Austria

La parábola del fin del mundo

Agustín Blanco Bazán
martes, 22 de agosto de 2017
Salzburgo, jueves, 17 de agosto de 2017. Haus für Mozart. Wozzeck, ópera en tres actos con libreto y música de Alban Berg. Regie: William Kentridge. Co-regie: Luc De Wit. Escenografía de Sabine Theunissen. Vestuarios: Greta Goiris. Composición y edición de videos: Catherine Meyburgh. Iluminación: Urs Schönebaum. Proyección de Videos: Kim Gunning. Elenco: Matthias Goerne, Wozzeck. John Daszak, Tambourmajor. Mauro Peter, Andres. Gerhard Siegel, Capitán. Jens Larsen, Doctor. Tobias Schabel, Asmik Grigorian, Marie. Frances Pappas, Margret. Coro de niños del Festival y teatro de Salzburgo bajo la dirección de Wolfgang Götz. Orquesta escénica de la Academia de Verano de la Filarmónica de Viena Angelika-Prokopp dirigida por Patrick Furrer. Coros de la Opera Viena y Orquesta Filarmónica de Viena dirigidos por Vladimir Jurowski. Maestro preparador del coro: Ernst Raffelsberg. Co-producción con la Metropolitan Opera House de New York, la Canadian Opera Company de Toronto y la Opera Australia.
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El decorado único es el gran basurero de una ciudad en ruinas, con sillas desvencijadas, una estructura de pasarelas de madera acumuladas con un desorden representativo de la insanidad de personajes que pululan como cucarachas con mascaras de gas, vestidos de enfermeros o arropados como lumpen más allá de cualquier esperanza. Y no hay acorde musical que no sea visualizado en videos que lo dicen todo con animaciones de cambio constante en grabados de carbonilla: soldados marchando entre los escombros, jinetes apocalípticos galopando sobre caballos esqueléticos, caras desvencijadas que incluyen una reconocible como la de Bertold Brecht (¿una alusión tal vez a Madre Coraje?), hilos de sangre y explosiones. Muchas explosiones, una de ellas decididamente la del exterminio absoluto en el fortísimo del interludio final. Los sepias dominantes de la iluminación se colorean para mostrar una taberna donde hombres y mujeres se acumulan y celebran su decadencia con el brutal expresionismo de las obras de Otto Dix, esta vez con el fondo de videos recreativos de una danza de campesinos de Brueghel. Así se presenta en este festival de Salzburgo la parábola de los últimos días de la humanidad evocada por Karl Kraus y vivida por el recluta Alban Berg durante la primera guerra mundial.

Alban Berg Wozzeck 2017: Frances Pappas, Matthias Goerne, Concert Association of the Vienna State Opera ChorusAlban Berg Wozzeck 2017: Frances Pappas, Matthias Goerne, Concert Association of the Vienna State Opera Chorus ©  2017 by Salzburger Festspiele / Ruth Walz

No hay forma de escapar de esta claustrofóbica recreación del fin del mundo que Vladimir Jurowski y los filarmónicos vieneses interpretan con una intensidad tan extrema como, literalmente, introvertida, porque este Wozzeck se nos mete en las entrañas. La dirección orquestal es en este sentido antológica por su concentración y su sensibilidad de bisturí.

Alban Berg  Wozzeck 2017: Matthias Goerne y Jens LarsenAlban Berg Wozzeck 2017: Matthias Goerne y Jens Larsen © 2017 by Salzburger Festspiele / Ruth Walz

Willian Kentrige dice que él prefiere apartarse de Stanislavski para no incluir una regie de personas psicológicamente detallada. En este caso se trata de una estrategia necesaria para permitir que los personajes se entreguen a esta escenografía que parece querer comérselos a todos como un universo de caos que al comenzar la obra ya ha destruido sus ilusiones y su capacidad de amar. Como en ninguna otra puesta, Wozzeck logra en ésta diferenciarse como el único ser humano digno de llamarse tal por su conmovedora obstinación en conservar su capacidad de sufrimiento. Matthias Goerne lo interpreta con articulación algo velada y poca intensidad de proyección, pero tal vez por ello mismo nos da la impresión de encontrarnos ante un Wozzeck en persona, sin aserciones, titubeante e incapaz de asimilarse a una crueldad que rechazará hasta el final. Excelente también el resto del elenco, comenzado por Asmik Grigorian, como una Marie conmovedoramente salvaje en su desesperación y con una voz ácida y penetrante.

Alban Berg  Wozzeck 2017: Asmik Grigorian y la marionetaAlban Berg Wozzeck 2017: Asmik Grigorian y la marioneta © Salzburger Festspiele / Ruth Walz

Como en el caso de la Madama Butterfly de Minghella, Kentrige reemplaza al hijo de Wozzeck con una marioneta, porque, según él, las marionetas cuando están bien movidas pueden integrarse a la acción con mayor sensibilidad que un párvulo distraído. Pero no, no le resulta, porque en esta obra es precisamente la distracción del niño la que lo afilia a un mundo diferente.

De cualquier manera esta es una producción que trasciende la capacidad de crítica. Simplemente hay que verla.

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