Discos

Merecidos premios

Paco Yáñez
lunes, 11 de septiembre de 2017
'XXVII Premio Jóvenes Compositores Fundación SGAE-CNDM'. Abel Paúl: Room & Elbow. Gonzalo Navarro: Música Diagonal. Julián Ávila: Time Folds II. Daniel Muñoz Osorio: Indika. Vertixe Sonora Ensemble. Pedro Amaral, director. Fundación SGAE, producción. Javier Monteverde, ingeniero de sonido. Un CD DDD de 42:38 minutos de duración grabado en el Auditorio 400 del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid (España), el 28 de noviembre de 2016. Fundación SGAE-CNDM FA009.
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Que la música española de creación vive uno de sus mejores momentos, es algo fácilmente comprobable escuchando la calidad de tantos de nuestros compositores como actualmente estrenan en Europa, ocupando un espacio y recibiendo una atención que nos hablan de la progresiva normalización de nuestra escena musical con respecto a la continental; si bien, no nos engañemos, subsisten numerosas trabas, desde la formación en los conservatorios a la programación orquestal, que dificultan sobremanera el que alcancemos lo que en otros países de nuestro entorno es presencia habitual (y prestigiada) de la música actual en el marco de la vida cultural.

A pesar de las enormes posibilidades de comunicación que se han abierto entre creadores y público a través de internet, uno de los elementos que dificultan la difusión y el conocimiento de nuestros jóvenes creadores (también de los que gozan de un mayor prestigio, si bien en ocasiones encuentran vías a través de sellos europeos) es la práctica inexistencia en España de una industria discográfica que permita poner a disposición del público sus últimas creaciones en registros de calidad, más allá del arquetípico estreno y audición única de la partitura, algo que limita sobremanera la comprensión y el disfrute de una música que, como signo de sus tiempos, estos compositores quieren y crean compleja; de ahí, que cada lanzamiento fonográfico que recoja el esfuerzo y el buen hacer de las nuevas generaciones de compositores españoles sea bienvenido. Es por ello que saludamos hoy con especial gozo el compacto que reúne las obras finalistas del 'XXVII Premio Jóvenes Compositores Fundación SGAE-CNDM', en una edición cuyo jurado lo componían Gabriel Erkoreka, Raquel García Tomás, Núria Giménez Comas, Víctor Rebullida Adiego y Jesús Navarro Monzón...

...escuchadas las cuatro partituras que alcanzaron la final, todas ellas firmadas por creadores menores de 35 años, comparto totalmente el fallo del jurado, pues creo que Room & Elbow (2016), de Abel Paúl (Valladolid, 1984), es una obra merecedora del tal premio; al menos, por su firme voluntad de alquitarar un lenguaje actual, fruto de una gran técnica y de una voluntad expresiva que se enraíza en las mejores corrientes musicales de nuestro tiempo. La plantilla de Room & Elbow sugiere pistas de por dónde van sus derroteros musicales, con violín, viola, violonchelo, percusión, altavoces transductores y un teclado MIDI, a los que se añaden un segundo violín y un piano utilizados como cajas de resonancia. En sus notas para este compacto, Abel Paúl cita a Jorge Luis Borges y afirma que el escritor argentino «parafraseando a Berkeley declaró que "el sabor de la manzana no está en la manzana misma ni en la boca del que la come: requiere un contacto entre ambas"». Paúl busca un territorio acústico similar al del gusto evocado por Berkeley y Borges, pues su planteamiento sonoro se deriva del contacto entre superficies acústicas y electrónicas (con gran preponderancia para los altavoces transductores) para la síntesis de un sonido nuevo, de una materia en la que -sostiene- «la música no está ni en el instrumento ni en el altavoz sino en el territorio de contacto entre ambos».

