Obituario

Centenario de Wieland Wagner

Carlos Ginebreda

viernes, 4 de agosto de 2017

El pasado 5 de enero de 2017 se cumplía el centenario del nacimiento de Wieland Wagner, nieto de Richard Wagner. Wieland Wagner es conocido por haber rehabilitado, junto a su hermano Wolfgang, el Festival de Bayreuth a partir 1951 y por su nueva estética revolucionaria en la producción de los dramas compuestos por su abuelo. El “Nuevo Bayreuth”

Afortunadamente en España, Ángel Fernando Mayo con su testimonio a través de escritos, conferencias, programas de radio y reseñas discográficas, nos dio amplio y completo retrato de Wieland Wagner y del “Nuevo Bayreuth”, desde que viajara al Festival de Bayreuth en 1962 y trabajara allí como tramoyista en las producciones de Wieland Wagner. Y más tarde, periódicamente, como apasionado wagneriano1.

Al abordar la obra artística de Wieland Wagner, nos encontramos con dos limitaciones importantes. En primer término, hay pocas filmaciones de sus producciones; existen fotografías, aunque pocas en color2, que son insuficientes para los que no fuimos testigos presenciales. Sí disponemos de abundantes testimonios fonográficos para juzgar el extraordinario nivel estético que se alcanzó en aquellos años en Bayreuth. La segunda limitación proviene del mismo seno de la familia Wagner. Tras el fallecimiento de Wieland, su hermano Wolfgang Wagner ordenó la destrucción de todo lo realizado por su hermano incluidos archivos y documentos. Y también deshaució a la familia de Wieland de la casa anexa a Wahnfried, donde había vivido Siegfried Wagner. El conflicto entre los hermanos ha permanecido hasta la actualidad, ya que Verena, hermana de Wieland y Wolfgang y última nieta supérstite de Richard Wagner, y Nike, hija de Wieland, han perdido un pleito ante los Tribunales de Bayreuth, con imposición de costas, por no estar conformes con el gobierno único del Festival, que actualmente ejerce Katharina Wagner, hija de Wolfgang.

En este punto cabe preguntarse dónde y cómo aprendió, y cómo se iniciaron sus concepciones estéticas. Hay dos períodos de la vida de Wieland de gran interés. El primero durante la guerra en el Teatro de la Ópera de Altenburg, y el segundo, en la inmediata posguerra, en Nussdorf.

Altenburg y Kurt Overhoff

Wieland aprendió dibujo y pintura en Munich en los años treinta, y tras estallar la Segunda Guerra Mundial fue declarado exento del servicio militar por ser el vástago y heredero de los Wagner (aunque en Bayreuth sólo le habían encomendado los decorados de Parsifal para los Festivales anteriores al comienzo de la guerra). Fue en ese momento, a principios de los años cuarenta, en el que le pusieron en contacto con Kurt Overhoff Director de la Ópera de la pequeña población de Alterburg. Overhoff fue su tutor (como tantas veces, Wieland unió sus destinos a una persona mayor que él), y con él estudió en profundidad el Anillo wagneriano, durante un período aproximado de tres años. Pero lo mejor para Wieland fue que Altenburg era un teatro pequeño, con poco presupuesto y fue el lugar donde pudo experimentar con libertad su forma original y moderna de expresarse en la obra de Wagner. Lo interesante del caso es que simultaneó el austero Anillo de Alterburg con otro Anillo que le encomendaron realizar en Hamburgo, con más presupuesto, medios y más próximo a la ortodoxia tradicional.

Posguerra en Nussdorf

Acabada la Guerra, Wieland, su esposa Gudrun y los niños se instalaron en una casa de la familia en la población de Nussdorf, junto al lago Constanza. Era zona de ocupación francesa. Les acompañaron su hermana Verena y su marido Bodo Lafferenz. Llegaron con lo que habían podido salvar de Wahnfried, principalmente partituras y escritos de su abuelo, y enterraron el tesoro junto a un árbol del jardín.

Wieland continuó formándose. Leyó una y otra vez las principales tragedias de la antigua Grecia, hizo maquetas para representar obras de Wagner, y pintó cuanto pudo. Se aprendió Parsifal de memoria, e intercambió correspondencia con Kurt Overhoff, haciéndole todo tipo de consultas. Luego emprendió la misma tarea con Tristán. A estos años en Nusssdorf, Wieland los llamó la “los años oscuros y creativos”. Geoffrey Skelton describe muy bien esos años tan fructíferos, en su libro Wieland Wagner, The positive Sceptic.

Cabe destacar aquí otra gran cualidad de Wieland durante ese período. Su increíble capacidad de concentración y aislamiento, ya fuera por el ruido de fondo del jaleo de niños, o bien por vientos fríos y tormentas.

 

En la aparente soledad, encontró Wieland el punto de partida en la frase de su abuelo “Kinder, macht Neues, Neues Neues”. “Chicos, haced algo nuevo, nuevo, nuevo, porque si no os invadirá el demonio de la improductividad y os convertirá en artistas miserables”. Wieland había recordado luego la frase como “Kinder schafft Neues” “Chicos cread algo nuevo”. Utiliza el verbo crear en lugar del verbo hacer.

