Estados Unidos

Los amantes de Teruel también en Nueva York

Manon Lescaut

viernes, 12 de abril de 2002
Nueva York, domingo, 24 de marzo de 2002. Metropolitan Opera House. Obras. G. Verdi, La Traviata: Preludio al acto III, Parigi, o cara; Luisa Miller: Quando le sere al placido. G. Donizetti, Lucia de Lamermor: Escena final. V. Bellini, La Sonámbula: Ah non credea mirarti; Norma: Casta Diva. U. Giordano, Andrea Chenier: un di all'azzurro spazio; G. Puccini, Madama Butterfly: Dúo de amor. G. Bizet, Los pescadores de perlas: Dúo. Angela Gheorghiu y Roberto Alagna. Orquesta Sinfónica del Metropolitan Opera House. Director: Bertrand de Billy. Ocupación: 100 %
Por la mañana:Don Giovanni y por la tarde, una fiesta musical. ¿Puede haber algo más atractivo hoy en día para un operófilo mitómano que un recital benéfico ofrecido por Alagna y Gheorghiu? Pues sí. Pueden estar acompañados por un mal director de orquesta, lo que hace que la ocasión sea única para ver lo que es un bolo provinciano en el que sólo importan la voz y el vestuario de los intérpretes. Ambos estuvieron, por cierto, bastante bien.El matrimonio Gheorghiu-Alagna está formado por dos de los mejores cantantes de la actualidad. Tenor lírico él y soprano lírica ella, son un fenómeno discográfico y propagandístico de primer orden. Famosos por su propia vestimenta y por sus caprichos de divos, los chicos son además, excelentes cantantes. A ella se le ha reprochado uniformidad interpretativa. A nadie escapa que su 'Mimì' sufre tanto en el primer acto como en el último o que su 'Violeta' actual se ha pasado de amanerada. Sin embargo, tiene gran categoría como actriz y una voz bien proyectada, que pasa por encima de la orquesta. Siempre afinada, Gheorghiu es tremendamente cálida, algo a lo que contribuye su carnoso timbre, que tanto recuerda al de Ileana Cotrubas.Roberto Alagna se ha metido ya en camisa de once varas y su voz argéntea -que diría tanto cursi suelto que anda por el mundo- ha perdido demasiado esmalte para la edad que tiene. Aún así, cuando canta papeles pesados -probablemente responsables de su peor rendimiento como lírico- convence por su fraseo, que se ve empañado por una no perfecta colocación y por algunas notas que rascan. Sin embargo, su 'Cavaradossi' es de gran clase, aunque sobreactúe en exceso.En el recital neoyorquino salieron vestidos en el más puro estilo Versace, derrochando volantes, adornos y demás. Él iba subido a sus inseparables alzas -es bastante bajito- y ella cantó con un sígueme pollo en el cuello que era digno de ver. Pero claro, empezaron y convencieron. A saber: ¿por qué la historia no puso a Alagna en el camino de Solti con tiempo suficiente para evitar que fuera Frank Lopardo el encargado de aquella, por otra parte, magnífica Traviata de Covent Garden grabada en video, dvd y compacto? Alagna y Gheorghiu hacen juntos el traviatazo de nuestros días. Parece difícil imaginar esta ópera mejor defendida con los nombres que hoy circulan por el mundo de la lírica actual. Fue un 'Parigi o cara' antológico.Alagna sentó cátedra con 'Quando le sere al placido', intenso y emotivo. A ello siguió en francés el 'Fra poco a me ricovero' de Lucia en la que Alagna volvió a meterse donde sí lo llamaban para hacer lo mismo que hace Josep Bros, pero con más voz. La de Bros tiene menos vibrato y Alagna emociona más. El agudo, aunque quizás tirante, es suficiente.Gheorghiu entró en el mundo de 'sus' propios sueños pretendiendo ser lo que no es: 'Amina' de La sonámbula. ¡Ojo! No cantó mal. Sencillamente, no deslumbró y se echó de menos el 'Ah non giunse' después del liriquísimo 'Ah non credea mirarti'. Pienso que Gheorghiu tiene mucho camino por delante como para meterse en terreno exclusivo de Mariella Devia.Alagna de nuevo al ruedo, esta vez como 'Andrea Chenier', el poeta de recalcitrante conservadurismo que Giordano toma para su ópera más famosa. Carreras la cantó en directo entre otros sitios en la Scala de Milán. Recuerdo que Marton tuvo una noche discreta para lo gran 'Maddalena' que es ella, pero Carreras provocó la risa de algunos habituales de la Scala. Alagna, sin ser mucho más adecuado para el papel que Carreras, estuvo menos ridículo, aunque a todas luces es insuficiente para cantar la ópera entera. Una cosa es frasear muy bien esta aria y otra enfrentarse a una Marton y a una orquesta densa durante cuatro largos actos.En el dúo de amor de la Butterfly sí que estuvieron espléndidos. Quizás la Gheorghiu con esa tendencia a sufrir sin parar, se pasó de dramática para el momento de la ópera en que nos encontramos. Él resultó muy ardoroso y casi parecía que no la iba a dejar nunca. Pero... ¡Fíate tú de los hombres! ¡Y más llamándote Cio-Cio!Rareza entre las rarezas fue el dúo de Los pescadores de perlas, que tan bien había cantado Kraus con cualquier soprano decente que se le pusiera en medio. Los amantes en esta ocasión resultaron eximios. Grande él sosteniéndola a ella para que subiese al agudo con pasmosa seguridad. Y todo ello, dirigidos menos que discretamente por un Bertrand de Billy insulso y desordenado.Un solo defecto. Era concierto para celebrarse en un intermedio de la gala de los Oscar con todo el público disfrazado y no con la elegante sobriedad de la cosa Este. Nueva York, Washington, Boston o Philadelphia no son para tantos Versaces y las señoras del público íbamos vestidas con trapos. ¡Qué nos perdone la Gheorghiu!

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