Finlandia

Noh escandinavo

Ainhoa Uria

lunes, 29 de mayo de 2017
Helsinki, sábado, 15 de abril de 2017. Suomen Kansallisoopera. Only the sound remains (2015). Estreno en Finlandia. Libreto adaptado por la compositora de traducciones en inglés de Ezra Pound y Ernest Fenollosa sobre dos dramas Noh con música de Kaija Saariaho. Estreno mundial en Ámsterdam el 15 de marzo de 2016. Director de escena : Peter Sellars, Escenografía: Julie Mehretu, Vestuario: Robby Duiveman, Iluminación: James F. Ingalls, Diseño de sonido: Christophe Lebreton, Director musical: André de Ridder. Subtítulos en inglés: Eija Hirvonen. Contratenor (Espíritu de Tsunemasa y Ángel): Anthony Roth Costanzo, Barítono-bajo (Sacerdote y pescador): Davone Tines), Bailarina y coreógrafa : Nora Kimball-Mentzos, Cuarteto vocal: Tuuli Lindeberg, Katariina Heikkilä, Matias Haakana, Nicholas Söderlund, Kantele: Eija Kankaanranta, Flautas: Camila Hoitenga, Percusión: Heikki Parviainen, Cuarteto de cuerda Meta4: Antti Tikkanen, Minna Pensola, Atte Kilpeläinen, Tomas Djupsjöbacka, Producción de sonido: David Poissonnier, Timo Kurkikangas. Aforo: 1350. Asistencia: casi completo.

La entrada a la Ópera en un día tan frío, en una primavera que no sube de cero grados, se muestra amable y una vez dejado el exceso de ropa en guardarropía se puede pasear por el recinto, ir a la tienda de la ópera a comprar un bolígrafo con el que escribir algunas notas o tomar un café de la infinidad de ellos que se sirven en Finlandia para soportar las largas y heladas noches de invierno.

Unas cálidas trompas en batería dan la alerta de entrada al auditorio. Las butacas de la acogedora sala se disponen en un cuerpo único como patio y en tres terrazas que miraban de frente a la tela realizado por la etíope Julie Mehretu, que recordaba a los dibujos a la tinta japoneses y a la vez nos situaba en el nudo psicológico en el que nos íbamos a ver envueltos. Tras la solemne entrada de los integrantes de la reducida agrupación, lo hace el maestro André de Ridder; su llegada al atril coincidió con el proceso de oscurecimiento del teatro hasta dejarnos en compañía de la soledad y del silencio, emocionalmente necesarios para la concentración esencial de un comienzo tan minimalista.

La primera de las dos óperas que alberga Only the sound remains, “Always strong” suena desde la eternidad del tiempo y la oscuridad del silencio en el que se comienza a integrar la orquesta. La armada y cavernosa voz Gyokei entra desde la nada, explicando la situación en la que el laudista de la corte, Tsunemasa, perdió la vida. El sacerdote Gyokei reza y ofrece el laúd de Tsunemasa objetivo de tales oraciones, para su elevación a Buda. La rica voz de contratenor del espíritu del hombre joven, asoma como una aparición al momento que detrás de la tela aparece su semblante difuminado, tenue y blanquecino representando los pensamientos del sacerdote. El afinadísimo y bien tratado canto, muy expresivo y con cantidad de matices a cada sílaba emitida aprovechada musicalmente, junto con su fantasmagórica, inquietante interpretación. La conexión emocional entre sacerdote y laudista, sin embargo parecía mucho más estrecha puesto que el primero parecía volverse loco por los pensamientos que le atormentaban. La tensión que se crea entre ellos va creciendo y creciendo creándose una situación casi insostenible hasta que se resuelve con un mágico beso que deja la situación calma.

A modo de drama Noh, en lo que está inspirada esta performance, los pocos músicos ambientaban el calmo ritmo de la evolución del tema, caracterizado por la ansiedad y la tensión emocional continua. Una fantasmagórica luz blanca extremadamente cerca de la cara de Tsunemasa le dotaba de una lumínea máscara que nos hacía volar por los rincones de nuestra mente. Las sombras chinas resultado de la proyección de estudiados haces de luz desde diferentes posiciones, aparecían amplificadas o empequeñecidas dependiendo del texto y las emociones que el sacerdote nos comunicaba, reforzándose así su percepción estética.

La tela amplía su tamaño para “Feather Mantale”, la segunda obra de la noche, mostrándose sobre ella los ricos colores de la primavera que está a punto de despuntar. Entra en escena un ángel buscando su manto de plumas sin el cuál no puede volver al cielo; un pescador se lo encontró en una rama y sólo se lo devolverá si el ángel baila para él. Nora Kimball-Mentzos, de vital importancia para la comprensión de la situación, realiza una expresiva danza a cambio de su manto de plumas, tras la cuál se aleja más allá del Monte Fuji.

Davone Tines actuó en la premier en Holanda en sus dos papeles mientras que Anthony Roth Costanzo se estrena con esta ópera en Finlandia. La química que se palpa es innegable. El inesperado beso entre ellos es el punto hacia el que tiende la enorme tensión que genera la obra y que , aunque es la consecuencia lógica, no deja de impactar. Funciona, al igual que la tela, como nexo conductor de Only the sound remains pero lo que sorprendía la primera vez, deslucía algo la segunda, haciendo que la atención se difuminara un poco.

La acertada labor de ensamblaje del Maestro de Ridder, el finísimo trabajo de las cuerdas y del coro que se mantenía en pie durante toda la ópera, fue más que agudo y eficiente en su complicada afinación, en momentos teniendo que moverse por intervalos más pequeños que el semitono diatónico. El versátil timbre que daban varios instrumentos de la familia de las flautas, la inquietante sensación que producía la percusión y el color étnico que proporcionaba el Kantele sumados al ambiente que generaba el sonido editado que se enviaba desde producción, formaban un conjunto musicalmente muy ensamblado y satisfactorio.

Tuvimos la suerte de ver en persona a la laureada Kaija Saariaho, que salió a saludar junto con el elenco y a recibir también sus merecidos aplausos tras un despliegue, que como decía Davone Tines, iba desde pequeñas gotas de lluvia hasta una abrumadora tormenta de sonido.

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