España - Castilla-La Mancha

Maratón musical

Paco Yáñez
miércoles, 26 de abril de 2017
Cuenca, sábado, 15 de abril de 2017. Iglesia de San Pedro y Santiago. Catedral de Cuenca. Teatro-Auditorio. Johann Sebastian Bach: Suite para violonchelo Nº6 en re mayor BWV 1012. Propium Missae: canto llano hispano de los siglos XVI-XVII (Cantorales de la Catedral de Santa María y San Julián de Cuenca). Tomás Luis de Victoria: Ordinarium Missae; Missa Pro Victoria, a 9 y órgano en dos coros. Maurice Duruflé: Requiem opus 9. Amancio Prada: Cántico espiritual. Amancio Prada, voz y guitarra. Ana Moroz, mezzosoprano. Carmelo Cordón, barítono. Yulia Iglinova, violín. Javier Albarés y Julia Caro, violonchelos. Javier Artigas, Ignasi Jordà y David Malet, órganos. Ministriles de Marsias. Schola Antiqua. Coro RTVE. Juan Carlos Asensio, Javier Corcuera y Francisco Rubio, directores. Ocupación: 80%-100%-70%
0,0005031

Larga, larguísima jornada, la del Sábado Santo en la 56 Semana de Música Religiosa de Cuenca: casi doce horas de música que comenzaban a las 11 de la mañana, en la Iglesia de San Pedro y Santiago, con una nueva Ruta barroca en la que José Manuel Cañizares demostró que pronunciar una conferencia sobre una intervención arquitectónica no es tan sólo poseer conocimientos sobre el tema, que se suponen de calado a quien restauró el propio templo (siguiendo la estela de Martín de Aldehuela), sino adecuarse a un tiempo dado y a unos temas centrales, si no quiere uno que toda intención comunicativa quede en puro esbozo...

...precisamente, adecuación al (con)texto no faltó en la interpretación que Julia Caro protagonizó en el primer concierto de esta tercera y última Ruta barroca de la 56 SMR (otra feliz iniciativa de la nueva dirección artística de Cristóbal Soler). La joven violonchelista gallega (que ha formado parte de la primera Academia de la SMR) es de esas intérpretes que considera que la inmersión en la obra de Johann Sebastian Bach (Eisenach, 1685 - Leipzig, 1750) es una profesión de fe musical, así como un diálogo que ha de realizarse a lo largo de toda una vida, ya desde los años de formación. No es Julia Caro, por tanto, de las que deja las Suites para violonchelo BWV 1007-1012 (c. 1717-23) 'para más tarde', ni para un ámbito privado, ofreciendo a los asistentes a la Ruta barroca del Sábado Santo el 'Prélude' y la 'Allemande' de una obra tan delicada como la Suite para violonchelo Nº6 en re mayor BWV 1012.

Delicada, ya de entrada, por una cuestión del propio instrumento y de la digitación derivada de tocar Julia Caro un violonchelo actual, sin las cinco cuerdas del piccolo para el que supuestamente este BWV 1012 fue escrito (aunque haya quien sostenga que es una partitura compuesta para violoncello da spalla). Ello obliga a un esfuerzo extra de la mano izquierda, cuyo pulgar trabaja a modo de cejilla móvil para articular los armónicos que se han de implementar por la ausencia de esa quinta cuerda, resultando el 'Prélude' un arranque de Suite realmente exigente a todos los niveles; destacadamente, en afinación y exposición armónica. Muy notable se ha mostrado Julia Caro en los intrincados compases en bariolage, figuración y arpegio, con gran sentido de la movilidad y el dinamismo, siempre agilizando el discurso de un modo contundente y progresivo, convocando ecos -que creo pertinentes en este 'Prélude'- de unos ricercare que aún resonaban en nuestra memoria tras el soberbio recital de Gaetano Nasillo en el Espacio Torner. Aunque Nasillo atacaba con arco barroco un violonchelo de época (un Giuseppe Ungarini de 1750), en su moderno instrumento Julia Caro consigue evocar algo de ese universo historicista, por sus roncos pasajes de cuerda grave, así como por la marcada acentuación que lleva a cabo de las alternancias en ecos entre el forte y el piano, creando dos planos sonoros desde un sutil manejo de las dinámicas que sirve para multiplicar los estratos armónicos y unas estructuras netamente bachianas bien articuladas. A pesar de que por estilo interpretativo podríamos pensar que sería la 'Allemande' lo que mejor casaría con la técnica de la intérprete gallega, nos ha sorprendido muy positivamente Julia Caro en un febril 'Prélude' de gran madurez para tratarse de una violonchelista tan joven. Ello no quita que el segundo movimiento también fuese paladeado en detalle, aquí con mayor calidez y amplitud de arco, más ondulante (donde en el 'Prélude' primara lo arpegiado) y sensible, con mayor sentido del legato, respirado en profundidad, completando una valiente y meritoria actuación que nos confirma que los alumnos de la Academia tienen mucho que decir en futuras ediciones de la SMR, ya en el contexto de estas Rutas barrocas, ya en la tan loable iniciativa de la SMR Social, o en los distintos recitales y conciertos que puedan ofrecer en la programación del festival (de algunos de los cuales, como su interpretación del Lazarus D. 689 (1820) de Franz Schubert, hemos dejado en Mundoclasico.com previa constancia).

