España - Madrid

El día de las nueve

Jonay Armas

lunes, 10 de julio de 2017
Madrid, sábado, 24 de junio de 2017. Auditorio Nacional de Música. Orquesta Sinfónica de Madrid, Orquesta de la Comunidad de Madrid, Orquesta Sinfónica de RTVE, Coro y Orquesta Nacional de España y Joven Orquesta Nacional de España (JONDE). Victor Pablo Pérez, director. Haydn, Sinfonía No.9 en Do major, Hob.I:9. Beethoven, Sinfonía No.9, en Re menor, Op. 125. Garay, Sinfonía No.9 en Mi bemol. Schubert, Sinfonía No.9 en Do mayor, D. 944. Mozart, Sinfonía No.9 en Do mayor, K. 73/75a. Bruckner, Sinfonía No.9 en Re menor. Shostakovich, Sinfonía n.º 9, Op.70. Dvořák, Sinfonía No.9 en Mi menor, Op. 95. Mahler, Sinfonía No.9 en Re menor. "¡Sólo música! Nueve Novenas" Cinco conciertos. Ocupación: 60-95%.

Es inevitable que, por comparación, la misión que hace ahora un año llevase a cabo Juanjo Mena dirigiendo la integral sinfónica de Chaicovsqui en un solo día palidezca ante la labor titánica de Victor Pablo Pérez esta temporada, que se atrevió a conducir nueve novenas sinfonías también en una sola jornada. Lo señalaba el propio director en las entrevistas previas al evento: el reto no es solo físico, sino también emocional. Y es cierto, uno no sale indemne de experiencias tan hondas como las que proponen Beethoven, Mahler o Bruckner.

De modo que no parece ilógico que el director reservase sus fuerzas en determinados momentos de la jornada, consciente de lo que quedaba aún por delante: las sinfonías de Haydn y Beethoven, que ocupaban el concierto de la mañana, fueron despachadas desde la corrección pero sin grandes alardes, a pesar de una enérgica respuesta por parte de la orquesta. Lo mismo ocurría con la Grande de Schubert tras un primer movimiento brillante, como si el director quisiera dosificar sus energías para lo que estaba por llegar. Llama la atención que pequeñas miniaturas como las obras de Haydn, Garay o Mozart (o el propio Shostakovich, si fuéramos estrictos) fuesen colocadas junto a verdaderos monumentos como los de Bruckner o el propio Beethoven, evidenciando que tal vez el programa obedecía más a la ocurrencia del título (Nueve novenas) que a la coherencia de la programación.

Pero poca coherencia hay de base en querer dirigir nueve sinfonías en una sola jornada. El evento parecía tener su gran reclamo en el desafío físico y mental que suponía para el conductor y también para el oyente, si bien a juzgar por las distintas audiencias que concurrían en la sala, el público escogió su concierto particular de entre los cinco propuestos para celebrar la jornada musical del sábado. A la sesión con Ramón Garay y Franz Schubert, resueltos ambos desde la pura corrección (salvo el ya celebrado primer movimiento de la Grande) le siguió un concierto protagonizado por las Novenas de Mozart y Bruckner. El buen nivel de la Orquesta de RTVE propició una lectura deliciosa de la obra mozartiana, soberbia en los tempi y con una sección de cuerda brillante y llena de lirismo. Victor Pablo se aproximó al colosal edificio bruckneriano desde la solidez y la cohesión del material, tratando de obtener a pesar de todo una envidiable claridad en las voces. La honda lectura, preocupada por la belleza de los timbres, la convirtió en una de las interpretaciones del día.

Quizá lo más sobresaliente de la jornada estaba aún por llegar: el trabajo tímbrico con Bruckner quedó enseguida olvidado con el asombroso estudio de los planos orquestales en la Novena de Shostakovich, que la Orquesta Nacional convirtió en uno de los grandes momentos del sábado a pesar de su reducido tamaño con respecto a sus compañeras de función. Unas maderas notables en los solos, un lúcido control de los tempi y una enérgica respuesta de la formación dieron como resultado una lectura encendida y sugerente. La Sinfonía "del Nuevo Mundo" de Dvořák resistió las comparaciones: una lectura hecha desde la pura intensidad más que del lirismo. Aun cuando el movimiento lento sobrecogía el alma, fueron los movimientos extremos de la obra los que proponían una lectura más personal, en la que no importaban tanto los errores de sincronización entre los grupos orquestales como la búsqueda de esa energía salvaje, esa pasión desmedida, esa alegre agitación de la partitura que muchos directores parecen incapaces de conseguir preocupados por una ejecución correcta. El evento cerró con la Novena de Mahler, valientemente encomendada a la JONDE, que dio todo de sí en este difícil monumento, testamento de vida y muerte y colocada en último lugar del día como despedida, lo que permitió al director volcar todo cuanto le quedaba de aliento en una lectura sentida y emotiva, apagándose en el silencio finalmente. Al terminar el día, lo que parecía un reto absurdo había quedado empequeñecido ante la grandeza de un director que intentó dar lo mejor de sí. No había cansancio, sino todo lo contrario, el deseo de repetir pronto un evento como este. Ya nada parecía imposible.

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