La idea de Wieland fue la de recrear y no sólo la de hacer, basándose en la teatralidad y el dinamismo de los cantantes, que él convirtió en cantantes-actores a los que describía la psicología de cada personaje. Cabe recordar que en aquella época el Festival disponía de voces extraordinarias, tanto de la vieja escuela como cantantes que iniciaron su andadura después de la Segunda Guerra Mundial. Los vistió como a dioses griegos, sin cascos alados, armaduras ni escudos. Y muchos de los directores de orquesta a los que invitó dieron representaciones inconmensurables.

La luz y el estado de ánimo

Finalmente y ya reanudados los Festivales en 1951, Wieland dió una gran importancia a la iluminación y al uso de colores, todo ello de acuerdo con cada momento psicológico del drama o la música que se representaba, ateniéndose a los diversos motivos conductores indicados por Richard Wagner. La ayuda del experto en iluminación Paul Eberhart3 y los modernos equipos de la casa Siemens hacían estallar su imaginación.

La isla del viento y el escepticismo como modo de vida

La isla de Sylt está al norte de Alemania, y allí pasaba sus días de descanso Wieland Wagner. Está situada a la misma latitud que la ciudad siberiana de Omsk o que el punto más sureño de Alaska, pero es desde el siglo XIX uno de los lugares más apreciados por los alemanes para pasar las temporadas de verano. Sus días sin viento se concretan en no más de cuatro al año, soplando en los restantes días viento del Oeste. Dispone 40 kilómetros de playas de arena finísima, dunas y marismas.

Por qué allí y no a orillas del Mediterráneo o en un balneario. Wieland era un solitario. Gozaba con la sequedad del viento y era su mejor forma de relajarse. La isla de Sylt se lo proporcionaba.

Wieland era un tipo serio, a veces tímido, reflexivo y con mucha vida interior. Era abstemio (al menos después de la guerra) y no le gustaba la vida social. No era campechano ni cultivaba las relaciones públicas como sí lo hacía su hermano Wolfgang. Wieland era un estudioso y un trabajador incansable, que depositaba a menudo su confianza en personas mayores que él. Pero cuando imponía su autoridad lo hacía con total determinación y sin medias tintas. Y no faltaban comentarios mordaces y sarcásticos o cínicos a los que le rodeaban. Pero profesaba afecto e incluso ternura a determinadas personas a las que dedicó páginas de sincero homenaje4.

 No escribió mucho, pero sí lo suficiente para hacerse entender en su nueva concepción de las obras de su abuelo.

Wieland se definió a sí mismo como un escéptico. Negaba las ideas preconcebidas e inalterables. Al editor británico Victor Gollanz le explicaba que “nadie de su generación había podido poner un nombre determinado a una tendencia artística” y esto es así porque “no deben existir ideas fijas”5. Se consideraba perteneciente a una generación de escépticos con un espíritu permanentemente cambiante. También sus escenografías o algunos detalles de sus producciones se modificaban de un año para otro6. Experimentaba en invierno, en Colonia, en Frankfurt, Stuttgart y allá donde pudiera evolucionar.

El Festival de Bayreuth de 2017 ha iniciado su homenaje con música de Wagner, Verdi y Alban Berg. Tanto Verdi como Berg eran compositores muy estimados por Wieland, y en diversos teatros de Alemania hizo admirables producciones de Otello y Aida así como de Lulu y Wozzeck. Además hay exposiciones publicaciones, conferencias y homenajes diversos.

Notas

Véase el artículo el artículo de A. F. Mayo “Recuerdo de Wieland Wagner” en el número 90 de la Revista Scherzo, junto al que hay excelente traducción del artículo que Wieland publicó en 1958 bajo el título “Wagner, monumento protegido”. Es también de gran importancia el número 533 de la Revista Ritmo de mayo de 1980 “Una introducción discográfica del Nuevo Bayreuth”. Pero son tantas las referencias a Wieland Wagner en trabajos realizados por Ángel F. Mayo, que no podemos reseñarlos todos en este artículo. Muy interesante es también la primera crónica de los Festivales de Bayreuth, que A. F. Mayo escribió para la Revista Destino en 1962

En el calendario que se envió en enero de 2017 a los miembros de la “Sociedad de Amigos de Bayreuth”, hay fotos de escenografías de Wieland, pero todas en blanco y negro, eso sí, una foto para cada mes del año con escenas de Wieland. Este gris comienzo sólo se ha subsanado medianamente en el Almanaque de 2017 que se ha enviado a los socios, donde sí hay fotos en todo su color y esplendor, pero saben a poco

Wieland escribió una carta llena de admiración y respeto a Paul Eberhart en el Programa del Rheingold del Festival Bayreuth de 1966.

Afectuoso artículo dedicado a Knappertsbusch en el Programa de Tannhäuser de 1958, y un prólogo dedicado a Astrid Varnay para el libro biográfico de “Astrid Varnay”. Berndt Wessling, Bremen 1965.

Victor Gollanz, “The Ring at Bayreuth: and some thoughts on operatic production”. London 1966

Así puede verse en el Programa de Parsifal de Bayreuth de 1973: fotos en las que puede comprobarse cómo iba evolucionado su importantísima producción de Parsifal de 1951 a 1973.

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