Ya en horario de tarde, en la Catedral de Cuenca (repleta para este concierto) nos acercamos a una soberbia recreación de la Missa Pro Victoria (1600) de Tomás Luis de Victoria (Ávila, 1548 - Madrid, 1611), intercalada con su correspondiente Propium Missae, canto llano hispano incluido de los siglos XVI y XVII, procedente de los cantorales de la basílica conquense. Así pues, Ordinarium Missae, Missa Pro Victoria, a 9 y órgano en dos coros se fueron alternando desde la entrada de los Ministriles de Marsias, cuyas sonoridades de bajón, chirimía, sacabuche y corneta convocaron ecos renacentistas en unos instrumentos de época de gran riqueza tímbrica, cuyas bellas sonoridades han sido espacializadas a medida que se procedía al deambulatorio procesional por las naves de la catedral, poniendo en contacto directo en nuestros imaginarios algunos de los procedimientos propios de la creación contemporánea (en lo que a topología acústica se refiere) con sus más remotos antecedentes (recordemos, por ejemplo, la ya arquetípica influencia de la polifonía medieval de la Basílica de San Marcos sobre la obra tardía de Luigi Nono; o la del propio Tomás Luis de Victoria sobre uno de los compositores presentes en esta 56 SMR, José María Sánchez-Verdú). Ese juego de desplazamientos de ministriles y coro, sumado a la ubicación de voces en las tribunas catedralicias, así como al uso del doble órgano, hizo vibrar la arquitectura y la luz que se iba filtrando en poniente a través de las vidrieras diseñadas por Gustavo Torner, en ese color miel tan propio del crepúsculo.

De este modo, inmersos en un espacio acústicamente móvil explorado desde la policoralidad, Juan Carlos Asensio y Francisco Rubio nos han invitado -al frente de Schola Antiqua y Ministriles de Marsias- a una inmersión histórica de sabor netamente genuino en esta liturgia de la Pascua de Resurrección, fundiendo voces e instrumentos pues -tal y como nos recuerdan ambos directores en sus notas al programa- «los ministriles eran considerados como voces y no como instrumentos, a diferencia de los polifónicos, que eran los instrumentos propiamente dichos (tecla, arpa y vihuela)». Fuera de este vínculo y asociación directa entre voces e instrumentos (de viento) se quedaría, por tanto, un órgano que ha sonado con una majestuosidad impactante (qué instrumento tan lleno de posibilidades, el de la Catedral de Cuenca), en especial el número conclusivo, una Batalla de 6º tono (c. 1650) de Jusepe Ximénez (Tudela, c. 1600 - Zaragoza, 1672) deslumbrante por su manejo de los registros y el sentido triunfal que ha impuesto sobre el ya magnífico coral Regina coeli previo (en canto llano y en versión del propio Victoria). Javier Artigas e Ignasi Jordà han alquitarado en los órganos sonoridades de la naturaleza con un vibrato cuya evocación de los trinos aviares prácticamente anticipa a los mismísimos György Ligeti o Mauricio Kagel: tal fue el arrojo y la modernidad de unas intervenciones radiantes, que nos harían recordar aquello (que bien suscribirían los propios Kagel y Ligeti a la hora de proceder a la evolución del infinito rizoma del estilo) del «Torniamo all'antico e sarà un progresso», reflexión verdiana que de nuevo conectaba tiempos y espacios, ya con la luz declinando por el rosetón de la fachada oeste de la catedral conquense, bañado su interior por un aluvión de merecidos aplausos a un acercamiento realmente sobresaliente a una música que, así interpretada, con esta ascética espiritualidad (momentos de esplendorosa floración en canto polifónico y órgano incluidos), nunca dejará de ser moderna y comunicativa.

