Hungría

Bánk Bán de Erkel ¡Asignatura pendiente!

Andrea Merli

jueves, 4 de abril de 2002
Budapest, domingo, 17 de marzo de 2002. Domingo, 17 de marzo de 2002. Teatro de la Opera de Estado de Budapest. Ferenc Erkel: Bánk Bán, Opera en tres actos (1861). Libreto de Béni Egressy. Gabor Mészoly, Dirección Escenica. Teodora Bán, Escenografia. Attila Csikos, Vestuario. Rita Velich, Iluminación. Zoltan Farkas, Coreografia. Attila Kiss (Bánk Bán), Kolos Kovats (Endre II), Bernadett Wiedermann (Gertrud), Dénes Gulyas (Otto), Ingrid Kertesi (Melinda), Lajos Miller (Tiborc), Sandor Solyom-Nagy (Petur Bán), Attila Reti (Biberach). Orquesta y coro del Teatro de la Opera de Estado. Director: Tamas Pál. Aforo: 1300 localidades. Ocupación: 100%.
Todos los melómanos occidentales, los italianos particularmente, tenemos una enorme deuda con la música húngara. No conocemos la obra de Ferenc Erkel -¡cuidado! en húngaro la 'c' se pronuncia como la 'z'-, el más representativo autor nacional, que compuso, además de varias operas de argumento histórico, el himno nacional húngaro en 1844. Bánk Bán (se traduce como El noble Bank), compuesta en 1852 pero representada tan solo en 1861 -por la represión de la censura austriaca que encontraba el argumento peligroso para la delicada situación política de levantamiento e independencia nacional, sobre todo tras la sangrienta represión de 1848- es considerada su obra maestra y, realmente, es un 'capolavoro' absoluto.Tenemos, pues, una asignatura pendiente y es una vergüenza, un delito, un crimen, sin miedo a exagerar, que esta joya no haya salido del aislamiento lingüístico y cultural al que es sometida, todavía, Hungría.Personalmente, pero muy parcialmente, conocía a la ópera de Erkel por poseer en CD esa otra maravilla que es Hunyadi Laszlo -ópera de 1844 que en el año 2000, en el que se celebró el primer milenio de la nación húngara, se representó alrededor de ¡800 veces!- que precede cronológicamente a Bánk Bán, y una selección en un LP, importado a principio de los Setenta por la casa italiana Carisch. Grabaciones de Hungaroton que nunca tuvieron una real difusión, puesto que los importadores se han limitado siempre a exportar óperas y autores conocidos en el oeste.Pero cuál ha sido la exaltación que me ha invadido al tener la posibilidad de asistir en directo, en su principal teatro, al estreno de una nueva producción. Emociones que un espirito curtido por mil y una experiencias musicales pensaba relegadas a sus alborotos adolescentes, cuando descubrió la irruencia verdiana del Trovador, el patetismo romántico de Lucia di Lammermoor y el ímpetu libertario de Nabucco. Repetir esa esperiencia pasados los cincuenta no tiene precio. Y es que el Bánk Bán, especialmente el aria del tenor que abre el estupendo segundo acto 'Hazan, hazan...' ('¡Oh patria mia!) representa para los húngaros lo que el coro 'Va pensiero' del Nabucco es para los italianos, un segundo y más poderoso himno nacional.Lo que pasó en Teatro de la Opera de Budapest tras la valiente ejecución del valeroso tenor Attila Kiss, 'Bánk' de nobles y poderosos medios, fue indescriptible. Se paró la función a fuerza de aplausos, 'bravos' y pataleo, un jaleo al que los extranjeros presentes nos unimos de buen grado.En torno a esta bellísima óperaFerenc Erkel (Gyula 1810 - Budapest 1893), activo también como director de orquesta (a él se debe la introducción del repertorio italiano y frances en Hungría), dirigió en 1838 en Bratislava a La Straniera de Bellini -autor que estuvo entre sus favoritos-, fundó en 1853 la Orquesta Filarmónica de Budapest, que tuvo como directores, entre otros, a Mahler. Erkel como compositor refleja el médium musical internacional de su época. Especialmente