DVD - Reseñas

¿Temió El público al público?

Paco Yáñez
lunes, 20 de noviembre de 2017
Mauricio Sotelo: El público. Ópera bajo la arena. José Antonio López (Director). Thomas Tatzl (Gonzalo). Arcángel (Primer caballo). Jesús Méndez (Segundo caballo). Rubén Olmo (Tercer caballo). Joseph Miquel Ramón (Segundo hombre, primer caballo blanco, centurión). Antonio Lozano (Tercer hombre, caballo negro, pastor). Gun-Brit Barkmin (Helena). Erin Caves (Emperador, mago). Isabella Gaudí (Julieta, niño). Agustín Diassera, percusión. Juan Manuel Cañizares, guitarra. Coro Titular del Teatro Real. Klangforum Wien. Pablo Heras-Casado, director. Dirección escénica: Robert Castro. Escenografía: Alexander Polzin. Xavier Dubois, François Duplat y Jacques-François Suzzoni, productores. Un blu-ray de 142 minutos de duración grabado en el Teatro Real de Madrid (España), en marzo de 2015. Bel Air Classiques BAC 534. Distribuidor en España: Música Directa.
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Bajo el título Música mayor para un Lorca imposible, Mikel Chamizo glosó para Mundoclasico.com el estreno en el Teatro Real de El público (2011-14), ópera en cinco cuadros y un prólogo del compositor español Mauricio Sotelo (Madrid, 1961), una reseña a la que me remito, pues en ella Chamizo examina con mayor amplitud los aspectos escénicos y musicales que conforman la que fue una de las apuestas por la creación actual más destacadas del Teatro Real en lo que va de década (encargo de un Gerard Mortier a cuya memoria se dedica esta ópera).

Lo que hoy presentamos en nuestra sección discográfica es la soberbia edición en blu-ray que el sello Bel Air ha realizado de El público. Ópera bajo la arena, título completo que Mauricio Sotelo ha dado a su más ambicioso trabajo escénico hasta la fecha. Ello me ha ofrecido la oportunidad de poder conocer esta ópera, si no tan de primera mano como lo que hubiese sido el escucharla en vivo, al menos con una calidad de imagen y sonido (con la cercanía propiciada por la excelente filmación en HD 1080i) más que suficiente para llegar a una conclusión tan personal como la de que, en conjunto, El público es una ópera que acaba resultando insufrible por su obsoleta y anodina línea vocal, especialmente en lo que a impostación (aspecto sobre cuyo abuso ya alertaba Chamizo en su reseña) y canto se refiere: incomprensibles en la línea estética que uno esperaría de un creador con la trayectoria de Mauricio Sotelo. ¿Ha temido el compositor madrileño, precisamente, al público? ¿Se ha comportado de un modo análogamente timorato al de su protagonista en el primer cuadro de la ópera?...

...dudo mucho que Luigi Nono, de quien Mauricio Sotelo reiteradamente se dice alumno (cuando en sentido estricto sólo podemos hablar de dos alumnos del veneciano: Nicolaus A. Huber y Helmut Lachenmann), aprobase una ópera como El público, precisamente por esa complacencia con una línea vocal tan simplona que prolonga lo más cansino y acomodaticio del género. También sostiene habitualmente Sotelo que la presencia del flamenco en su obra se debe, en parte, al hecho de que el propio Nono lo impeliera a buscar en las raíces de la música española elementos idiosincrásicos cuya actualización compactara sus rizomas históricos, renovándolos desde el presente. Ahora bien, y por lo que a la primera línea de canto se refiere, la ópera resulta -en mi opinión- prescindible, por cuanto no aporta nada al género y hasta diría que lo depaupera: bochornosos, por ejemplo, los pasajes corales en 'La revolución', cuarto cuadro de El público en el que la música contradice cualquier atisbo artísticamente revolucionario, quedando todo el despliegue escénico -remitido a la crucifixión- como una versión muy manida de un épater les bourgeois visual cuando la parte propiamente musical afianza lo más aburguesado del canto operístico (no: Nono jamás hubiese aceptado esta falsedad; lectura, ésta de las capas antitéticas en una obra musical, que tan bien han realizado, analizado y puesto en guardia tanto Huber como Lachenmann). Tendremos que quedarnos, por tanto, con la parte flamenca como la más interesante a nivel vocal de El público; un flamenco aquí especialmente puro, no tan sublimado dentro de una estética contemporánea como en otras obras de Sotelo. Quizás el hecho de que la ópera se base en la pieza teatral homónima de Federico García Lorca le confiera más pertinencia y sentido a ese arranque atávico y racial que capitaliza algunas de las escenas más logradas de El público, como el final de la tercera escena del primer cuadro, 'El biombo', con su plantilla de cantaores, guitarra, percusión y danza de caballos (elemento percusivo en sí mismo), que conforman lo más compacto del primer acto, en el mejor estilo flamenco, sin la paupérrima impostación vocal que había dominado el resto del cuadro.