Por último, en horario vespertino tuvo lugar el Concierto extraordinario de la 56 SMR, que nos ofrecía en el Teatro-Auditorio dos partes netamente diferenciadas en cuanto a estilo musical (aunque, quizás, con una leve y sutil respiración compartida). En primer lugar, el Requiem opus 9 (1947) del compositor francés Maurice Duruflé (Louviers, 1902 - París, 1986), obra en la que el protagonismo ha sido para las voces del Coro RTVE, muy bien conducidas por Javier Corcuera en busca de la delicadeza y la luminosidad de uno de los réquiems menos luctuosos del siglo XX (del que esta noche hemos escuchado su segunda versión, para solistas, coro y acompañamiento de órgano -tal y como señala Inés Mogollón en sus notas al programa, la preferida por Duruflé-). Vivido desde la audición, apenas dos horas antes, del canto llano y de la exultante polifonía de Tomás Luis de Victoria, se tiende una continuidad muy pertinente entre ambos conciertos, pues Duruflé hilvanó parte de sus tejidos corales desde el gregoriano, con una línea melódica sencilla, recogida y amable, y cierto candor e ingenuidad que ciertamente nos pueden parecer (vistos desde hoy) inconcebibles en una obra tan sólo dos años posterior a la finalización de la Segunda Guerra Mundial (y que quizás nos habla de la necesidad de poner tierra de por medio con lo más acerado de su horror; al menos, en la partitura de Duruflé, pues otras muchas hay en la posguerra de carga más rotundamente trágica). Es por ello que no dejamos de escuchar ecos de la modalidad gregoriana y de la música polifónica renacentista, si bien con un fluir en general homofónico de líneas melódicas cuya multiplicación armónica en la verticalidad de las cuerdas del Coro RTVE ha estado siempre contenida, marcada con mimo y suavidad: esa misma contención y parquedad que han mostrado los solistas, tan delicados como el coro en sus respectivas intervenciones, al igual que el órgano de David Malet, muy aplacado, a mayores, por las limitaciones del propio instrumento. En conjunto, pues, una lectura muy notable en lo coral, con un broche indispensablemente luminoso en el pasaje, quizás, más célebre de cuantos Maurice Duruflé haya compuesto, un 'In Paradisum' de bella línea vocal elevada a unos registros agudos casi transparentes que sirvieron de antesala para el misticismo sanjuanista al que asistiríamos tras el descanso (que merecido fue en semejante jornada musical)...

...y es que la segunda parte del concierto estuvo íntegramente dedicada a Amancio Prada (León, 1949), que volvía a poner sobre los atriles su Cántico espiritual (1977, rev. 2017) partiendo de los poemas de San Juan de la Cruz. Tal y como nos recordó el cantautor, fue un Sábado Santo del año 1977 cuando estrenó, en San Juan de los Caballeros (Segovia), este ciclo de canciones en el que da voz a su poeta más querido y admirado, ya entonces acompañadas su voz y su guitarra por violín y violonchelo para expandir armónicamente los versos del Cántico, así como para envolverse en una dialéctica entre voz aguda y voz grave cuya fusión nos habla del abrazo de la Amada y el Amado, cuyos estad(i)os emocionales en la ascesis de un amor tan inflamadamente humano como insufladamente divino van comentando la violinista Yulia Iglinova y el violonchelista Javier Albarés desde sus instrumentos, con unos requerimientos técnicos, en todo caso, muy poco acusados y una presencia tan discreta como efectiva.