en esta ópera, cuyo libreto trata la historia de un mítico héroe nacional del siglo XIII y fue escrito -no es una casualidad- por Béni Egressy el poeta que tradujo al húngaro las obras de Verdi. Aletea el espíritu operístico italiano: la melodía belliniana, el arte tan donizettiano de construir las escenas concertantes y, sobre todo, el generoso ímpetu verdiano.Está también muy presente, en su construcción grandilocuente, el estilo Grand-opera de Mayerbeer y el Rossini de Guillermo Tell, reminiscencias de Karl Maria von Weber y la utilización del Leit-motiv que puede recordar las obras juveniles de Wagner. La personalidad imperativa de Erkel, sin embargo, explota con fuerza por el uso de los temas populares -que con sutil destreza impone a los personajes buenos, 'nacionales', dejando que los antagonistas se expresen con léxico musical internacional- elaborados a a partir del uso consciente del Verbunkos.Es éste el ritmo húngaro por excelencia, el que identifica inmediatamente la nacionalidad, al igual que el bolero a la música supuestamente inspirada a temas españoles. Verbunkos -del aleman Werbung, alistamiento- era el ritmo que animaba los bailes de los húsares, que luego, acelerando el tempo se desarrollaría en la zardas, con los que se alistaban los jóvenes campesinos en los años a caballo entre los siglos XVIII y XIX. Un ritmo creciente y arrebatador que tiene un gancho increíble. Erkel, antes de Liszt y de Brahms, supo introducirlo en la música 'seria', ennobleciendo las raíces populares de su tierra. Es un ritmo que se insinúa en los momentos de mayor tensión dramática y en los remansos de lirismo más patetico.ArgumentoLa acción nos lleva a la corte húngara de Erde II, a principios del siglo XIII. Mientras el rey está recorriendo sus territorios, su esposa austriaca, la cruel Gertrud de Merano (mezzo-soprano), humilla a los aristocráticos (Bán) húngaros, que meditan una conjura capitaneados por Petrur Bán (bajo). Solo el noble Bánk (tenor) rehúsa, puesto que declara su fidelidad al rey (el tema de la fidelidad húngara, traicionada por los austriacos es una constante en toda la producción de Erkel). Pero 'Gertrud' llega a facilitar los lascivos deseos de su hermano 'Otto' (tenor) que asedia a la bella esposa de 'Bánk', 'Melinda' (soprano). Ante el rechazo indignado de ésta, es drogada con un filtro mágico y tras haberla seducido la abandonan en estado de locura.En el segundo acto, 'Bánk' canta las desgracias de su patria en la preciosa aria 'Hazan, hazan'; cuando descubre la supuesta infidelidad de su mujer, en un primer arrebato de ira la desprecia y desconoce hasta a su hijo. Interviene el generoso 'Tiborc' (baritono), antiguo compañero de armas al que 'Bánk' salvó la vida en batalla y explica lo ocurrido. 'Bánk', finalmente, se reconcilia con la desdichada 'Melinda' y la confía junto con el hijo a 'Tiborc' para que los acoja en su castillo, mientras él piensa enfrentarse con la malvada 'Gertrud'.En este acto, un aria preciosa de la soprano tiene por acompañamiento un increíble cuarteto compuesto por viola d'amore, arpa, cimbalon, el instrumento nacional húngaro, y corno ingles.El ultimo acto nos traslada a la ribera del Danubio: la noche de tormenta no aconseja la navegación. Mientras 'Tiborc' se aleja para buscar un refugio, 'Melinda', en una alucinante escena de locura (con una escritura vocal de coloratura impresionante y similar a la de la donizettiana Lucia) se tira inconsciente al río, arrastrando en sus brazos al niño. En la escena siguiente, en la corte, 'Bánk' se enfrenta con 'Gertrud' que, tras una violenta discusión, intenta matarlo sacando un puñal de un crucifijo (otro símbolo de crueldad), pero finalmente en la lucha cae muerta. La