Artes visuales y exposiciones

Cuando el sol se pone rojo, es que tiene lluvia en el ojo

Juan Carlos Tellechea
lunes, 28 de agosto de 2017
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Entrar al sorprendente Museo Ritter, de la localidad de Waldenbuch (en el Estado de Baden-Württemberg), es como incursionar en un mundo cálido y mágico que despierta primero gran curiosidad y después enorme fascinación, pese (o tal vez gracias) a su moderna arquitectura y a su consagración hacia el arte abstracto del siglo XX.

La institución alberga sucesivamente exposiciones cambiantes con obras de la coleccionista de arte Marli Hoppe-Ritter, descendiente de una conocida familia de industriales del sur de Alemania que hizo su fortuna con tabletas de chocolate. El lugar es además un pecaminoso paraíso para los golosos, ya sean grandes o chicos. Casualmente al lado hay una preciosa tienda en la que uno puede hartarse de comprar y consumir estas chocolatinas, cuya fábrica está justo enfrente. En la cafetería se sirven unas tartas y pasteles producidos por un célebre confitero cinco estrellas de rechuparse los dedos. En fin, creaciones artísticas y sensualidad por doquier.

En estos meses se realiza en el museo una interesante exposicion cuyo título es ya de por si un ambiguo juego de palabras Rot kommt vor rot (El rojo, a menudo, es rojo). Se inspira en el título (Rot kommt/vor Rot/Kommt/vor Rot) de un cuadro (2009) del artista alemán Günther Uecker (1930), cuya obra está enmarcada en el movimiento op-art (), que se exhibe en una de las salas.

Günther Uecker, Rot kommt vor Rot (2009)
Günther Uecker, Rot kommt vor Rot (2009) © 2017 by VG Bild-Kunst, Bonn

En la muestra se pueden admirar 60 piezas que abarcan diferentes períodos, corrientes y estilos, desde la abstracción geométrica del constructivismo ruso de Aleksandr Ródchenko (1891 - 1956) y de El Lisitski (1890 – 1941), el suprematismo de Ilia Grigorevich Chashnik (1902 – 1929) y el suprematismo cubo-futurista de Iván Puni (1892 – 1956) hasta nuestros días.

El rojo, uno de los cuatro colores psicológicos primarios (junto con el amarillo, el verde y el azul), es el único para cuyo nombre se ha hallado una raíz protoindoeuropea (reudh) común. Este estímulo cromático que perciben las células fotosensibles de nuestros ojos cuando la luz tiene una longitud de onda dominante de entre 618 y 780 nanómetros, se asemeja a la coloración (hematíe) de la sangre arterial humana y es desde tiempos prehistóricos señal de advertencia (aposematismo) en la naturaleza, en general, y entre los animales en particular.

Peligro, fuego, socialismo son algunas de las asociaciones con el rojo; un color bello, pero a veces espantoso, doloroso, alarmante, aunque también seductor y provocador. En las pinturas rupestres del paleolítico se encontraban ya las primera paletas que utilizaban tierras con óxido o hidróxido de hierro (ocre, almagre).

Kirstin Arndt, Sin título (2015)Kirstin Arndt, Sin título (2015) © 2017 by VG Bild-Kunst, Bonn

Se lo vincula asimismo con la calidez (junto con el naranja, el amarillo y todas las tonalidades que tienden a éstos), la alegría, la pasión, el amor, el erotismo, y también con la agresión y la ira. Dicho sea esto de paso: el capote rojo en las corridas de toros estimula más que nada a los aficionados. El astado es daltónico y lo único que le fastidia propiamente es el exaltado e irritante hombre vestido con traje de luces que tiene delante.

La muestra del Museo Ritter trata de ilustrar los distintos aspectos del rojo y su empleo en el arte concreto. Junto a las posiciones pictóricas están representadas asimismo obras del arte encontrado, también denominado arte de objetos encontrados (presentes en el movimiento Fluxus uno de cuyos fundadores fue Wolf Vostell, cuyo Museo puede admirarse en Malpartida de Cáceres (Extremadura), y en el Pop Art.

Stefanie Lampert mit ihrer Installation light red (2017)Stefanie Lampert mit ihrer Installation light red (2017) © 2017 by VG Bild-Kunst, Bonn

De forma exclusiva dos artistas alemanes de nuestro tiempo, Stefanie Lampert (con un mágico espacio de luz y pintura que invita a experimentar directamente el color), y (otro más conocido aquí por el seudónimo de) Platino (con una instalación que interacciona con la arquitectura del edificio del museo), han creado este año sendos trabajos para la exposición. La de Platino, ganador del Premio Hans Thoma 2017, se titula Gracias a la vida y es un homenaje a la folclorista y artista plástica chilena Violeta Parra (1917 – 1967), destacada militante del Partido Comunista de Chile (junto a Pablo Neruda, Víctor Jara, Luis Corbalán, Gladys Marín, Luis Emilio Recabarren y Volodia Teitelboim) en el centenario de su nacimiento y el cincuentenario de su prematura muerte (por suicidio).

