Portugal

De claveles, música y revoluciones XI

Paco Yáñez
viernes, 5 de mayo de 2017
Oporto, sábado, 29 de abril de 2017. Casa da Música. Marcus Weiss, saxofón. Christian Dierstein, baterías. Remix Ensemble Casa da Música. Orquestra Sinfónica do Porto Casa da Música. Baldur Brönnimann y Peter Rundel, directores. Peter Maxwell Davies: Antechrist. Arnold Schönberg: Kammersymphonie Nº1 opus 9; Fünf Orchesterstücke opus 16. Harrison Birtwistle: Panic. Ocupación, 70%.
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En una Europa que en el día en que viajaba a Portugal trazaba líneas rojas, elevaba advertencias y anticipaba un nuevo escenario marcado por la tensión ante la (considero) desafortunada decisión británica de abandonar la Unión Europea, un contrapunto de diálogo y encuentro se tendía desde la periferia del continente hacia una Gran Bretaña más allá del Brexit: la undécima edición del festival Música e Revolução, que en la Casa da Música de Oporto nos volvía a demostrar que Europa hemos de construirla como una comunidad cultural en la que nos (re)conozcamos a través de la profundización en la idiosincrasia del otro para encontrar esos puntos comunes que necesariamente son el aglutinante de un continente en marcha, frente a unas grietas y fracturas siempre agudizadas en contextos de crisis y discrepancias...

...ahora bien, que la crisis (incluso como necesidad catártica) puede ser un escenario propicio para la reflexión y el desarrollo, es algo de lo que el arte ha dado sobradas muestras a lo largo de la historia. Parte de esa dialéctica se da entre la tautología y la innovación estética, entre lo viejo y lo nuevo, y de ello Música e Revolução ha sido en 2017 un espejo de tiempos y espacios, al adentrarse en partituras que en sus primeras audiciones supusieron una confrontación con lo establecido (con una mención especial, dentro del Año Británico en Casa da Música, para sus respectivos estrenos en el marco de los Proms: esa «parte central de la vida musical británica», tal y como los define Nicholas Kenyon -director del festival londinense entre 1996 y 2007- en entrevista con António Jorge Pacheco publicada en la segunda edición del periódico A Casa, centrado este mes en las revolución musicales -incluidos artículos de gran interés, como los dedicados a la censura en la BBC, a los cien años de la Revolución Rusa, o a lo digital en la música, además de listas firmadas por los cuatro maestros titulares en Casa da Música (Baldur Brönnimann, Peter Rundel, Laurence Cummings y Paul Hillier) sobre aquellas obras que creen han señalado auténticas revoluciones musicales, con los Bach, Beethoven, Berlioz, Henze, Nono, Hendrix, etc.-).

Interpretación de Panic de Harrison BirtwistleInterpretación de Panic de Harrison Birtwistle © 2017 by Casa da Música