La influencia de maestros de Paúl como Pierluigi Billone o Chaya Czernowin es evidente en Room & Elbow, por su búsqueda de nuevos sonidos, tan rugosos, plásticos y matéricos. Hace una semana, visitaban nuestra sección discográfica dos nuevos compactos para el sello Kairos de Pierluigi Billone, con piezas para viola sola como ITI KE MI (1995) o Equilibrio. Cerchio (2014), en cuyo rizoma estilístico podríamos enraizar Room & Elbow por su trabajo de la interioridad de un sonido de cuerda reconcebido, si bien aquí Paúl utiliza altavoces para reinventar la sonoridad del cuarteto de cuerda, buscando ese territorio en el que la naturaleza de dos medios diferentes entra en contacto y síntesis. Sonidos de violín y violonchelo son registrados con anterioridad y volcados, ya sobre un violín utilizado como caja de resonancia, ya por una violonchelista que utiliza el altavoz transductor a modo de arco, poniéndolo en contacto con las cuerdas y la caja de su instrumento. Es así como Paúl crea «territorios sonoros híbridos en el que el instrumento en cuestión se transforma en un espejo acústico de sí mismo». Además de violonchelo y segundo violín, otros dos espejos acústicos son dispuestos por el vallisoletano para ampliar esa sonoridad de cuarteto reinventado: por un lado, una lámina de metal a modo de espejo curvo que es manipulada por el percusionista; por otro, un piano utilizado como una nueva caja de resonancia sobre la que se vuelcan sonidos pregrabados de violonchelo y violín para obtener nuevas resonancias de ese cuarteto de cuerda que es interacción entre la interpretación en vivo y el concepto de instalación sonora. Gran trabajo, por tanto, y merecida distinción para Room & Elbow.

Si la música de Abel Paúl se concentraba en los intersticios de la hibridación sonora, con una gran concentración musical, la del ganador del segundo premio, el onubense Gonzalo Navarro (Almonte, 1981), progresivamente se expande desde un territorio en cuya génesis acústica también prima la concentración; si bien, en su caso, a través del tempo y de los procesos de consonancia/disonancia en las tensiones armónicas. Tal es lo que estructura y va dando forma a Música Diagonal (2016), una partitura en la que, según Navarro, «convergen varios planteamientos estructurales que generan una superposición de distintos tratamientos de control sobre el flujo temporal, siendo de vital importancia el concepto de sucesión en el tiempo en relación al tempo musical». La sucesión y evolución de esos tiempos, con sus eventos sonoros (articulados en técnicas extendidas y en alturas), hace que la concentración y la convergencia iniciales se vayan destruyendo, rompiendo el eje de simetría temporal a medida que dichos eventos se desgajan de la centralidad para perderse de forma tangencial a los eventos principales que mantienen la unidad del artefacto musical: motivo de esa tendencia a lo diagonal expresada en su título, al desgajamiento progresivo de la unidad y a su marcha hacia el silencio final.

Julián Ávila (Valencia, 1982) se hizo acreedor al tercer premio por su partitura Time Folds II (2016). Con ella regresamos a un territorio en el que la indagación tímbrica posee un mayor protagonismo en el discurso musical, aunque no resulte en Ávila tan personal como en Abel Paúl, encontrando en Time Folds II -no sé si de forma consciente- una fuerte impronta de José María Sánchez-Verdú, por momentos con procedimientos técnicos y estilísticos prácticamente epigonales. Las rugosidades y las irrupciones matéricas, los juegos de luces y sombras reverberantes, la sensualidad de los sonidos individualizados emergiendo de un campo de resonancias, la vibración en las maderas que -vía flatterzunge- nos remite a la música árabe..., todo ello nos recuerda a un Sánchez-Verdú cuyo concepto de auraphon -el instrumento de síntesis acústico-electrónica creado para su ópera Aura (2007-09)- podemos vislumbrar en el sistema de resonancias que conforman en Time Folds II la marimba y los toms, tal y como el propio Ávila lo explica: «Time Folds II utiliza la idea de los resonadores de Helmholtz como punto de partida para desarrollar un sistema de resonancias veladas a través de cuatro toms de diferentes medidas. En esta obra la marimba se convierte en un meta-instrumento debido al acoplamiento de resonadores -los toms- a ciertas notas graves de su registro. De esta manera cuando el intérprete toca dichas alturas no sólo suena la marimba, sino que también resuenan los toms. Dependiendo del tamaño de cada tom y de su afinación la resonancia queda filtrada en una banda de frecuencias u otra. Varios compases de la obra serán re-expuestos por la electrónica a través de los resonadores de Helmholtz, creando un juego de sombras y repeticiones desfiguradas y filtradas que van cambiando -de forma sutil- el sonar de la pieza»...

