España - Andalucía

El gran patrimonio de la música procesional andaluza

José Amador Morales

martes, 11 de abril de 2017
Sevilla, miércoles, 8 de marzo de 2017. Teatro de la Maestranza. Erika Leiva, Manuel Cuevas, cantaores. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. José Colomé, director musical. José Font de Anta: Amargura. Antonio Pantión: Jesús de las Penas. Manuel López Farfán: Pasan los campanilleros. José de la Vega: Valle de Sevilla. Abel Moreno Gómez: La madrugá. Pedro Gámez Laserna: Sevilla cofradiera. Manuel Gómez de Arriba: Aquella Virgen. Pascual Marquina: Procesión de Semana Santa en Sevilla.

Con siglo y medio de existencia, la música procesional andaluza, en general, y sevillana en particular, tiene un considerable patrimonio a sus espaldas que, si bien es heterogéneo en variedad y calidad, atesora un importante número de obras maestras. En 1921, Diaghilev y Stravinsky visitaron la semana santa de Sevilla y, al escuchar por primera vez una marcha procesional tras un paso exclamó: “estoy escuchando lo que veo y viendo lo que escucho”. Difícilmente puede expresarse mejor la conjunción de una forma musical y su función social o, en este caso, religiosa.

En las últimas dos décadas, con la aparición de las orquestas sinfónicas andaluzas profesionales y, dado su carácter público, su atención a la cultura local, se han desarrollado experiencias muy interesantes en la línea de adaptaciones sinfónicas de estas obras, fundamentalmente en las que atañe a composiciones para banda completa (o de palio como se dice en el argot cofrade) por su lógica adecuación tímbrica. Este tipo de arreglos son una excelente prueba de calidad musical de los títulos seleccionados en todos los sentidos ya que difícilmente es superada por composiciones mediocres. Y al contrario, nos permiten descubrir verdaderas joyas que, como Amargura (1919) y Soleá dame la mano (1918) de José Font de Anta o Saeta Cordobesa (1949) de Pedro Gámez Laserna, por citar ejemplos paradigmáticos del género, son verdaderos poemas sinfónicos que muy poco o nada desmerecen frente a composiciones coetáneas.

En este sentido fue todo un acontecimiento el estreno de la película Semana Santa en Sevilla de Manuel Gutiérrez Aragón en 1992 que, al margen de su espectacular tratamiento fotográfico de la fiesta religiosa sevillana, presentaba una banda sonora con obras señeras de la música procesional andaluza en recreaciones – muy discutibles eso sí, pero eso es harina de otro costal – de Antón García Abril grabadas con la Royal Philharmonic Orchestra de Londres. Con la misma orquesta apareció en 1996 otra grabación de célebres marchas procesionales bajo el título Pasión y muerte, si bien aquí incluía adaptaciones de música de capilla (las famosas Saetas del silencio, del siglo XVII) y del género de cornetas y tambores (la marcha Requiem de Bienvenido Puelles que, no obstante, ya había sido grabada en 1992 con por la Banda de Las Cigarreras con sus tambores y la sección de violines de una recién creada Sinfónica de Sevilla) y prescindía de todo tipo de percusión. De producción local y al albor de este tipo de iniciativas surgieron trabajos discográficos tan logrados como el de Marchas procesionales sevillanas de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla dirigida por Vjekoslav Šutej en 1995 o sendos álbumes por parte de la Orquesta Filarmónica de Málaga titulados Semana Santa Malagueña en 1996 y 1998, por no hablar de los conciertos sinfónicos de este tipo que desde entonces suelen organizarse, especialmente en Sevilla, Málaga y Córdoba por fechas cuaresmales.

Este era el contexto en el que se enmarcaba el concierto celebrado el pasado 8 de Marzo y en el que se hizo un recorrido musical a modo de Diario cofrade, que fue el título elegido para la ocasión. Un narrador fue desgranando de forma evocadora el día a día de la semana santa sevillana mientras iba siendo musicalmente ilustrado a través de una selección de adaptaciones sinfónicas de marchas procesionales así como cuatro saetas a cargo de los cantaores Erika Leiva y Manuel Cuevas, quienes deleitaron al público con su virtuosismo al cante.

En el plano interpretativo, sorprendió muy gratamente la dirección de José Colomé. El joven nazareno, pues es oriundo de Dos Hermanas, debutaba al frente del principal conjunto sinfónico de su tierra e hizo gala de su conocimiento del género musical procesional, dotando de intensidad dramática y un hermoso sonido orquestal a las partituras seleccionadas. Fue evidente su entusiasmo frente a estas obras y, lo que es aún más meritorio, cómo fue capaz de contagiarlo a unos músicos que se tomaron más en serio que nunca su trabajo. Como era lógico, destacaron las piezas que por naturaleza encajan mejor en el formato sinfónico, como es el caso de Amargura, Jesús de las Penas o La Madrugá. Bien distinto resultaba el carácter casi festivo de Pasan los campanilleros (recordemos que su interpretación llegó a ser prohibida durante años en los desfiles procesionales por dicho motivo y su impacto) que aquí deslumbró gracias a la bellísima orquestación del propio Colomé, quien también es el autor del resto de adaptaciones sinfónicas.

Tal vez en la segunda parte del programa, los títulos elegidos, pese a su incuestionable solvencia, no poseían el peso histórico y/o artístico de los anteriores. Estaba claro que un compositor de la talla de Pedro Gámez Laserna debía aparecer en una selección de este tipo, pero no es menos cierto que su Sevilla cofradiera, pese a ser una composición estimable, no está a la altura de verdaderas cumbres del género como son su Saeta Cordobesa (justamente apodada como himno de la semana santa de dicha ciudad) o su Pasa la Virgen Macarena, con el trío en forma de saetilla acaso más inspirado de la historia de la música procesional. Como tampoco Valle de Sevilla nos hace olvidar otra de las obras cumbres del género como es la centenaria Virgen del Valle, de Vicente Gómez Zarzuela, que además atesora un indudable peso histórico. Eso sí, muy acertado el contundente cierre con todo un clásico como Procesión de Semana Santa en Sevilla de Pedro Braña

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