España - Castilla y León

Clausura del XIV curso de Eutherpe

Roberto San Juan

martes, 19 de septiembre de 2017
León, sábado, 9 de septiembre de 2017. Auditorio Ciudad de León. Sábado 9 y domingo 10 de septiembre. F. Liszt: Concierto para piano y orquesta nº 1 en Mib mayor R 455, S. 124; R. Schumann: Concierto para piano y orquesta en La menor Op.54; L. van Beethoven: Concierto para piano y orquesta nº 5 en Mib mayor Op.73 ‘Emperador’. S. Rachmaninov: Concierto para piano y orquesta nº 3 en Re menor Op.30. Pianistas: Jeon Hyeji, Jorge Yagüe, José Vicente Riquelme, Juan Luis Cejudo, Jorge Nava Vásquez, Francisco J. Fierro, Álvaro Martín, Juan Daunesse, Laura Mota, Bruno F. Leone, Mateo Giuliani. Directores de orquesta: Fernando Ortiz Bertollo, Adrián Ronda, Florent J. de Bazelaire, Julia Cruz Carceller, Jorge Yagüe, Pablo Andoni Gómez, Albert Tarrebella, Víctor Carral, Aníbal Caño, Iván Palomares. Joven Orquesta Leonesa. Dos conciertos de clausura del XIV curso para pianistas, directores y jóvenes orquestas de la Fundación Eutherpe

Un año más, y ya van 14, se celebró en León del 2 al 10 de septiembre el curso para jóvenes directores, pianistas y orquestas -en las últimas ediciones ha sido la Joven Orquesta Leonesa- que anualmente organiza la Fundación Eutherpe presidida por Margarita Morais. Se trata de un encuentro donde jóvenes músicos se reúnen para dar los últimos retoques a una serie de obras para piano y orquesta conocidas con varios meses de anticipación. A lo largo de una semana las obras son preparadas conjuntamente por directores, solistas y orquesta bajo la supervisión del director Bruno Aprea y su asistente Francisco Valero Terribas, el pianista Joaquín Soriano y los profesores de la orquesta David de la Varga, Raúl Sancho y Jaime Puerta. El curso concluye con un par de conciertos celebrados en dos días consecutivos en el Auditorio Ciudad de León, donde los jóvenes músicos presentan públicamente el resultado del trabajo realizado. Con el objetivo de dar cabida en los conciertos al nutrido grupo de jóvenes solistas y directores participantes, no es extraño que éstos se vayan alternando a lo largo de los distintos movimientos de cada concierto o, incluso, que la misma obra se escuche más de una vez, como sucedió en esta ocasión.

El director paraguayo Fernando Ortiz Bertollo se encargó de “romper el hielo” con el Concierto para piano y orquesta nº 1 de Liszt, siendo solista la joven surcoreana Jeon Hyeji. Se trata de uno de esos casos de un pianista con manos pequeñas y de gran agilidad sobre el teclado. Al igual que todos los pianistas del curso, Hyeji tocó de memoria. Su interpretación resultó técnicamente muy correcta, pero musicalmente algo plana, bien fuera por los lógicos nervios iniciales o, más bien, por las características del piano de la sala, un Bösendorfer que requiere un toque especialmente enérgico en los forte y fortissimo, así como un cuidado extremo en el manejo del pedal derecho para evitar que se mezclen sonoridades y se desdibujen melodías. La actuación de Ortiz desde el podio tampoco ayudó especialmente, ya que una orquesta de estas características, constituida por jóvenes músicos -algunos de ellos de tan sólo 14 años- requiere extrema claridad en las indicaciones y precisión en el gesto. En esta ocasión, sin embargo, faltó comunicación y carácter por parte de un director con talento que se dejó llevar, en mi opinión, por un exceso de moderación.

