Alemania

Don Pasquale en The Factory

Juan Carlos Tellechea
miércoles, 3 de mayo de 2017
Düsseldorf, sábado, 29 de abril de 2017. Teatro Deutsche Oper am Rhein/Düsseldorf. Don Pasquale, ópera bufa en tres actos con música de Gaetano Donizetti y libreto en italiano de Giovanni Domenico Ruffini y del propio compositor, adaptado del texto de la ópera italiana Ser Marco Antonio, escrito por Angelo Anelli para Ser Marcantonio (1810) de Stefano Pavesi, estrenada en el Théâtre-Italien de París el 3 de enero de 1843. Dirección escénica, Rolando Villazón. Escenografía, Johannes Leiacker. Vestuario, Thibault Vancraenenbroeck. Iluminacion, Davy Cunningham. Intérpretes: Lucio Gallo (Don Pasquale). Mario Cassi (Dr. Malatesta). Ioan Hotea (Ernesto). Elena Sancho Pereg (Norina). Daniel Djambazian (notario). Susanne Preissler (ladrón). Coro de la Deutsche Oper am Rhein preparado por Gerhard Michalski. Extras de la Deutsche Oper am Rhein. Orquesta Düsseldorfer Symphoniker. Director invitado, Nicholas Carter. 100% del aforo.
0,000323

La última de las grandes óperas bufas italianas sirve al tenor y regisseur mexicano Rolando Villazón de pretexto para desplegar una vez más su excelente sentido del humor y divertirse con el furor de las modas en las artes plásticas. Con un elenco de primer nivel, Villazón logró una impecable versión de Don Pasquale que fue recibida con atronadores aplausos y exclamaciones de aprobación (“¡bravo, bravo, bravo Rolando!“) del público de pie durante más de 20 minutos. Muy pocas veces se ha visto en la ópera de Düsseldorf tanta aglomeración de gente. No cabía ni un alfiler en la sala.

El barítono italiano Lucio Gallo (Taranto, 1959), es un gran señor de la escena, encarnando con excelente voz a Don Pasquale; la soprano española Elena Sancho Pereg, estrella de la velada, es una novia y musa Norina exquisita, muy fresca, chispeante, vivaz, burbujeante y cristalina; el barítono toscano Mario Cassi (Arezzo, 1973) hace un doctor Malatesta convincente, estupendo, magnífico (en sustitución a ultimísimo momento de Dmitri Vargin, por enfermedad durante el ensayo general). La orquesta Düsseldorfer Symphoniker, dirigida por el australiano Nicholas Carter, brilla en esta velada, pese algunas mínimas imprecisiones al comienzo, y deleita con la interpretación de la partitura de Donizetti.

Lucio Gallo, Daniel Djambazian,  Dmitri Vargin y Elena Sancho PeregLucio Gallo, Daniel Djambazian, Dmitri Vargin y Elena Sancho Pereg © 2017 by Thilo Beu

Villazón conserva todos los elementos de Donizetti-Ruffini, inspirados en la Commedia dell'arte, pero traslada la acción desde Roma a París en la década de 1970, donde Don Paquale tiene una elegante galería de arte-loft (grandes ventanales que miran hacia el Sacre Coeur y la Torre Eiffel), primero con obras de los artistas más clásicos y universales del Renacimiento y del academicismo, entre ellas la Mona Lisa de Leonardo da Vinci y la Grande Odalisque de Jean-Auguste-Dominique Ingres; más tarde con los del pop art (Andy Warhol y Roy Lichtenstein...), al verse arrollado por la revolución sexual y la plástica moderna. Una estupenda labor del equipo con el cual Villazón ha trabajado habitualmente con gran éxito en algunas de sus más recientes óperas.

Lucio Gallo , Elena Sancho Pereg y Dmitri VarginLucio Gallo , Elena Sancho Pereg y Dmitri Vargin © 2017 by Thilo Beu

El rumano Ioan Hotea encarna aceptablemente, con gran seguridad y firmes agudos al joven artista pop Ernesto (el inútil sobrino de Don Pasquale), aunque acusa ciertas limitaciones más bien de carácter histriónico; y Daniel Djambazian a un notario y acólito (junto a otra media docena de jóvenes) del movimiento pacifista Hare Krishna. Todos los personajes simbólicos de la época están aquí representados: los hippies, los fumadores de hachís, los artistas de las performances, como la pareja británica Gilbert & George (esculturas vivientes del arte conceptual y del body art).

Ioan Hotea, Elena Sancho Pereg, Coro y figurantesIoan Hotea, Elena Sancho Pereg, Coro y figurantes © 2017 by Thilo Beu

Entre las libertades que se adjudica Villazón figura la constante presencia de un ladrón-acróbata (Susanne Preissler), del que por último se enamora Don Pasquale, que procura llevarse sin éxito las mejores de las piezas expuestas y que no escatima esfuerzos, como el descolgarse de un tragaluz al mejor estilo de los filmes de suspense, para alcanzar sus codiciados objetivos. Es la vieja controversia entre el arte antiguo y el contemporáneo; entre la moral de otras épocas y la de nuestros días. Se trata de una tesis simple, pero muy efectista y que permite al director amplio campo para su casi inagotable inventiva. La escena en un bar parece evocar al famoso Nighthawk de Edward Hopper, y el romántico encuentro de Norina y Ernesto en el jardín a L'empire des lumiéres de René Magritte. Pero tampoco le teme el director a las astracanadas y al jaleo en su búsqueda de refinadas situaciones cómicas que no caen en ningún momento en lo grotesco; diversión y bel canto están asegurados durante todo el tiempo.

Elena Sancho Pereg, Lucio Gallo, Ioan Hotea y CoroElena Sancho Pereg, Lucio Gallo, Ioan Hotea y Coro © 2017 by Thilo Beu

Al final del tercer y último acto el director nos sorprende con otro de sus ocurrentes gags poniendo en escena a 30 Mona Lisas y Andy Warhols clonados (coro de la Deutsche Oper am Rhein) que causan la hilaridad del público antes de caiga el telón. Centenares de espectadores salieron con una sonrisa de oreja a oreja y más que satisfechos con la representación, la sexta puesta en escena con gran éxito de Rolando Villazón y su tercera incursión en Donizetti.

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.