Francia

Un espectáculo diferente

Gustavo Gabriel Otero
lunes, 30 de octubre de 2017
París, sábado, 14 de octubre de 2017. Ópera Nacional de París. Palacio Garnier. Wolfgang Amadè Mozart: Così fan Tutte. Ópera en dos actos. Libreto de Lorenzo da Ponte. Anne Teresa De Keersmaeker, dirección escénica y coreografía. Jan Versweyveld, escenografía e iluminación. Jan Vandenhouwe, dramaturgia. An D’Huys, vestuario. Ida Falk-Winland (Fiordiligi), Stephanie Lauricella (Dorabella), Cyrille Dubois (Ferrando), Edwin Crossley-Mercer (Guglielmo), Maria Celeng (Despina), Simone Del Savio (Don Alfonso). Bailarines de la Compañía de Danza Rosas: Cynthia Loemij (Fiordiligi), Samantha van Wissen (Dorabella), Michaël Pomero (Guglielmo), Julien Monty (Ferrando), Marie Goudot (Despina)y Boštjan Antončič (Don Alfonso). Orquesta y Coro Estable de la Opéra National de París. Director del Coro: José Luis Basso, preparación del Coro: Alessandro Di Stefano. Dirección Musical: Marius Stieghorst.
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La apuesta de unir íntimamente canto y danza, ya intentada en otras oportunidades por la Ópera de París, tiene en esta puesta de Così fan tutte una rara perfección; la propuesta fue estrenada en enero de este año en lo que constituyó la temporada lírica pasada y repuesta prontamente, ente el 12 de septiembre y el 21 de octubre en catorce representaciones.

Ambientada vagamente alrededor de 1960 la coreógrafa Anne Teresa De Keersmaeker trabaja con una doble distribución formada por cantantes y bailarines. Cada solista tiene su correlato en un bailarín y la duplicidad que ya está en el libreto de Lorenzo Da Ponte es amplificada por esta concepción.

La simulación de los dos amantes que consienten en disfrazarse para intentar -tratando de fracasar y quizás secretamente deseando triunfar- seducir a la amante del otro; la doble faz de las hermanas, la acidez de don Alfonso y la falta de escrúpulos de Despina son multiplicadas por los bailarines que en algunos momentos realizan las mismas acciones que los cantantes y en otras sirven para mostrar, quizás, las emociones, los secretos o los deseos ocultos con movimientos totalmente diferentes a los que realizan los protagonistas vocales.

La plasticidad de movimientos natural en los bailarines se replica con éxito por los cantantes, cada momento es coreografiado al milímetro y la duplicación sirve para confundir un poco más en este perverso juego de amor en que se encuentran involucrados.

Cpssì fan tutte. Producción de Anne Teresa De KeersmaekerCossì fan tutte. Producción de Anne Teresa De Keersmaeker © 2017 by Ópera Nacional de París. / Christophe Pele

La caja escénica del Palacio Garnier está pintada enteramente de blanco y totalmente vacía, salvo siete paneles transparentes una pequeña mesa de apoyo con bebidas a la izquierda del espectador adelante y otra en el fondo a la derecha. No hay ningún otro elemento de utilería. Hasta el contrato nupcial no existe y sólo el movimiento de manos nos da la idea del documento. El piso está pintado con líneas que enmarcarán geométricamente la acción. La iluminación, firmada por al igual que la escenografía por Jan Versweyveld, es casi siempre blanca y en muy pocos momentos cambian las tonalidades.

Todo el color está dado por el vestuario diseñado por An D’Huys, de apariencia levemente contemporánea salvo Don Alfonso quien viste más cercano a la época de la acción así como el coro y las chaquetas militares de Guglielmo y Ferrando. Se usan el negro, el amarillo, el blanco, el violeta, el rosa, el azul, el rojo, el verde, el naranja, el celeste y el dorado en los trajes o accesorios en diferentes momentos. No se necesita más ya que todo el peso de la dramaturgia está dado por los movimientos.

Los doce protagonistas están en el principio en semicírculo en el escenario, en algunos momentos los personajes no interactúan entre si, en otros los movimientos son iguales y en otros opuestos; pero prima siempre la elegancia.

La conversión de los amantes en albaneses es simple: sólo cambian las camisas y los zapatos: del blanco y el negro se pasa al color.

Unos anteojos o una nariz sirven para disfrazar a Despina, todo es simple y a la vez convincente. Don Alfonso es más un hermano mayor que un anciano filósofo. Al final las parejas no se reconcilian totalmente ni se quedan con la nueva opción Fiordiligi/Ferrando, Dorabella/Guglielmo, como se hace en algunos casos, sino que todos salen huyendo del escenario en un final abierto.

Si a priori se puede especular que la danza puede distraer esto no ocurre, el trabajo diferente de Anne Teresa De Keersmaeker se visualiza inteligente, milimétrico, bien pensado y presentado.

Si la presencia del ballet podría hacer pensar en una minusvalía de lo musical esto no fue así. La segura dirección orquestal, desde el clave, de Marius Stieghorst concreta una versión ligera, con vuelo, ágil: La respuesta de la Orquesta se pliega a la sutileza Mozartiana a la perfección y el equilibrio entre el foso y la orquesta está siempre asegurado.

Cossì fan tutte. Producción de Anne Teresa De Keersmaeker Cossì fan tutte. Producción de Anne Teresa De Keersmaeker © 2017 by Ópera Nacional de París /Christophe Pele

El elenco vocal es homogéneo y de cantantes jóvenes que se plegaron a la plasticidad de los movimientos ideados por De Keersmaeker. La soprano sueca Ida Falk-Winland es una Fiordiligi de porte principesco que resuelve con inteligencia y buen gusto los escollos de una partitura muy ardua y con exigencias en todo el registro. Mientras que la Dorabella de Stephanie Lauricella es segura, compenetrada y eficaz.

Con bella emisión, potentes agudos y sutileza canora encarnó a Ferrando el tenor Cyrille Dubois mientras que el barítono francés Edwin Crossley-Mercer en Guglielmo mostró amplias condiciones vocales, registro pleno y parejo, canto sólido y muy bien timbrado.

La soprano hungara Maria Celeng como Despina derrochó simpatía y calidad vocal y Simone Del Savio (Don Alfonso) demostró aplomado desempeño.

En sus breves intervenciones el Coro, preparado para la ocasión por Alessandro Di Stefano, mostró estilo y sutileza.

Los bailarines de la Compañía de Danza Rosas: Cynthia Loemij (Fiordiligi), Samantha van Wissen (Dorabella), Michaël Pomero (Guglielmo), Julien Monty (Ferrando), Marie Goudot (Despina) y Boštjan Antončič (Don Alfonso), cumplieron con creces su cometido coreográfico.

En suma: Un espectáculo diferente propuesto con alta calidad.

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