Los momentos más flamencos, por tanto, como el final de la primera escena del cuadro tercero, 'Julieta y los caballos', se erigen como los pasajes emocionalmente más potentes y musicalmente más sugerentes, allí con su danza frenética, de nuevo convertido el baile en pura música de percusión, con su zapateado y bastoneo. Misma situación en la antes citada 'La revolución', donde el cantaor, en su paso sobre las cabezas del coro, vuelve a ser lo más bello y atávico (además de visualmente impactante) en una escena que vocalmente es todo lo contrario a su título: pura contrarrevolución coral (por no mencionar las intervenciones desde los palcos laterales, auténticamente lamentables), conformando toda la escena un martirologio, sí, pero de la música actual. Es así que ese supuesto nuevo teatro al que se refiere el texto (cuya adaptación para el libreto de El público por parte Andrés Ibáñez no ha conseguido hacer más poética y musical una propuesta así defenestrada), el «teatro bajo la arena», no alquitara sustancia musical propia, no existe una diferenciación artística (ni en técnicas ni en estilo) que muestre la disparidad entre ambas formas teatrales: nuevo error formal a la hora de dar salida a un texto (como también señalaba Chamizo) de tan difícil adaptación operística. En esos pasajes de un-otro-teatro, lo único que resulta efectivo en esta propuesta es el aparato escénico, con visos oníricos bien conducidos por un Robert Castro que diría más cercano a Almodóvar que a Lorca. Ello podría resultar 'pasable' si la sustancia musical se sostuviera por sí misma; como no lo hace, el conjunto acaba resultando hasta molesto: capas de florituras visuales sin una sustancia musical a la altura de su modernidad escénica.

Fallando en tal grado el aparato vocal, la ópera queda seriamente dañada como unidad, y tampoco es que la escritura instrumental ayude en exceso, en demasiados compases totalmente seguidista del canto, además de con ese esquematismo tan reiterativo al que se refería Chamizo en su crítica. Sólo un pasaje me ha parecido instrumentalmente impecable: 'Los semidioses', tercera escena del segundo cuadro: realmente soberbia, con un Sotelo muy próximo a la música espectral. Acompaña esta música uno de los recursos más potentes de El público en lo visual: la proyección de un cortometraje cómico en el más puro estilo años veinte-treinta; conjunto cuya potencia acústico-visual parece hasta contagiar al realizador, que firma la parte más imaginativa de la filmación precisamente en 'Los semidioses', con sus movimientos de cámara, contrapicados, etc. Una pena, que Mauricio Sotelo no hubiese desplegado toda su ópera desde la rotunda musicalidad que desgrana esta escena (con un canto, por supuesto, a su altura estilística), pues el resultado hubiese sido otro. No sé si -como se preguntaba Mikel Chamizo- quizás al compositor madrileño le haya faltado tiempo; yo diría que es un problema más de estilo, un pasar por el aro que ha traicionado la música del propio Sotelo, haciendo que algunos de los que habitualmente disfrutamos su música, ante El público no podamos más que sentirnos defraudados.

En todo caso, y como antes he adelantado, la edición en blu-ray de El público es excelente a todos los niveles de calidad de imagen y sonido, con una mención muy especial para el director de la filmación, Jérémie Cuvillier, y para unos cámaras que nos presentan unas tomas muy bellas y cuidadas, perfectamente estudiadas para hacernos partícipes en nuestros televisores de las relaciones escénicas, con sus respectivos planos y significados en la dramaturgia. La ratio de imagen, típica en una filmación HD de esta calidad, es de 16:9, con subtítulos en castellano, inglés, francés, alemán y coreano. Las regiones del blu-ray son A, B y C, siendo el sonido en PCM 2.0 estéreo y DTS HD Master 5.1. El único 'pero' que le pondría a esta edición es la total ausencia de extras, cuando tanto el compositor como muchos de los músicos podrían protagonizar unas muy interesantes entrevistas. En lo que sí es más generoso el blu-ray es en el libreto, de 23 páginas, con una sinopsis de cada uno de los cuadros que conforman la ópera y numerosas fotografías a color de su representación en el Teatro Real. Se suma así esta edición a las ya lanzadas al mercado por Bel Air con propuestas del teatro madrileño como Brokeback Mountain (2008-12), de Charles Wuorinen (Bel Air BAC411) o Aufstieg und Fall der Stadt Mahagonny (1927-29), de Kurt Weill (Bel Air BAC467). Aunque a uno no le haya convencido la propuesta operística de Mauricio Sotelo, sí debe congratularnos el que de nuestra ópera actual queden documentos audiovisuales de esta calidad, pues de presencia fonográfica sólida no anda sobrada nuestra música.

Este blu-ray ha sido enviado para su recensión por Música Directa.

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