España - Cataluña

Utópica alabanza de corte

Jorge Binaghi
viernes, 22 de septiembre de 2017
Barcelona, lunes, 18 de septiembre de 2017. Gran Teatre del Liceu. Il viaggio a Reims, (París, Théatre Italien, 19 de junio de 1825 ). Libreto de Luigi Balocchi y música de G.Rossini. Dirección escénica y elementos escénicos: Emilio Sagi (asistente: Diniz Sánchezr). Vestuario: Pepa Ojanguren. Luces: Eduardo Bravo.Intérpretes: Irina Lungu (Corinna), Marina Viotti (Melibea), Leonor Bonilla (Folleville), Marigona Oerkezi (Madama Cortese), Taylos Stayton (Belfiore), Levy Sekgapane (Libenskof), Roberto Tagliavini (Sidney), Pedro Quiralte (Profondo), Carlos Chausson (Trombonok), Manel Esteve (Alvaro), Alessio Cacciamani (Prudenzio), Beñat Egiarte (Zefirino/Gelsomino), Carles Pachón (Antonio) y otros. Orquesta del Teatro. Director: Giacomo Sagripanti.
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El descubrimiento y primer ‘reestreno’ de esta obra por Claudio Abbado en Pesaro con una puesta en escena genial de Luca Ronconi que luego llegó a otros lugares de Italia fue tanto un golpe de fortuna como de genio. También que el autor reutilizara generosas partes de esta cantata escénica para celebrar la coronación de Carlos X de Francia (su primera obra para París) en una obra menos de circunstancias y más bien ‘transgresora’ como Le Comte Ory. En el Liceu se estrenó en 2003 en una aclamada producción firmada por Sergi Belbel (que yo no vi).

No está mal que se la reponga luego de casi tres lustros y los méritos musicales no se cuestionan. Más dudoso es que se la haya colocado como ‘prólogo’ de la nueva temporada que oficialmente comenzará el próximo 7 de octubre. Simplemente, no se entiende el porqué. ¿No es un título suficientemente importante o bueno? ¿No se ha dicho que los dos repartos cuentan con luminarias del belcanto y valores jóvenes en ascenso? ¿Por qué coproducir con el Real de Madrid y Pesaro (es el espectáculo que se repite todos los años allí como final de los estudios de la Academia con los alumnos más aventajados)? Imagino que la producción de Belbel no ha ido a parar a la basura, y habría sido entonces, no sé si mejor, seguramente más barata.

Il viaggio a Reims, producción de Emilio Sagi Il viaggio a Reims, producción de Emilio Sagi © 2017 by A. Bofill

De todos modos la tan conocida de Sagi no es cara y es funcional, pero ahí se detiene todo, y si funciona perfectamente en una función matinal de Pesaro de final de curso parece un poco raquítica en el escenario del Liceu. Sobre todo, los piropos al mencionado rey –que como casi todos resultó una decepción por decirlo suavemente- insistiendo en la paz y la armonía en Europa, preludio de la felicidad de todos (los europeos, claro) parecieron algo alicaídos (y que el rey que llega sea un niño inocente no ayuda mucho) y forzados, y aunque hoy haya una Europa embrionaria (y poco o nada feliz gracias a sus mediocres líderes y ministros –otra vez un eufemismo) no parece que pueda o esté muy interesada en conseguir realizar siquiera parcialmente las quimeras que aquí se dan (con la boca pequeña) por realizadas y eternas. Justamente ha habido que dedicar las funciones a las víctimas de los atentados en Catalunya, donde no se vive además la situación más idílica posible (y no sólo por culpas propias sino sobre todo ajenas). O sea que –cosas que no se pueden prever al programar- la realidad ha parecido un mentís a lo que esta ópera propone. 

Il viaggio a Reims, producción de Emilio Sagi 
Il viaggio a Reims, producción de Emilio Sagi © 2017 by A. Bofill

La función que me tocó ver mezclaba un poco los dos repartos y hubo incluso una sustitución de último momento por enfermedad de uno de los cantantes, con lo que el otro (Tagliavini) tuvo que cantar funciones seguidas y si Lord Sidney no es una parte extensa (en rigor ninguna lo es), sí es difícil.

 Curiosamente, el joven Sagripanti, que me había interesado tanto en su versión parisina de Werther, pareció menos indicado para Rossini. Hubo momentos en que los contrastes fueron extremos y algunos forte lo resultaron en demasía, y aunque la orquesta se desempeñó bien no encontré mucha sutileza ni flexibilidad y en esta obra algunos momentos, cuando no son ágiles, tienden a ser un tanto pesados.

En esta versión las intervenciones del coro la hacen todos los secundarios y varios de los solistas principales. Nadie estuvo fuera de lugar y el nivel fue en conjunto más que aceptable, y todos se movieron muy bien o como se les exigía, pero hubo poco de las grandes voces para las que el autor pensó casa parte.

Il viaggio a Reims, producción de Emilio SagiIl viaggio a Reims, producción de Emilio Sagi © 2017 by A. Bofill

La mejor fue seguramente Lungu, la más experimentada en este repertorio, que cantó una buena poetisa (perdón, poeta), mejor en su solo final que en el primero. Chausson hizo, según propias declaraciones, su último debut en un papel, y se mostró estupendo como cantante y actor (toda una lección de bajo bufo). Tagliavini estuvo bien, pero lo prefiero en partes serias aunque demostró poder con el canto rossiniano. De las voces nuevas las más interesantes me resultaron las de Viotti, una muy buena Melibea, y Bonilla, excelente Folleville (más en lo vocal, donde también pareció algo tímida, pero menos que en lo escénico). Don Profondo es, hasta por el nombre, un bajo. Un barítono no podrá nunca lograr plenamente el efecto de ‘Medaglie incomparabili’: el joven, simpático y voluntarioso Quiralte la recitó más que la cantó. Esteve fue un óptimo Don Alvaro aunque la parte sea comparativamente menor.

Como se sabe, a falta de un tenor, Rossini puso dos. Stayton (el galante Belfiore) tiene una voz grata, aparentemente no muy extensa, y se mueve con soltura. Sekgapane (no me tocó Brownlee) en el ruso celoso Libenskof tiene una voz pequeña, ingrata, con un buen sobreagudo (lo mejor es la voz mixta) y es empeñoso Oerkezi se hace oír en Madama Cortese aunque sus agudos sean más de una vez estridentes. De los restantes destacaron Cacciamani en un sonoro médico y Egiarte en los dos papeles de tenor comprimario. Poco tuvo que hacer, aunque lo hizo bien, uno de los premiados en el último concurso Viñas, Pachón.

Los aplausos no fueron demasiado prolongados y en el público había claros que se acentuaron luego del primer acto (parece que lo que se soporta sin pestañear en Wagner, o queda mal decirlo, resulta excesivo si se cambia de autor).

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