Y es que, aunque asociemos Música e Revolução mayoritariamente con el repertorio contemporáneo (por el festival portuense han pasado los Feldman, Stockhausen, Cage, Scelsi, Aperghis, Zappa, Ligeti, Zorn, Berio y un largo etcétera), es habitual que éste dé cabida a la música antigua para evidenciar que la dialéctica estilística (y sus tensiones derivadas) es un vector intemporal que recorre la historia en distintos grados de presencia y virulencia en sus conflictos socio-estilísticos. Aunque en 2017 no hemos contado en Música e Revolução con la Orquestra Barroca Casa da Música, algo de la música antigua se ha filtrado a estos escándalos en los Proms por medio de la presencia de Antechrist (1967), de Peter Maxwell Davies (Salford, 1934 - Sanday, 2016), una de sus muchas partituras en las que la música medieval nutre piezas que, así, parecen suspenderse en un limbo trasversal a los calendarios. Tal y como señala en sus notas al programa el compositor Daniel Moreira, Antechrist evidencia por primera vez en el catálogo de Maxwell Davies la cita histórica de un modo explícito, a través del motete del siglo XIII Deo confitemini, que se adentra y pone en marcha la partitura por medio de flauta y clarinete, mientras que los restantes instrumentos presentan una estructura disonante que le confiere esa mezcla de arcaísmo y modernidad. Parte de esa pugna da salida a nivel formal al contraste de caracteres que diríamos presenta dos elementos antitéticos entre sí, como aparición del espíritu de negación destructivo asociado al Anticristo. Es por ello el carácter netamente 'bipolar' de la lectura de Peter Rundel, soberbio a la hora de señalar ambientes tan dispares, con un deje melódico antiguo que alterna con pasajes en suspensión de gran densidad, oscuros y amenazantes. Es abrumador el detalle con el que expone esta página de dificultad menor, en cuanto a técnica instrumental, pero con la que hay que dar en el clavo en cuanto a estilo, si no queremos que suene como un pastiche un tanto ñoño. Habida cuenta el pulso tan firme de Rundel desde la batuta, su swing y detalle, así como la entonada ejecución del Remix Ensemble Casa da Música, hemos podido disfrutar de una gran lectura de un Antechrist que marcaba la entrada a un Música e Revolução de nivel interpretativo muy alto.

Si los temas de Antechrist parecían provenir de un pasado suspendido en el tiempo, la Kammersymphonie Nº1 opus 9 (1906) nos habla de una modernidad también intemporal, ya desde que Arnold Schönberg (Viena, 1874 - Los Angeles, 1951) bajara con la partitura de la montaña en un gesto que tanto nos recuerda al Moisés bíblico (tan cercano y afín a Schönberg) como al Zarathustra nietzscheano. La entrada en sus páginas resultó también trepidante, en la batuta de Peter Rundel, arrancando una lectura de enorme energía y pulso rítmico que me ha recordado sobremanera a la dirigida por Péter Eötvös a un Ensemble Modern (RCA 09026 61179 2) en el que -en aquella grabación del año 1991- el propio Rundel era violinista del conjunto alemán. Parece que el brío de aquel registro hubiese improntado a Peter Rundel, capaz de dar con la piedra filosofal y sentido último de esta página: su unión de gran forma sinfónica y punzante espíritu camerístico. Hábil diseccionador de estructuras musicales complejas, Rundel desentraña y expone los planos de esta Kammersymphonie Nº1 de un modo ejemplar, haciendo cada uno de ellos audibles cual orquesta de solistas, al tiempo que señalando el movimiento interno de sus motivos, su crecimiento y retorno, su acerado contrapunto y sus fluctuaciones en los límites de la tonalidad, con una fuerza vehemente y aristada que a uno le refresca los oídos tras la última audición en vivo de esta página (Santiago de Compostela, 29/10/2015), con una Orquesta Sinfónica de Galicia que, dirigida entonces por Arturo Tamayo, ofreció una versión antitética: plomiza, desgarbada, técnicamente pobre y sin asomo alguno de la modernidad que este opus 9 supone, más escorada allí hacia el halo postromántico que enfocada desde su carácter de vértice hacia un tiempo nuevo. Frente a aquel despropósito momificante (¡en el marco de unas jornadas de música contemporánea!), el propio Remix nos había ofrecido en Galicia, un año antes (Ourense, 05/06/2014), la Kammersymphonie Nº1 en la trascripción para quinteto realizada por Anton Webern: lectura que compartía con la hoy dirigida por Peter Rundel su estilo moderno, vehemente, técnicamente impecable, entroncada con la mejor tradición de grupos alemanes como el citado Ensemble Modern. Así pues, visita a los cimientos de la modernidad del siglo XX con un sabor de boca excelente.