...se trata, como vemos, de un manejo muy sutil de la materia sonora, de su reutilización y de la vibración como elemento articulador de las energías en la estructura musical: todo ello, de nuevo, muy en la órbita del pensamiento musical de Sánchez-Verdú. A pesar de la formación y de la amplia experiencia de Julián Ávila en el ámbito electroacústico, en Time Folds II -y así lo reconoce- la parte acústica predomina sobre la electrónica, pues ésta «se une y se confunde» con el entramado instrumental del modo antes visto. En conjunto, se trata de una partitura de estética muy actual, repleta de innegables atractivos, pero quizás excesivamente 'a la sombra' de un estilo tan asimilable a otro creador (dejes sciarrinianos también son audibles), que ello resta personalidad artística al resultado final, por más que acústicamente resulte bello y atractivo.

Por último, la mención honorífica fue para el catalán Daniel Muñoz Osorio (Barcelona, 1987), por su obra Indika (2016), una partitura que por sus procedimientos técnicos y su articulación desde la altura está más próxima a la de Gonzalo Navarro. Si el percusionista de Vertixe Sonora, Diego Ventoso, había tenido un gran protagonismo en Time Folds II, al activar marimba y toms, en Indika su presencia es furibunda ya desde las iniciales arremetidas a la membrana de una percusión que señala los pasajes más violentos y arrojados: imagen de la potencia y del misterio que para Muñoz supone la ciudad de Indika (actualmente, Ullastret), cuyas ruinas visitó para conocer los vestigios allí dejados por la tribu ibérica del Pirineo oriental cuya cultura se extendió por toda la región hasta su conquista por Roma. Impresionado por ruinas, paisaje y evocación, Daniel Muñoz crea en Indika «un discurso musical que incluyera todo aquello que había visto y percibido». Estructuras y procesos son convertidos en música desde el recuerdo y la imaginación sonora del compositor catalán, que hace de las altas torres defensivas el virulento acorde desde el que nace una partitura que es conducida, a través de paisajes de fuerte impulso rítmico y melódico, hacia una batalla final que marca tanto la extinción de la partitura como la de la tribu de los indiketes a manos (y espadas) de los romanos; por lo que la obra acaba teniendo no poco de programático.

Además de estas cuatro distinciones, diría que la final del 'XXVII Premio Jóvenes Compositores Fundación SGAE-CNDM' otorgó un premio no explícito al ensemble gallego Vertixe Sonora, reconociendo, con su presencia en la final del concurso, su excelente trayectoria en los escenarios españoles, europeos y americanos desde su primer concierto, en julio de 2011 (del que dimos cuenta en Mundoclasico.com, así como de tantos otros eventos programados por un ensemble que acumula la mayor cantidad de estrenos de jóvenes compositores en el panorama español actual). Si bien Vertixe muestra en sus programaciones y en su estilo interpretativo una especial afinidad con partituras como Room & Elbow (de hecho, Vertixe ha programado la obra de Abel Paúl para el próximo 7 de noviembre en A Coruña, dentro de su ciclo interdisciplinario Do Audible) o Time Folds II, su precisión y contundencia en las obras de Gonzalo Navarro y Daniel Muñoz Osorio es también muy destacable.

Una de las asignaturas pendientes de Vertixe Sonora es la programación de un mayor número de conciertos con gran plantilla y director (posibilidad siempre lastrada por el insuficiente apoyo de las instituciones públicas a la música de creación actual; muy especialmente, a nuestros ensembles: situación bochornosa si se compara con la ingente financiación de tan retrógradas propuestas como lo son nuestras orquestas y teatros de ópera). Con el respaldo de la Fundación SGAE y del CNDM para el concierto de esta final, Vertixe pudo contar con el portugués Pedro Amaral al frente, un director, precisamente, con amplia experiencia en compositores que, como Karlheinz Stockhausen o Emmanuel Nunes, han trabajado la hibridación de elementos acústicos y electrónicos para la creación de nuevos paisajes sonoros. De ahí, la calibrada medida que Amaral consigue de la presencia de ambos efectivos para una musicalidad tan plena y bella como la escuchada.

La toma de sonido es correcta, sin más, y refleja en todo momento la sensación del directo, incluidos los aplausos del público. La edición es muy cuidada, con escuetos ensayos de los compositores presentando sus propias obras. Se incluyen, también, fotografías y apuntes biográficos de los premiados, así como de los intérpretes. Todo ello rubrica una muy interesante propuesta para conocer mejor los derroteros de nuestra música actual, con unos galardones (tanto a Abel Paúl como a Vertixe Sonora), bien merecidos.

Este disco ha sido enviado para su recensión por Vertixe Sonora Ensemble

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