Austria

Una macabra carcajada (y una magnífica noche de ópera)

Teresa Cascudo
viernes, 11 de agosto de 2017
Salzburgo, sábado, 5 de agosto de 2017. Festival de Salzburgo. Grosses Festpielhaus. Dmitri Shostakovich, Lady Macbeth von Mzensk, ópera en cuatro actos (1930-1932) sobre libreto de Alexander Preis y Dmitri Shostakovich a partir de la novela de Nikolai Leskow. Andreas Kriegenburg (director de escena), Harald B. Thor (escenografía),Tanja Hofmann (figurines), Stefan Bolliger (iluminación), Ernst Raffelsberger (dirección del coro), Christian Arseni (dramaturgia). Intérpretes. Nina Stemme (Katerina Lwowna Ismailowa), Dmitry Ulyanov (Boris Timofejewitsch Ismailow), Maxim Paster (Sinowi Borissowitsch Ismailow), Brandon Jovanovich (Sergej), Evgenia Muraveva (Aksinja / Zwangsarbeiterin), Andrei Popov (borracho), Ksenia Dudnikova (Sonjetka), Lehrer Stanislav Trofimov (Pope), Alexey Shishlyaev (jefe de la policía). Konzertvereinigung Wiener Staatsopernchor, Wiener Philharmoniker. Mariss Jansons, (director musical),
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Lady Macbeth es, entre otras cosas, una sonora y macabra carcajada, que pone sobre el escenario comportamientos abyectos, los cuales, para nuestra angustia, se presentan como inseparables de la definición de ser humano. Ese lado sarcástico, esperpéntico, se fue mostrando en esta producción, firmada por Andreas Kriegenburg con escenografía de Harald B. Thor, provocando, a lo largo de la representación, leves risas nerviosas, reprimidas ante la enormidad de lo que se nos daba a ver y a escuchar. Así, este montaje concluye con la impresionante y, al mismo tiempo, ridícula imagen de los cuerpos de Katerina y Sonjetka colgando, con la misma soga atada al cuello, en el centro del espacio escénico. Katerina, después de la humillación final en su camino a Siberia, arrastra a la nueva amante de su marido con esa soga: ambas mueren, así, no ahogadas en el lago, negro, según dice el libreto, como la conciencia de la protagonista, sino ahorcadas.

Lady Macbeth del distrito de Mtsensk. Producción de Andreas KriegenburgLady Macbeth del distrito de Mtsensk. Producción de Andreas Kriegenburg © 2017 by Salzburger Festspiele / Thomas Aurin

Un enorme patio de cemento, que tanto puede remitir a una fábrica como a una explotación rural, ocupa el escenario. Dos módulos, encajados en las paredes laterales, aparecen y desaparecen de escena. En los tres primeros actos, el de la izquierda lo ocupa el dormitorio de Katerina: es una angustiosa jaula de paredes transparentes en la que está aprisionada. En el cuarto acto, el mismo espacio pasará a ser la jaula ocupada por Sonjetka. En ese lado de la escena, también se sitúa la bodega en la que Katerina y su amante, Sergei, entierran el cadáver del marido asesinado. El módulo de la derecha, esel espacio de la autoridad masculina. Allí se sitúan la oficina del suegro, la comisaría de policía y el dormitorio en el que duerme Sergei, hacinado junto con el resto de los criminales deportados a Siberia. La proyección de vídeo sobre la estructura crea, puntualmente, un ambiente de pesadilla, perfectamente acorde con el libreto.

Nina StemmeNina Stemme © 2017 by Salzburger Festspiele / Thomas Aurin

Hay violencia sexual explícita en esta puesta en escena, aunque, teniendo en cuenta las referencias –cinematográficas, teatrales, plásticas y también operísticas– que nos rodean hoy en día, su representación resulta un tanto convencional y, por eso, mojigata. La parte positiva es que, gracias a eso, se le permite a la música de Shostakovich –bajo la batuta de Jansons, claro está– expresar todo lo que tiene que expresar (y que, seguramente, sólo se puede expresar con música...). El lado menos positivo tiene que ver con el efecto que parte de esas escenas, protagonizadas por Katerina alias “Lady Macbeth”, produce al estar representado dicho personaje por Nina Stemme. 

Dmitry Ulyanov y Nina StemmeDmitry Ulyanov y Nina Stemme © 2017 by Salzburger Festspiele / Thomas Aurin 

Merece toda mi consideración que una cantante, unánimente elogiada por su interpretación de referencia de papeles fundamentales del repertorio, siga desarrollando su carrera estudiando nuevos roles. Surge, sin embargo, algún problema cuando esa ampliación supone la incursión en un repertorio específico, inevitablemente asociado a una escuela de canto en particular, y en un papel tan brutal como lo es el de la malcasada y asesina convicta Katerina Lwowna Ismailowa. Vaya por delante que el magnífico arte y la excelente técnica de Nina Stemme le permiten dar vocalmente una respuesta adecuada a la enorme dificultad de partitura, que exige un esfuerzo casi inhumano a la cantante protagonista, e imponer su propia lectura del personaje. Sin embargo, vocalmente, a pesar de sus conocidas virtudes, le faltó el vigor y el timbre metálico que sí exhibieron sus compañeros de reparto, todos ellos con voces especializadas en el repertorio ruso. En lo que se refiere a la dramaturgia, no obstante, al alejarse, física y actoralmente, del prototipo de femme fatale despampanante, Stemme le añadió al personaje, si cabe, una mayor negrura. Lo transforma en la mosquita muerta que, como en el cuento de Roald Dahl, es capaz de asesinar a su marido con una pierna de cordero congelada. La diferencia es que a quien lee Lamb to the Slaughter le es casi imposible no empatizar con el ama de casa embarazada que lo protagoniza, mientras que, con la Katerina de esta puesta en escena, esto es algo más difícil. Este efecto se debe, posiblemente, a la idea que Kriegenburg tiene del personaje. Según su lectura, es el único de la obra con conciencia moral de sus acciones. O sea, en otras palabras, Katerina sería, en esa lógica, el único personaje que no actúa exclusivamente por impulsos primarios, casi "animales". Por eso mismo, paradójicamente, en esta puesta en escena, su victimismo no conmueve, sino que resulta mostruoso. 

Ksenia Dudnikova y la Concert Association of the Vienna State Opera ChorusKsenia Dudnikova y la Concert Association of the Vienna State Opera Chorus © 2017 by Salzburger Festspiele / Thomas Aurin

Además de dedicar un efusivo elogio general al resto del reparto, cabe concluir aplaudiendo con entusiasmo la determinante prestación del Coro de la Ópera de Viena, que tiene un papel fundamental en esta ópera. Finalmente, si fue una magnífica noche de ópera, el mérito se lo atribuyo sobre todo a la dirección del grandísimo Mariss Jansons, quien, como era de esperar, al frente de la estupenda Filarmónica de Viena, dio toda una lección de arte. Es absolutamente magistral la forma como, bajo su batuta, la partitura orquestal de Shostakovich se muestra en todo su esplendoroso detalle, sin que se pierda por ello la noción de la estructura. El maestro es también un excelente concertador, que tiene completamente interiorizadas, también al detalle, todas las partes de la obra. La objetividad de la lectura de Jansons no le restó un ápice a la violencia, ni al agresivo sarcasmo que caracterizan esta música.

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