¿Qué es eso de la crítica musical?

En tierras de penumbra

Maruxa Baliñas
viernes, 3 de noviembre de 2017
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Este texto es parte de una serie de artículos en los que nueve críticos de mundoclasico.com han accedido a responder a las preguntas: ¿qué es la crítica musical? y ¿por qué escribo crítica? El objetivo es reflexionar sobre las dimensiones éticas de la actividad de quien escribe y su función en el mundo de la música. 

Hay gente que nace sabiendo quién es y qué lugar ocupa en el mundo, pisa fuerte, tiene las ideas claras y no le importa empujar un poquito a los demás cuando es necesario. Pero yo tengo muy pocas certezas y tardé mucho tiempo en entender el funcionamiento de mi entorno. Como ahora hay tantos psicólogos y muchos de mis alumnos están ‘diagnosticados’ sospecho que lo que me pasaba tiene nombre y es hasta cierto punto una enfermedad. Pero yo nunca lo vi así, simplemente miraba mucho y entendía poco, y desde una edad bastante temprana la música era prácticamente el único sitio donde comprendía algo, donde las penumbras se disipaban, donde encontraba seguridades. Añádase a esto una fuerte vocación docente –creo que el conocimiento nos da libertad y felicidad– y un sentido de la justicia aguzado aún más por el ejemplo de mi madre. 

¿Qué tiene esto que ver con la crítica musical? Pues aparentemente poco, pero es que yo sólo puedo ser yo, y lo que pienso y escribo es siempre subjetivo. Esta infancia y adolescencia raras son ya temas bastante superados y con el tiempo me he vuelto mucho más segura y asertiva, pero en el fondo me sigue costando valorar y juzgar, lo que me incapacita para la crítica musical.

Se lo intenté explicar a Xoán M. Carreira a finales de 1999 cuando me quiso enrolar para el naciente proyecto de Mundoclasico.com, y en principio se suponía que yo sólo iba a hacer artículos musicológicos. Pero había dos injusticias y Carreira –que ya me conocía algo– se aprovechó: la crítica musical era algo que solo se hacía en Madrid y Barcelona aunque ocasionalmente algún crítico ‘viajara a provincias’ y no había apenas mujeres escritoras. Me hice cargo así de la crítica regular de la Real Filharmonía de la Galicia, sin saber cómo se hacía, basándome en lo que había leído y me había gustado o desagradado. Y me dispuse a colaborar con un diario musical dirigido por una mujer, Luisa del Rosario.

Como cuando era pequeña, miré mucho y entendí poco, pero como ya era adulta tenía unos criterios, apenas tres o cuatro pero claros, y sabía que lo único que podía aportar era honradez, sinceridad y amor por la música, además de unos conocimientos musicológicos que no parecían encajar mucho en lo que era una crítica musical. Es cierto que mucha gente que escribe críticas ocupa la mayor parte del espacio del que dispone contándote cosas sobre la obra, pero eso –salvo que sea una obra de estreno o fuera del repertorio– no tiene mucho sentido. Sinceramente, en esos primeros tiempos mis reseñas eran bastante malas, pero en el momento en que empecé a colaborar como ‘redactora jefe’ (nuevamente sin experiencia ni conocimientos) y empecé por tanto a leer y ‘montar’ las reseñas de los colaboradores, algunos de ellos muy buenos como leerán en las próximas semanas, aprendí mucho y mejoré. 

Sigo así un montón de años después, aunque ahora bastante ‘profesionalizada’ y con experiencia, lo que me permite ser mucho más rápida en juzgar, poder comparar entre muchos intérpretes que he ido oyendo a lo largo del tiempo, y tener unos cuantos ‘trucos’ para escribir deprisa sin que se note demasiado. Ahora casi nunca me siento en ‘tierras de penumbra’ cuando tengo que juzgar un concierto y eso me preocupa. Bastante del asombro inicial que sentía ante un gran concierto, de la responsabilidad y el miedo a juzgar a la hora de escribir las reseñas, de la inseguridad que me hacía pensar todo varias veces, ha desaparecido. Me he acostumbrado a los buenos conciertos y a los privilegios que a veces disfruta el crítico: entradas gratuitas, buenos asientos, conocer personalmente a algunos intérpretes, las conversaciones interesantes tras el concierto con otros privilegiados como tú, etc.

Creo que lo que me salva es la vuelta a la cotidianidad de las aulas después de un concierto maravilloso, un festival lleno de grandes figuras, un viaje genial. Mis alumnos adolescentes me mantienen unida a la realidad y me recuerdan que sólo soy ‘Maruxa la profe de música'.

Algunas certezas inciertas

¿Qué sé entonces sobre la crítica musical? Pues que es periodismo. Que mi principal función es informar y estar al servicio del lector y no del programador, mecenas o artista. Luisa del Rosario y Javier Moreno –los fundadores de Mundoclasico.com– insistían mucho en eso. Y en cierta medida este concepto era revolucionario en la crítica musical española de finales de los 1990 cuando las revistas musicales dependían para su financiación de las subvenciones políticas, del comentario de discos (las discográficas movían mucho dinero y tenían poder) y en menor medida de los conciertos.

También teníamos muy clara nuestra vocación de escribir en español para todo el mundo, conscientes de que Internet era un mundo en inglés e íbamos a competir con revistas veteranas a las que admirábamos y respetábamos. Pero sabíamos que teníamos a nuestro favor precisamente el que nos movíamos en un mundo nuevo que requería otro modo de hacer periodismo, que hasta cierto punto podíamos inventar nuestros modelos. Y a menudo lo hicimos.

Tengo por tanto claro –aunque no siempre lo sepa hacer– que la crítica musical no consiste en dictaminar si algo es bueno o malo, sino de analizar lo que sucede e intentar explicarlo, no tanto con los instrumentos de la filología como con los de la crítica cultural. Esto exige cierta perspicacia para descubrir los intereses ocultos de los que a veces no son conscientes ni los propios intérpretes y compositores. Intentar leer 'el curso de los tiempos'. O sea, más importante que discutir si Lang Lang se adecua filológica, estética o históricamente a una obra, es intentar entender y explicar qué es lo que hace y por qué lo hace, lo cual –aparte de conocimientos– requiere empatía y la profunda convicción de que en arte tener razón no sirve para nada.
Esta perspectiva se vio alimentada naturalmente por la naturaleza de mis dos temas favoritos de investigación: la vida musical ruso-soviética y el estudio del cuplé en España. Materias ambas en las cuales los conflictos de intereses, la dependencia de las circunstancias políticas y económicas, y la abundancia de elementos afectivos e irracionales hacen que la calidad musical no sea el principal valor y que la convicción de estar en posesión de la verdad sea la mejor garantía de que el tren de la investigación arribará a una vía muerta.

En resumen, creo que mi trabajo como crítico musical consiste en localizar la información, acotarla, clasificarla, interpretarla y comunicar mis hipótesis y conclusiones de manera razonada y razonable, que a menudo es lo mismo que comprensible. Además mis lectores tienen que conocer mis planteamientos de base y saber 'mis manías' para así poder ellos juzgar la pertinencia y verdad de mis análisis.

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