Platino, Gracias a la vidaPlatino, Gracias a la vida © 2017 by Platino

El rojo es desde comienzos del siglo XX uno de los colores preferidos de la pintura abstracta. El movimiento arquitectónico Bauhaus (1919 – 1933) dedicaba todo un curso al rojo puro en el marco de su formación sobre color y diseño (Paul Klee entre 1921 y 1931); mientras que en el arte del constructivismo, así como en el del grupo holandés de pintores, arquitectos y diseñadores De Stijl (Piet Mondrian, Theo van Doesburg, Gerrit Rietveld, entre otros, desde 1917) los colores primarios eran el componente principal del nuevo lenguaje pictórico elemental de entonces.

El predominio del rojo en todo tipo de manifestaciones artísticas y decorativas de las grandes culturas de la Antigüedad y el simbolismo que se le ha atribuido desde entonces, ha sido siempre un tema muy debatido. Quizás el poderoso atractivo del color lo hizo destacarse entre los demás ya en las grandes culturas orientales de las que el mundo grecolatino va a adquirir la mayor parte de sus conocimientos técnicos y de su sensibilidad estética. Acaso por ser el pigmento más utilizado en épocas prehistóricas o quizá por ser el color de la sangre, derramada para buscar el favor de los dioses.

Diet Sayler, Wurfstück (1995) © Diet Sayler, Wurfstück (1995) © © Diet Sayler

Los fenicios, los griegos que extendieron su forma de vida e ideales allá donde llegaron, los pueblos que entraron en contacto con ellos y, por supuesto, el mundo romano, utilizaron profusamente los tintes rojizos en sus edificaciones, vasijas, pinturas, ornamentos, esculturas y especialmente en sus indumentarias más lujosas. El simbolismo atribuido al rojo en la más temprana Antigüedad hizo que fuera asimilado, para siempre, a la dignidad aristocrática y a lo divino. Hasta hoy sigue siendo el rojo una cuestión importante en la disquisición artística.

El discurso expositivo no se queda ahí y ha dado cabida a otros ámbitos en los que el rojo, con sus sugerencias subliminales, ha desempeñado un papel fundamental a lo largo de la historia debido a las emociones conscientes que produce. De esta forma las piezas arqueológicas conviven con símbolos representantivos del comunismo y con estandartes de la moda, como el famoso rojo luminoso del diseñador italiano Valentino Garavani (1932) o el más voluptuoso del francés Yves Saint Laurent (1936 – 2008).

Vera Molnar, 3 Ronds,  3 Couleurs (1966)
Vera Molnar, 3 Ronds, 3 Couleurs (1966) © 2017 by VG Bild-Kunst, Bonn

Durante mucho tiempo tuvo el rojo estatus de color primario sustractivo, aunque de hecho ha formado parte de casi todos los grupos de colores básicos, principales o primarios que diferentes científicos y estudiosos del tema propusieron a lo largo de los siglos. En el XIX, el tipo de rojo más usado como primario fue el carmesí. Newton suscitó con sus estudios sobre la naturaleza de la luz y del color (descomposición con prismas) numerosas teorías no siempre correctas.

A comienzos del siglo XVIII algunos tratados de pintura habían adaptado el círculo de colores creado por Newton a las necesidades del arte pictórico y señalaban que los tres primarios eran el rojo, el amarillo y el azul. La práctica de utilizar esta tríada de primarios en pintura continúa hasta ahora. Actualmente, tras varios siglos de desarrollo de pigmentos y estudios sobre el color, se considera que los tres colores primarios sustractivos óptimos son el cian, el magenta y el amarillo. Pero en el ámbito de las artes plásticas, por razones técnicas y tradicionales, generalmente se prefiere continuar usando los primarios antiguos.

En el sistema aditivo de síntesis de color (que utilizan las instalaciones lumínicas, así como los monitores y televisores para producir colores), en el cual los colores se obtienen mezclando luz de color en lugar de pigmentos, el rojo es primario, junto con el verde y el azul. Esto significa que cuando se trabaja con luz de color, basta con mezclar estos tres colores en diferentes proporciones para obtener todos los demás. Para crear las tonalidades claras y oscuras, se reduce o aumenta la luminosidad.

En este sistema, un color se describe con valores numéricos para cada uno de sus componentes (Rojo, Verde, Azul). Así, en una escala de valores de 0 a 255, el rojo aditivo puro se expresa como R=255 (rojo al valor máximo), V=0 (nada de verde) y A=0 (nada de azul). Este rojo fue uno de los primeros colores que pudieron reproducir los ordenadores personales al abandonar la monocromía, a principios de la década de 1980. En el sistema de cromosíntesis, el color complementario del rojo es el cian.

​Sin duda es el enorme influjo del rojo en la percepción humana la razón por la cual se sigue utilizando ese color en el arte. Ya lo decía Klee (1879-1940), el mago de Bauhaus en sus clases: el arte no reproduce lo visible, sino que lo hace visible, y el rojo contribuye mucho a ello.

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