En el Concierto Op. 54 de Schumann que siguió se sucedieron dos pianistas y dos directores. Adrián Ronda dirigió el ‘Allegro affettuoso’ inicial con un mayor control sobre la orquesta y se mostró muy pendiente de todos los músicos. Más allá de algunas desafinaciones lógicas en una orquesta de jóvenes estudiantes, y a pesar de la falta de un mayor volumen sonoro en ciertos pasajes, así como de una graduación de dinámicas más rica, el resultado fue globalmente satisfactorio. El joven pianista madrileño Jorge Yagüe -quédense con este nombre, que aparecerá varias veces a lo largo de esta crónica y dará que hablar en el futuro- tocó con convicción y esmero, buscando la sonoridad adecuada en pasajes como la reexposición del primer movimiento. La cadencia resultó magnífica.

El ‘Intermezzo’, con el joven polaco Florent J. de Bazelaire en el podio y José Vicente Riquelme al piano, transcurrió como un tranquilo remanso de paz, con pasajes donde las cuerdas estuvieron especialmente bien empastadas. Sin cambios de solista ni de director, el tercer movimiento se inició con algunos problemas de sincronía en las breves intervenciones orquestales, que Bazelaire se esforzó por solventar, así como, más adelante, otros de afinación en las trompas. El pianista se supo sobreponer sin mayores problemas a un momento de pérdida de concentración y cumplió con corrección, aunque no hubiera estado de más una mayor “pasión” en su interpretación.

La segunda parte se inició, al igual que la primera, con el Concierto para piano nº 1 de Liszt, actuando como solista el madrileño Juan Luis Cejudo y con la valenciana Julia Cruz Carceller en el podio. Cejudo demostró ser un excelente pianista, dotado de una técnica depurada y con un sonido rotundo y expresivo. Julia Cruz ató a la orquesta en corto y dirigió con decisión y un sentido adecuado del tempo. Le dio a la orquesta lo que ésta necesitaba -precisión, claridad gestual, e incluso indicaciones de respiración en el fraseo durante el segundo movimiento- y los jóvenes músicos respondieron adecuadamente. En definitiva, la comunicación entre director, pianista y orquesta fluyó sin contratiempos y el resultado fue magnífico. Muy bien el dúo entre piano y clarinete en el primer movimiento y mejorable el toque de triángulo, en la percusión, tan característico de la última sección de esta obra.

El Concierto para piano y orquesta nº 3 de Rachmaninov reunió a tres directores y dos solistas. En el primer movimiento, ‘Allegro ma non tanto’, repitió en el podio el paraguayo Fernando Ortiz y su actuación mejoró notablemente respecto al Concierto de Liszt que abrió la jornada. Aunque aún mostró cierta “distancia emocional” con la orquesta, el control que ejerció fue mayor, con un resultado más satisfactorio. El joven pianista Jorge Nava Vásquez demostró madurez y musicalidad, con un arrollador despliegue técnico en la cadencia virtuosística. El segundo movimiento contó con Julia Cruz en el podio. Muy atenta a todos los músicos y a su sonido, la orquesta se benefició de nuevo de su amplia gestualidad, con destacados solos en la sección de viento. Al piano estuvo Francisco J. Fierro, quien se mantuvo como solista en el ‘Finale: Alla breve’, mientras que Jorge Yagüe -que había interpretado como solista el Concierto de Schumann- se puso ahora al frente de la orquesta. La precisión en la gestualidad de Yagüe y su conocimiento de la obra, unido a la depurada musicalidad de Fierro y a su poderosa técnica dio como resultado una magnífica interpretación de este último movimiento con el que concluyó el primero de los conciertos de clausura. El público premió con prolongados aplausos todo el esfuerzo realizado.