La segunda parte del concierto subió al escenario de la Sala Suggia a la Orquestra Sinfónica do Porto Casa da Música con su titular al frente, el maestro suizo Baldur Brönnimann. Juntos, abordarían dos hitos en los escándalos de los Proms, comenzando por las fastuosas Fünf Orchesterstücke opus 16 (1909, rev. 1949) de Arnold Schönberg, estrenadas en Londres en 1912 gracias a ese visionario que fue el director (y cofundador de los Proms) Henry Wood, maestro cuyos vínculos con los compositores continentales son un buen ejemplo de las rutas a seguir en el diálogo futuro entre ambas orillas del Canal de la Mancha. En diversas ocasiones he manifestado mis dudas sobre el nivel interpretativo de la OSPCM a la hora de acercarse a partituras históricas del siglo XX; hoy no sería, en general, el caso, encontrando una orquesta muy entonada, capaz de ofrecernos un opus 16 schönberguiano de verdadero nivel, a pesar de que la primera pieza no es que haya brillado, en absoluto, pues ha faltado un pulso compartido para cuadrar los ataques, de modo que la virulencia de sus episodios entren a bloque, y no con los desajustes escuchados entre las diversas secciones, además de con un metal grave -en 'Vorgefühle'- muy desafortunado. Otra cosa ha sido un 'Vergangenes' realmente sobresaliente, de bellos ecos líricos, sublimando la belleza de un pasado que se intuye entre los dejes melódicos de la orquesta, como conjunto, y muy especialmente en unos solistas de gran musicalidad: celesta, fagot, violonchelo, viola. Ha sonado la OSPCM con un equilibrio de gran contención y serenidad, por lo que el tejido orquestal se ha escuchado a la perfección, rubricando la pieza más lograda de este opus 16. También 'Farben' se expuso con gran delicadeza, si bien en la regulación dinámica se podría pedir algo más de sutileza para acabar de hacer de la orquesta una melodía de timbres sin que algunos de ellos cobren un protagonismo (vía dinámicas) sobredimensionado, como fue el caso del primer contrabajo. De este modo, por el grosor de la pincelada, este lago reflectante ha adquirido un deje impresionista, con sus brillos alzados a espátula...

...en todo caso, se nota en la ejecución de estas Fünf Orchesterstücke lo positivo de la renovación de los atriles que está llevando a cabo la OSPCM. Frente a orquestas de plantillas anquilosadas e inamovibles, en las que sus propios músicos pueden llegar a representar un obstáculo para la necesaria actualización técnica y artística de una orquesta, la OSPCM está procediendo a una renovación (siempre conflictiva) que creo ya da sus frutos. A ello se suma el que tanto su maestro titular como sus visitantes llegan a Oporto a defender partituras en las que son verdaderas referencias internacionales, algo que contrasta con otros auditorios en los que parece que sus titulares llevasen una doble vida: entre un compromiso de mínimos con su orquesta (generalmente por medio de programaciones timoratas y provincianas) y una rutilante suma de novedades al dirigir otras formaciones lejos del podio del que ostentan una responsabilidad no sólo técnica, sino artística. Al no padecer esta sangrante dicotomía en Casa da Música, su Sinfónica viene creciendo de forma ininterrumpida, tanto en programación (pocas -o, creo, ninguna- orquestas ibéricas la pueden igualar) como en calidad interpretativa. 'Peripetie' fue un nuevo ejemplo, dentro del opus 16 de Arnold Schönberg. Si bien con algunos pequeños desajustes en los metales (en una cuarta pieza especialmente compleja al respecto, con sus súbitos y expresionistas sforzando), el conjunto suena vibrante y enérgico, contagiada su tensión por el impulso que otorga a la OSPCM un Baldur Brönnimann que me sigue pareciendo un director equilibrado a la par que meticuloso y cómplice a través del gesto con su orquesta. Por último, 'Das obligate Rezitativ', que emerge como una visión tras el golpeo final, rotundo e incisivo de 'Peripetie'. No es sencillo lidiar con unas piezas tan intrincadas, en las que se une lo sensual y lo violento, lo viejo y lo nuevo -¡qué gran conocedor de la tradición fue Schönberg!-, lo lírico y lo grotesco. 'Das obligate Rezitativ' lo funde todo de forma sublimada, en una música plasmática en la que los ataques parecen formar parte de una realidad pictórica, aquí manejada por Brönnimann desde una tonalidad ocre tan de la Viena finisecular, por lo que su lectura transitó las diversas sustancias que convergen en esta partitura histórica, escuchada en Oporto con una notabilidad que me habla de un buen estado de forma de la OSPCM que espero perdure desde esa exigencia inflexible para con el texto y la novedad musical.

