Discos

El Harvey Weinstein de Händel

Raúl González Arévalo
jueves, 16 de noviembre de 2017
George Friederic Handel: Lucio Cornelio Silla, ópera en tres actos sobre libreto de G. Rossi (1713). Sonia Prina (Silla), Martina Belli (Claudio), Sunhae Im (Metella), Vivica Genaux (Lepido), Roberta Invernizzi (Flavia), Francesca Lombardi Mazzulli (Celia), Luca Tittoto (Il Dio). Europa Galante. Fabio Biondi, director. Dos CD (DDD) de 113 minutos de duración. Grabado en directo en la Wiener Konzerthaus de Viena (Austria) en enero de 2017. GLOSSA GCD 923408. Distribuidor en España: Semele.
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Hay obras envueltas en un misterio que, a pesar de las pesquisas de los investigadores, permanecen encerradas en un halo impenetrable. Lucio Cornelio Silla es a buen seguro la obra más desconocida de Händel, no solo porque contara con una única grabación discográfica relativamente reciente (2000), sino porque se desconoce el detalle de su creación y hay dudas incluso de si se llegó a estrenar en 1713, año de composición. Los manuscritos que han sobrevivido están incompletos, lo que ha dificultado su reconstrucción. Y no hay noticia de funciones, más allá de la hipótesis razonable, aunque no exenta de dudas, de que fuera compuesta para homenajear al nuevo embajador francés en Londres, el duque de Aumont. Lo apoyaría el hecho de que no se conozcan representaciones públicas y de que gran parte de la música terminara en otro título, Amadigi di Gaula, este sí bien conocido y con una música bellísima.

Precisamente la música de Amadigi era el mejor aval para explorar este Silla, del que se ha llegado a afirmar que se basa en el peor libreto al que Handel puso música en toda su carrera. Ciertamente no deja de ser disparatado (más de lo habitual en algunas óperas serias, quiero decir). Pero, haciendo de la brevedad virtud, tiene como contrapartida la concisión, siendo una de las obras más breves de su autor. Aunque difícilmente se entiende que para homenajear al embajador francés se eligiera como protagonista no un héroe de la Antigüedad sino a un villano. Efectivamente, siguiendo de cerca el retrato que ofreció Plutarco, tenemos un titular que no solo se erigió en tirano de Roma, sino que ordenó la masacre de refugiados y se revela como un auténtico depredador sexual que protagoniza nada menos que siete escenas de acoso en un desarrollo dramático tan breve: Silla es el Harvey Weinstein de Handel, un personaje de fondo repulsivo cuyas aristas se ven dulcificada por la excelente factura de la música.

Fabio Biondi hace tiempo que ha liderado algunas de las recuperaciones más sonadas de los últimos años, del Bajazet de Vivaldi (Virgin 2005) al Adriano in Siria de Veracini (Fra Bernardo 2014). Con este Silla logra un resultado incluso más brillante que con el anterior Imeneo (2015), dentro de la magnífica serie de grabaciones que está llevando a cabo para Glossa. Esperemos que nos regalen muchas más porque los resultados artísticos son insuperables. Confieso mi debilidad por este director y su orquesta de instrumentos originales, Europa Galante. En un momento en el que se cuestiona la personalidad sonora de las formaciones de música clásica el conjunto italiano, una de las primeras agrupaciones mundiales en este repertorio, conserva un sonido propio. Así, más allá de la exactitud de su ejecución, pasmosa, el virtuosismo de sus componentes y la brillantez de la prestación, hay una cualidad netamente italiana, distinguible en la calidez y en el estilo, que en el caso de Handel le proporciona el sonido justo para explicar el furor de la ópera italiana en la Inglaterra del siglo XVIII. Desde la obertura uno solo puede rendirse y dejarse llevar. Indudablemente el resultado final no sería el mismo si el violinista no dirigiera la partitura con un instinto dramático sobresaliente, dosificando sabiamente los ritmos en función de las situaciones y los afectos barrocos. Sabiduría máxima y resultado insuperable.

Evidentemente el reparto conforma la otra parte indispensable de un logro tan sobresaliente. A Sonia Prina se le empieza a notar el paso del tiempo, en especial frente a otras colegas más jóvenes. Pero es tal la autoridad del fraseo, el dominio de la palabra, el conocimiento del estilo, que cualquier objeción en cuanto a su frescura queda automáticamente en un segundo plano, desde su aria de entrada “Alza il volo”, en la que el ímpetu marcial es perfectamente traducido con la intención de las frases.

Sorprendentemente, a pesar del título de la obra, la disposición de las arias revela que el personaje sobre el que recae el mayor peso no es Silla sino Claudio, aquí interpretado por Martina Belli. Destinataria de cinco arias, se luce oportunamente en la más espectacular, “Con tromba guerriera” y diferencia el estado de ánimo más introspectivo de “Mi brilla” y “Luci belle”.

La otra parte de castrado la asume Vivica Genaux (Lepido), que se hace valer por el conocimiento del lenguaje handeliano, la facilidad de emisión y la velocidad vertiginosa que logra imprimir a la coloratura (al margen de la técnica peculiar con que la produce) desde su impresionante aria de entrada “Se ben tuona”. El dúo del segundo acto con Roberta Invernizzi es un punto álgido de la grabación.

La soprano italiana es una de las grandes protagonistas del registro con su intachable Flavia. Se ha convertido en un lugar común decir que es una de las mejores sopranos para el repertorio barroco. Para mí es directamente la mejor de su generación, como confirma en cada oportunidad que se le presenta, aquí de nuevo. La identificación con el lenguaje (en el doble sentido: música e idioma) es absoluta en una combinación excepcional. Solo es destinataria de tres arias, pero la diversidad en la escritura de las emociones de cada una le permite un despliegue al alcance de muy pocos intérpretes, de la invocación a Júpiter “Un sol raggio” a la desafiante “Qual scoglio”.

Sunhae Im tiene el personaje más sufrido, Metella, la esposa del tirano. Su voz, más ligera que la de Invernizzi, contrasta tímbricamente con la de la italiana. El mayor desarrollo del instrumento en los últimos años le permite ofrecer una paleta de colores más variada que en sus inicios, cuando la ligereza de la voz la hacía más limitada en este aspecto, al tiempo que el dominio de la coloratura permanece invariado.

Por último, Francesca Lombardi Mazzulli y sobre todo Luca Tittoto en sus breves cometidos cumplen a la perfección las necesidades de sus partes.

En definitiva, esta nueva grabación no solo eclipsa absolutamente en todos los aspectos la anterior (Somm 2000) y se sitúa como opción indiscutida para este título, los aciertos la sitúan en el mapa junto a otras recientes e indispensables de títulos poco frecuentados del catálogo handeliano como Alessandro, Arminio y Ottone.

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