Reino Unido

¿Por quién doblan las campanas?

Agustín Blanco Bazán
viernes, 19 de mayo de 2017
Londres, sábado, 6 de mayo de 2017. Royal Opera House (ROH) en el Covent Garden. El ángel exterminador. Ópera en tres actos con libreto de Tom Cairns, Luis Buñuel y Luis Alcoriza y música de Thomas Adès. Tom Cairns, regisseur. Hildegard Bechtler, escenografía y vestuario. Jon Clark, iluminación. Tal Yarden, videos. Amir Hosseinpour, coreografía. Intérpretes: Leonora, Anne Sofie von Otter. Blanca, Christine Rice. Nobile, Charles Workman. Lucia, Amanda Echalaz. Raúl, Frédéric Antoun. Doctor, John Tomlinson. Roc, Thomas Allen. Francisco, Iestyn Davies. Eduardo, Ed Lyon. Leticia, Audrey Luna. Silvia, Sally Matthews. Beatriz, Sophie Bevan. Lucas, Hubert Francis. Enrique, Thomas Atkins. Señor Russell, Sten Byriel. Coronel, David Adam Moore. Julio, Morgan Moody. Pablo, James Cleverton. Meni. Elizabeth Atherton. Camila, Anne Marie Gibbons. Padre Sansón, Wyn Pencarreg. Yoli, Jai Sai Mehta. Coros y orquesta de la ROH dirigidas por Thomas Adès. Coproducción con el Festival de Salzburgo, la Metropolitan Opera House de New York y la Ópera Real de Copenhaguen. Estreno londinense de “El ángel exterminador”
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La ópera comienza y termina con campanas y el compositor ve en ellas no sólo ecos de la película que ha musicalizado sino también de otras de Buñuel, Tristana, por ejemplo. Adès nos conmina a la acción dramática usando las campanas como si se tratara de una heráldica llamada de clarín. Según él, las campanas de iglesia invitan a la eternidad que se filtra en la velada sin fin descrita en su ópera. Y la espectral atemporalidad del ángel invisible es también acentuada por una inteligente utilización de ondas Martenot en momentos claves, como por ejemplo la segunda y definitiva entrada de los invitados a la mansión que les servirá de trampa. Mientras las campanas evocan la eternidad, las ondas sugieren que la temporalidad esencial de la realidad exterior ha desaparecido y según Adès, suenan “como el canto de sirena de la mitología griega que nos pide quedarnos”.

Algo similar a otro elemento musical unificador: el del vals. Adès advierte que se trata del vals vienés, un arquetipo musical de decadencia y evasión. En sus propias palabras: “el vals nos pide que no volvamos a casa, que nos quedemos un poquitín más”. Calixto Bieito fue el primero en asociar la obra de Buñuel con el vals vienés cuando escenificó los tres actos de El murciélago en un salón art deco que termina atrapando a todos los personajes en una fiesta sin fin o tal vez con un fin siniestro de dictadura y represión. Adès deconstruye valses archiconocidos en partículas que utiliza con extremada sutileza. Por ejemplo, la desazón matutina de una de las invitadas que decide quedarse porque no ve el sentido de estar vagando por las calles en la madrugada, es acompañada por una reminiscencia del vals straussiano Las mil y una noches, en alusión a la eternidad de cuentos exigida por un sultán que, como el ángel de Buñuel, también está empeñado en prolongar una evasión si es posible hasta la eternidad.

'El ángel exterminador' de Thomas Adès. Dirección musical, Adês. Dirección escénica, Tom Cairns. Londres, Royal Opera House, mayo de 2017 'El ángel exterminador' de Thomas Adès. Dirección musical, Adês. Dirección escénica, Tom Cairns. Londres, Royal Opera House, mayo de 2017 © Clive Barda, 2017