escena última se sitúa en la capilla real. El 'rey Endre' pide venganza por la muerte de su esposa, pero ante a 'Bánk' que se declara culpable, son traídos los cadáveres de 'Melinda' y de su hijo, rescatados de las aguas. Ante el dolor común, con un anhelo de perdón divino termina la ópera. Tras un preludio de gran intensidad, donde se desarrolla el primero de los sugestivos Verbunkos, la ópera tiene un crescendo inconmensurable de invenciones musicales, que en el primer acto desembocan en una chanson a boire de fuerte impacto, en un balet dominado por una zarda desencadenada y muchas otras piezas admirables, entre hay que señalar un maravilloso concertante a capella.Pero es con el segundo acto que la ópera toma el vuelo empezando con la estupenda aria del tenor (que ya había cantado otra preciosa en el primer acto); aunque sea la primera aria de Melinda la que tiene la melodia más original, subrayada por el arcaicismo de ese original acompañamiento.La crítica, propiamente dichaEl principal merito de esta operación se debe al nuevo director artístico de la Opera de Budapest, Gyorgy Györianyi, director de orquesta que tiene una brillante carrera internacional y que acude a menudo a Italia, y que está dando un nuevo rumbo a su precioso Teatro -un edificio muy parecido al Palais Garnier, la Opera de Paris- que intenta entrar en competición con los demás teatros centroeuropeos, alemanes y austriacos. Le deseo de todo corazón, no solo que logre sus intentos, sino que pueda exportar al resto de Europa y en el mundo las producciones de su repertorio nacional. Bánk Bán, acogida con un éxito triunfal -es la ópera que abre oficialmente la temporada de Budapest- es una producción tradicional, pero corpórea y muy funcional en el bonito decorado de Attila Csikos y se apoya en un vestuario muy lujoso de Rita Velich -aprovechado de una nueva producción cinematográfica con protagonistas como Eva Marton ('Gertrud') y Andrea Rost ('Melinda') que dentro de poco estará disponible en DVD-. La dirección escenica de Gabor Mészoly se ha desarrollado convencionalmente, pero con buen ritmo narrativo.Musicalmente no se pudo pedir más. La dirección de Tamas Pál ha subrayado con vigor el drama, seguido con puntualidad y sonido ejemplar por los magníficos equipos del Teatro de la Opera de Estado: envidiables coro y orquesta. Loables las prestaciones solistas de la viola d'amore tocada con exquisitez por Anita Inhoff; del cimbalon y de los instrumentos más conocidos. Una lectura muy convincente que ha dejado amplio espacio y respiro a la vocalidad de los cantantes.Para los roles de los dos protagonistas, uno se imagina lo que hubiesen podido sacar un Pavarotti y una Sutherland (o la Caballé y Domingo: este último podría muy bien, todavía, integrar su ya vasto repertorio con el heroico 'Bánk') en sus dias mejores. Con todo Attila Kiss, como 'Bánk' e Ingrid Kertesi, 'Melinda', se han impuesto por musicalidad, estilo y una vocalidad de mucho respeto, sobre todo la soprano que, a medida que avanza la ópera más difícil lo tiene. Muy bien -el publico se lo agradeció con unos bravos que subscribimos- la 'Gertrud' de la mezzo Bernadett Wiedermann: voz poderosa, perfecta en toda la tesitura, temperamental y autoritaria como interprete; y el 'Tiborc' de Lajos Miller, barítono de larga carrera internacional, cantado con mucha intención, matices e intima nobleza. Perfectos en las partes que por ser más breves no son marginales, el 'Petrur Bán' del veterano bajo Sandor Sólyom-Nagy ¡que ya conocia por el disco! Y el dolido rey 'Endre II' de Kolos Kováts. Bien, aun en un estado de decadencia vocal, el tenor Dénes Gulyas, en la parte del pérfido Otto.

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