Dos cuestiones han deslucido un tanto este nuevo encuentro con el Cántico espiritual en versión de Amancio Prada: por un lado, la propia amplificación de su voz, que desnaturaliza el calor y el tono de la misma; y, por otro, la presencia del coro (de nuevo, el de RTVE). Parece como que, dado que en una cita de 'música clásica' estamos, Amancio Prada hubiese querido expandir su idea germinal para conferir una mayor profundidad y calado a unos versos que de por sí solos ya los tienen, con una prolongación de sus líneas melódicas en el coro que no ha hecho más que abundar en el mismo material musical, haciéndolo reiterativo y afectado. Esa incidencia en un coro-en-eco empequeñece, además, la voz (más débil que en 1977) de un Amancio Prada que tiene que desgañitarse por momentos para (incluso no) hacerse audible frente a toda una masa coral (reducida, cierto es). Si la presencia instrumental (violín y violonchelo, pues la guitarra es prácticamente anecdótica en cuanto a escritura: rastro y registro de un pensamiento de cantautor) puede resultar pertinente e interesante para ampliar la dramaturgia del Cántico, convocando referencias narrativas y espirituales (ubicándonos frente a una trinidad musical de reminiscencias teológicas), la presencia del coro desvirtúa la esencial intimidad del trío original, ahogando sus voces y rozando lo kitsch. De ahí que, para una vivencia genuina de aquello que Amancio Prada representa, hubiese sido preferible escucharlo en la desnudez de su voz enfrentada a los versos, con su pausada y sentida dicción, demostrando eso de que cada línea en San Juan de la Cruz es pura música y canción (pues, aunque la obra de Juan de Yepes lo resista casi todo, lecturas así de impostadas cierto es que no ayudan a seguir ni su prosodia ni la inflamada sensualidad de su poética).

Ahora bien, como el cronista ha de ser fiel a lo experimentado, he de señalar que, aunque con una presencia de público menor que en los conciertos dedicados a Rossini y Brahms, los asistentes tributaron a Amancio Prada (muy especialmente) la más cálida ovación de esta 56 SMR, trufada de numerosos vítores y bravos. A ellos respondió el cantautor con una inmersión en los versos de Santa Teresa de Jesús, también en un arreglo para voz, guitarra, violín, violonchelo y coro que ha vuelto a mostrar los problemas antes señalados; y es que la hibridación de géneros comporta sus dificultades y riesgos, cuando no hay tras ella la mano de un verdadero maestro en cuanto a técnica y musicalidad para abordar lo que, así, puede quedar en tierra de nadie y pérdida del estilo que uno es y representa...

...concluíamos, entre estas reflexiones, una verdadera maratón musical de casi doce horas que nos lleva a pensar que quizás el ritmo de eventos en la 56 SMR haya sido, en ocasiones, un tanto exagerado, pues por mucho empeño que se ponga (pronunciadas rampas de Cuenca incluidas), seguir tal prolijidad de conciertos se hace difícil, cuando no en exceso cansado (y otra cita más aún había en programa el Sábado Santo, con el Coro de la Academia SMR cantando obras de Antonín Dvořák y Johann Sebastian Bach). Habría que tirar aquí, por tanto, del aforismo de Mies van der Rohe y decir que «menos es más», siendo interesante concentrar los eventos o programar un menor número de conciertos pero con mayor presupuesto y calidad (aunque bien sabemos que una cosa no necesariamente comporta la otra), pues si esta edición de la SMR ha sido crítica en lo económico, todo apunta a que en el futuro la situación no puede más que mejorar, y parte de su horizonte será el rentabilizar cada euro invertido en una cita que este año ha presentado sustanciales novedades (Academia, rutas arquitectónico-musicales, SMR Social...) que creemos apuntalarán el futuro del festival, unidas al imprescindible regreso de los grandes referentes de la escena internacional. Esperamos, además, que entre sus partituras traigan a Cuenca una mayor presencia de la música de nuestro tiempo, pues con tan sólo cuatro conciertos (ni siquiera monográficos todos ellos, e incluyendo en la categoría de música contemporánea el recital de Amancio Prada) de entre veintitrés (contando los conciertos de la Academia y las Rutas), ha sido éste uno de los puntos más débiles y cuestionables de un festival que parece encarar nuevos tiempos con ilusión e ideas renovadas. A ese futuro nos emplazamos, pues, para contárselo.

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.