Christian Dierstein, Marcus Weiss, Harrison Birtwistle y Baldur BrönnimannChristian Dierstein, Marcus Weiss, Harrison Birtwistle y Baldur Brönnimann © 2017 by Casa da Música

...y es que, más allá de que, a través de una referencia velada al dios Pan, Birtwistle nos conduzca, como en tantas otras de sus partituras, a la antigüedad y a la mitología, en Panic podemos escuchar metales en sordina que nos hablan del expresionismo de la Segunda Escuela de Viena; glissandi en el timbal que nos remiten a Béla Bartók; un manejo de la polirritmia que actualiza las intrincadas métricas de Stravinsky; o un trabajo de estructuras que, vía diálogo entre solistas y orquesta, desde un espíritu transatlántico (porque mucho anglosajón y jazzístico hay en Panic) vincula a Birtwistle con lo más sólido de la escuela centroeuropea. Y así fue cómo lo entendió un soberbio Baldur Brönnimann que, pese a las excelencias previas, nos brindó aquí la interpretación más rotunda y completa de la noche, en una partitura de una endiablada complejidad. Brönnimann, de gesto claro y enérgico, impulsa a la OSPCM desde la cintura, con unos golpes de espalda que proyecta elevando su brazo con determinación, prácticamente alzando el edificio sonoro de una formación en la que ha enfatizado tanto lo más violento de la partitura (destacadamente, percusiones -¡soberbias!- y metal grave) como lo más refinado (unas maderas que hoy he encontrado especialmente entonadas), creando no sólo oleadas de golpeos polirrítmicos fascinantes, sino hasta islas de serenidad en semejante caos ordenado.

Mención aparte para dos solistas de auténtico lujo: un Marcus Weiss que ha puesto desde su saxofón alto lo más 'lírico' y 'melódico' (no dejen de verse las comillas) y un Christian Dierstein de impresión en sus dos baterías, además de en los compases en los que dirige a parte de los metales para crear dos grupos en la orquesta de reminiscencias ivesianas. La virulencia de Dierstein en la percusión ha estado en total sintonía con el aguerrido pulso de Baldur Brönnimann sobre el podio, de forma que hablamos de una versión totalmente coherente entre batuta, solistas y una OSPCM sin fisuras a la hora de crear la multiplicidad de planos que cohabitan en semejante marasmo sonoro, al que se han arrojado sin contemplaciones, amparados en la mayor seguridad que han ganado a lo largo de sus ya bastantes años de contacto con el repertorio contemporáneo: motivo, no se olvide, por el que muchos nos desplazamos hasta Oporto varias veces al año (y es que no sólo del divismo y la antigüedad vive en el siglo XXI el melómano), buscando aquellas partituras de las que se nos priva en nuestras ciudades de origen, dentro de una eurorregión Galicia-Norte de Portugal que sigue creciendo musicalmente de forma mucho más sólida y ambiciosa al sur del río Miño, paliando la marginalidad que la periferia geográfica impone a través de un diálogo cultural al máximo nivel con Europa, incluso (afortunadamente) con aquellos con los que ahora se levantan nuevas fronteras: con una Gran Bretaña que seguirá, durante 2017, ofreciendo en Oporto motivos para que lamentemos, aún más, la triste votación del Brexit, el 23 de junio de 2016.

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