La segunda jornada de clausura del curso tuvo lugar el día 10 de septiembre. Volvieron a sonar las mismas obras de Liszt y Rachmaninov que en la jornada anterior -dos veces en el caso del Concierto de Liszt-, además del Concierto nº 5 ‘Emperador’ de Beethoven. De nuevo la sesión se inició con el Concierto para piano nº 1 de Liszt, con Álvaro Martín como solista y Pablo Andoni Gómez en el podio. Aunque hubo alguna que otra nota falsa, sobre todo en los rápidos pasajes con saltos y cambios de tesitura del último movimiento, la musicalidad y la sensibilidad dominaron la interpretación del solista, con una sonoridad plena en los momentos de mayor intensidad y cierta teatralidad no ajena al estilo de la obra. La orquesta respondió bien a las indicaciones del director, que se esforzó por resaltar la dinámica contrastante de los distintos pasajes. Se echó en falta en ciertos momentos, sin embargo, un sonido orquestal más brillante. Muy bien las breves intervenciones solistas de flauta, clarinete, oboe y cello al final del segundo movimiento sobre un trino mantenido en el piano. La percusión en el tercer movimiento mejoró respecto a la sesión anterior.

El Concierto para piano nº 5 de Beethoven que siguió reunió a tres directores y dos solistas. Albert Tarrebella, que dirigió el ‘Allegro’ inicial, supo mantener esa característica tensión latente de la pieza a través de la pulsación rítmica y se esforzó en destacar detalles de la riqueza tímbrica, dirigiéndose expresamente a cada instrumento o sección orquestal. Hubo algunos problemas de afinación en la trompeta o en el fagot, pero el equilibrio de sonoridades entre piano y orquesta fue adecuado. La interpretación del pianista Juan Daunesse destacó por su magnífica musicalidad, bello fraseo y un toque superficial y preciso en aquellos pasajes donde el piano acompaña a la orquesta. El segundo movimiento, ‘Adagio un poco mosso’, fue dirigido con corrección por Víctor Carral, con frases melódicas bien definidas y respiraciones orquestales claras, aunque ello no impidió algunos problemas de afinación. Al piano la joven asturiana Laura Mota tocó con gesto muy expresivo y un sonido redondo. Mota continuó en el tercer movimiento, donde, a pesar de su juventud, demostró madurez interpretativa y una técnica exquisita. El director de este ‘Rondo - Allegro ma non troppo’ final fue el joven burgalés Aníbal Caño, que manejó bien a la orquesta pero no pudo evitar algunas desafinaciones en los metales.

Tras el descanso volvió a sonar el Concierto para piano nº 1 de Liszt, en esta ocasión con el joven italiano Bruno F. Leone como solista y Jorge Yagüe como director. Fue ésta una de las mejores interpretaciones de las cuatro escuchadas en estos dos días de conciertos. Yagüe, con su gesto preciso y un estricto control del tempo y de la sonoridad, manejó a la orquesta con soltura y dejó su espacio de lucimiento a un solista de técnica arrolladora y sonido elegante, en una versión sorprendentemente madura.

La jornada concluyó con la interpretación del Concierto nº 3 de Rachmaninov con el madrileño Mateo Giuliani como solista. Se trata de un pianista cuya técnica depurada, exquisita musicalidad y sólida madurez interpretativa resultan, una vez más, sorprendentes teniendo en cuenta su juventud. A la orquesta, conducida en el primer movimiento por Pablo Andoni Gómez, le faltó, sin embargo, claridad de sonido y una mejor definición tímbrica y formal de la pieza. Iván Palomares sucedió a Gómez en el podio desde el ‘Intermezzo: Adagio’ y, aunque se echó en falta de nuevo un sonido orquesta mejor definido en ciertos pasajes del ‘Finale: Alla breve’, su entrega y conocimiento de la obra le permitieron concluir sin problemas el Concierto en una interpretación orquestal más que digna.

El público, consciente del esfuerzo realizado a lo largo de esta intensa semana de trabajo, premió con una prolongada ovación a los músicos participantes -solistas, directores y orquesta-, así como a los profesores del curso. Por último, Margarita Morais, presidenta de la Fundación Eutherpe, dedicó unas palabras de agradecimiento a profesores, músicos e instituciones que hicieron posible este encuentro y nos emplazó para la 15ª edición de este curso, dentro de un año.

Notas

Esta reseña recoge los dos conciertos de clausura de las XIV Clases Magistrales de Eutherpe, celebrados los días 9 y 10 de septiembre de 2017.

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