En contraposición a la claustrofóbica atmósfera del salón de la película, Hildegard Blechter propone un cuadro escénico minimalista consistente en un gran marco que divide primero el comedor y luego la realidad inalcanzable de la calle y los tumultos frente a la casa encantada por un lado, y por el otro el salón donde permanecen atrapados los personajes, todos ellos cameos y protagonistas al mismo tiempo gracias a la nitidez de movimiento instruida por Tom Cairns. El programa de mano dice que el libreto del mismo Cairns y Adès está “basado” en Buñuel y Alcoriza pero lo cierto es que el ochenta por ciento ha sido copiado de estos últimos. Por ello nuestra ficha técnica prefiere señalarlos como coautores. De cualquier manera, Adès musicaliza cada frase con una ironía faltante en esta película genial pero afectada por la expresión acartonada de actores de segunda. Es gracias a ello que la ópera ayuda a comprender mejor el original buñuelesco. Y también los agregados de Cairns y Adès realzan la acción con pathos acertadamente operístico. Por ejemplo: la soprano Leticia canta una canción ladina (inspirada en Zionide de Yehuda Halevi) a través de la cual los personajes logran evocar su situación inicial para así liberarse de su encierro.

'El ángel exterminador' de Thomas Adès. Dirección musical, Adês. Dirección escénica, Tom Cairns. Londres, Royal Opera House, mayo de 2017'El ángel exterminador' de Thomas Adès. Dirección musical, Adês. Dirección escénica, Tom Cairns. Londres, Royal Opera House, mayo de 2017 © Clive Barda, 2017

Adès ha definido la originalidad de esta su tercera ópera como un intento de dramatizar una acción donde nadie va a ninguna parte, en contraposición al dogma operístico según el cual los personajes siempre corren de un lado al otro en busca de algo definido. Su propuesta se impone convincentemente en dos primeros actos de tensión creciente y separados por un agitado interludio donde la percusión evoca el implacable redoble de tambores en la Semana Santa de Calanda, tan gráficamente descriptos por Buñuel en su autobiografía. El desarrollo dramático a partir del final del segundo acto y durante el tercero es de efectiva vertiginosidad: los dúos de los amantes Eduardo y Beatriz adquieren reminiscencias de Tristán e Isolda en su identificación de amor y muerte y el desmoronamiento de cada personaje es retratado con nitidez en contraposición a disturbios callejeros acompañados de fanfarrias de mariachi y los ecos de sombrío réquiem cantado por un coro invisible. Adès y Cairn avanzan la represión del motín final de la película para colocarlo en medio del tercer acto como una asonada popular para “liberar” a estos burgueses que han decidido aprisionarse ellos mismos. Y el final, aún cuando con campanas es sin iglesias. Los personajes simplemente trascienden el gran marco para presentarse a un proscenio que indica una dimensión a compartir con el público: todos estamos finalmente encerrados en el mundo del inasible pero realísimo y palpable ángel exterminador.

'El ángel exterminador' de Thomas Adès. Dirección musical, Adês. Dirección escénica, Tom Cairns. Londres, Royal Opera House, mayo de 2017 Sally Matthews e Iestyn Davies en 'El ángel exterminador' de Thomas Adès. Dirección musical, Adês. Dirección escénica, Tom Cairns. Londres, Royal Opera House, mayo de 2017 © Clive Barda, 2017

En el excelente elenco de cantantes artistas sobresalieron vocalmente la Silvia de Ávila de Sally Matthews, Anne Sofie von Otter como una inquietante Leonora Palma, y Audrey Luna quien como la soprano Leticia debió negociar una despiadada tesitura alta similar al Ariel de La Tempestad del mismo Adès. Con voz forzada pero con convincente histrionismo actoral interpretó John Tomlinson al doctor Carlos Conde, en la ópera un verdadero deus ex machina, no sólo el chivo expiatorio que todos quieren matar sino, tal vez, el representante carnal del mismísimo ángel del título. Excelentes vocalmente Ed Lyon y Sophie Bevan como Eduardo y Beatriz pero…¿para qué seguir? Ya he dicho que ésta es una ópera donde todos son cameos y protagonistas y en este caso todos estuvieron superlativos. Adès dirigió como lo hace siempre, ya sea con sus obras o con las de cualquier otro compositor, esto es, con clara asertividad dramática y decantado balance entre el foso y el escenario.

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