necesitar su ayuda para reavivar su propia luz, y la Virtud asegura que su valor estaba casi extinguido. Luego, la Edad de Oro afirma que amamantará al pequeño para imbuirle sólo paz, y la Virtud declara que, por consiguiente, no habrá que temer nunca más una vuelta de la Edad de Hierro. Al final de la primera parte se invita a cisnes y habitantes mitológicos de bosques y ríos —Númenes, Náyades, Oréadas, Napeas, Sátiros y Faunos— a que alaben la Edad de Oro. En la segunda parte, el Sena invita a todo este tropel a dirigirse hacia el lugar donde reside 'el astro mayor que es la luz de las Galias'. La Edad de Oro y la Virtud se adhieren a la iniciativa, y el Sena vaticina que 'vereis en este héroe, que rige las Galias y que todo el mundo honora, maravillas nunca vistas hasta ahora'. La Edad de Oro y la Virtud declaran que se sentirán felices en este 'pequeño universo', donde la Fortuna está encadenada. Llegados al palacio de Versalles, todos se declaran impresionados, y ofrecen sus mejores votos.Los escasos indicios sobre el destinatario que se encuentran en el texto apuntan sin duda hacia una persona recientemente nacida en la familia real francesa. La ocasión más probable sería el nacimiento del Delfín de Francia, que sucedió en 1729. El 'neonato' de la primera parte es, por tanto, el primogénito de Luis XV, y las alabanzas de la segunda parte se dirigen hacia éste último. Otros autores proponen la fecha de 1726, para la entrada de un nuevo embajador en Venecia, o para celebrar la recepción, en la misma ciudad, del defensor de los intereses galos en Italia, el cardenal Ottoboni. Sin embargo, esta fecha no permite explicar las alusiones a un 'neonato' que aparecen claramente en el texto.Tampoco figura en él ninguna indicación sobre las relaciones entre Italia y Francia. Esta obra, con varios aspectos todavía por descubrir, en cambio, a través de la música. Así, la obertura de la primera parte es un concierto vivaldiano —que, de hecho, se conserva como pieza independiente, aunque con otro movimiento lento—, mientras que la de la segunda parte es una ouverture française.Esta obra, con sus aspectos todavía poco conocidos, nos puede servir de alegoría sobre su compositor. Al igual que en ella hay todavía algunos aspectos poco conocidos, él permanece, a pesar de su enorme popularidad, como Vivaldi sconosciuto.AddendumDespués de terminar la redacción de este artículo he tenido acceso al CD del sello Opus 111 con la interpretación de La Senna festeggiante que dirige Rinaldo Alessandrini. En sus comentarios a la obra, Frédéric Delaméa propone datar la composición y estreno de esta obra entre 1722 y 1725, o, con argumentos más detallados, entre la muerte del ex-regente de Francia (1723) y la boda de Luis XV (1725). La fecha de 1729 —la que se proponía más arriba y que se argumentaba sobre la base del libreto— es demasiado tardía, si la fuente musical de la obra -que puede ser calificada como "simple copie avec inscriptions autographes"- data ya de 1725-26, como sostiene Delaméa. Las características materiales de ese documento, investigadas por Michael Talbot y Paul Everett, apuntan todas hacia esta cronología. Según Delaméa, el problema de la datación no se puede resolver tampoco mediante un análisis estilístico, así que, en la situación actual, no queda más remedio que descubrir una ocasión adecuada para el estreno de la obra antes de 1725 o 1726. Veamos con qué razonamientos llega el comentarista a su datación.La vuelta de La Virtù y de L'Età dell'Oro a las riberas de La Senna (y a Versalles) se referiría a la llegada de Luis XV al poder. Este biznieto de Luis XIV, le Roi Soleil, tenía sólo cinco años cuando éste murió en 1715, por lo que fue sucedido por un regente, Philippe d'Orléans, hasta la mayoría de edad del heredero. Muchos franceses vivieron esta regencia como una temible Edad de Hierro, y deseaban acortar este periodo al máximo, esperando fervientemente la llegada de una nueva Edad de Oro.Todavía sin acceder al trono, Luis XV se instaló con su corte en Versalles el 14 de junio de 1722, lo que nos daría la fecha post quem más temprana posible para el estreno de la serenata. Por otra parte, la mención a la frente sagrada del monarca que aparece en el libreto nos refiere necesariamente a una fecha posterior a su unción y coronación en la catedral de Reims, que tuvo lugar el 25 de octubre de 1722.La procesión de los seres mitológicos a la morada del rey, y su presentación allí reflejarían, bajo una forma alegórica, una ceremonia de homenaje y juramento de fidelidad con ocasión de su toma de poder. Se mencionan además las maravillas que se esperaban de él en el futuro. Estas alusiones al ejercicio efectivo del poder hacen pensar que la ocasión que originó la obra debió darse después del 22 de febrero de 1723, fecha en que Luis XV fue declarado, a sus doce o trece años, mayor de edad (lo que era una condición necesaria para poder reinar). Por otra parte, la crítica que la obra realiza abiertamente al ex-regente apuntaría hacia una fecha después de la muerte de éste, el 2 de diciembre de 1723.Además, en el texto no se menciona ninguna cónyuge del rey, y esto constituiría una omisión inexcusable si Luis XV estuviera casado ya. Esto orienta la datación hacia una fecha anterior a su boda en 1725. Con todo, la ocasión concreta debería encontrarse entre finales de 1723 y 1725, pero Delaméa no logra concretarla más tampoco.No deja de ser interesante que la serenata se representara (y esto sí es seguro) en Venecia el 25 de agosto de 1726, en presencia del cardenal Ottoboni. Este defensor de los intereses de Francia en Italia podría haberse interesado por una reposición de la serenata; desde luego, es más improbable que fuera un estreno. Delaméa argumenta que la disposición formal de La Senna festeggiante no se asemejó a las dos serenatas estrenadas en Venecia, encargadas por el conde de Gergy.La relación con Ottoboni podría ser una pista interesante a seguir. Vivaldi tuvo diversos contactos con él durante sus estancias en Roma en 1724. Por otra parte, este año es considerado por Delaméa como fecha probable para la creación de la obra, y otras serenatas encargadas por Ottoboni son conocidas por ser también extensas y grandiosas.Con todo, la cuestión no está resuelta, y por el momento no queda más remedio que concordar con Delaméa y repetir sus últimas palabras: "Dans l'attente de futures recherches venant confirmer ou infirmer ces différentes hypothèses, La Senna festeggiante, page atypique de la musique vocale profane vivaldienne, demeure donc un hommage mystérieux du Prêtre Roux de Venise au nouveau Roi de France".

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