Estados Unidos

Cancelaciones que saben a gloria

Manon Lescaut

miércoles, 10 de abril de 2002
Nueva York, miércoles, 27 de marzo de 2002. The Metropolitan Opera House, Nueva York G. Puccini, Madama Butterfly Giancarlo del Monaco, Dirección Escénica. Michael Scott, Escenografía y Vestuario. Catherine Malfitano (Cio-Cio-San), Walter Fraccaro (Pinkerton), Juan Pons (Sharpless). Orquesta y Coros del Metropolitan Opera House. Dirección Musical: Marco Armiliato. Ocupación: 100 %
El reparto que estaba previsto era mediocre al lado de la suerte de contemplar a la vez a Pons, Fraccaro y Malfitano juntos y dirigidos, sin pena ni gloria, por Marco Armiliato. ¡Qué ópera tan difícil Madama Buttefly! Difícil para la orquesta, quizás tanto como La Bohème. Así, Armiliato concertó, pero no entusiasmó. Fue magnífico el coro de bocas cerradas y se le fue la mano con la intensidad al acompañar a los cantantes en la mayor parte de los casos.Malfitano está bastante tocada y de eso se resintió su 'Un bel dì vedremo', pero no su suicidio. Allí estaba ella, desesperada, tremendamente verista, a punto de clavarse un puñal después de haberse despedido tristemente de su hijo.Fraccaro está en la misma situación. Cuando cantó en el Real 'Manrico' observamos que tiene un agudo seguro -aunque García Navarro no le dejó dar el Do de la pira, para evitar que fuera comparado con el tenor gangoso del primer reparto, esto es, José Cura-. Pero observamos también, que se fatiga. Sin embargo, otro sobresaliente para él.Juan Pons es 'Sharpless'. Podría decirse que canta como si el papel fuese suyo y es así. Pero lo hace con 'Sharpless' con 'Rigoletto' y con lo que le pongan delante. La voz no es la de un cantante joven, pero tampoco actúa como un cantante joven, sino como un veterano. Hizo de su personaje la esencia de la conmiseración humana. Trató a 'Cio-Cio San' con respeto y sufrió con ella de principio a fin.Los secundarios estuvieron muy bien, en todos los casos.La puesta en escena se pasó de clásica. Quizás deba modernizarse el concepto de japonesería que tantos escenógrafos aplican implacables a esta ópera. Una cosa es el ambiente español de Carmen y otra que vayan todos vestidos de toreros y manolas. Aquí sucede un poco eso. Sin embargo, la profesionalidad a prueba de bomba de Giancarlo del Monaco estaba allí y su buen gusto también, apoyado por un decorado de Scott estupendo.

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