¿Qué es eso de la crítica musical?

La crítica musical como subespecie del periodismo cultural

Gustavo Gabriel Otero

viernes, 1 de diciembre de 2017

Este texto es parte de una serie de artículos en los que nueve críticos de mundoclasico.com han accedido a responder a las preguntas: ¿qué es la crítica musical? y ¿por qué escribo crítica? El objetivo es reflexionar sobre las dimensiones éticas de la actividad de quien escribe y su función en el mundo de la música.

Los editores de mundoclasico.com nos ponen en la disyuntiva de teorizar sobre las dimensiones éticas y estéticas de la crítica musical y por otra parte de hacer algo de autobiografía. Para los que estamos acostumbrados a transmitir el pensamiento o las actividades de los demás, a preguntar y, quizás, a juzgar, cambiar de óptica implica un verdadero problema y ciertamente un desafío.

En principio creo que no se puede hablar solo de crítica musical sino, en general, de periodismo cultural y, dentro de éste, de periodismo cultural orientado a lo musical. Podemos afinar más el constructo y hablar de periodismo sobre música académica o música clásica. Dentro de estos limites más amplios creo que es más adecuado enmarcar la crítica musical como una de las subespecies del periodismo que encaramos los distintos colaboradores de mundoclasico.com.

Con sólo mirar las cuatro secciones principales de nuestro Diario Internacional de Música Clásica: Críticas, Artículos, Noticias y Convocatorias y las múltiples subsecciones de las dos primeras nos da una idea general que la crítica no es una labor excluyente ni exclusiva, sino tampoco la principal.

Noticias, recensión de libros, ensayos, obituarios, crónicas, entrevistas, convocatorias a espectáculos, editoriales y, por supuesto, críticas pueblan nuestra labor periodística orientada a la cultura y a la música clásica. Por lo tanto la crítica sólo es una más de nuestras labores periodísticas, quizás la más compleja y por lo tanto la principal función será la de informar teniendo en cuenta al lector y a nadie más.

Pero es evidente que dentro del periodismo la crítica es una de las funciones más complejas y la caracterización de esta labor nos hace entrar en un terreno fangoso: el crítico es un mero cronista o es un proveedor de opinión. La verdad seguramente está un punto intermedio que combina la crónica de un espectáculo con la opinión sobre ese mismo hecho.

Lo que siempre habrá que dejar en claro es que damos opinión y de ninguna manera revelamos la verdad. Lo más importante será la honestidad intelectual con la cual encaremos esta mixtura de crónica con opinión y sin lugar a dudas la independencia de criterio será fundamental. No adherir a rencillas, capillas, intereses personales o corporativos sino simplemente decir nuestra opinión sin estar al servicio de personas o instituciones aparentando objetividad. Tampoco para servir a conveniencias o gustos propios. Jamás se debe ofender o usar argumentos ad-hominen, ni otras explicaciones que terminen dañando la credibilidad del medio de prensa para el cual colaboramos. El respeto al artista, a la obra y a los lectores quedan fuera de toda discusión. Parece simple pero en realidad no lo es.

Si nuestra visión de la crítica es asumirla como una de las tareas del periodismo sobre música, la función será similar a la del periodismo: informar, emitir opinión y dejar registro de los hechos. En mi caso, una vocación periodística juvenil no continuada se pudo enlazar con la afición a la ópera de manera inesperada alrededor del año 2000. Primero fue la radio y luego llegaron los medios escritos. Seguramente el ejercicio de la docencia y el derecho ayudaron, pero el encontrar la vía de canalizar una aptitud periodística que había sido olvidada o no explorada con más de veinte años como espectador de espectáculos líricos sirvió de disparador.

Mi primer medio escrito fue mundoclasico.com, inicialmente enviando noticias desde una ciudad, Buenos Aires, que había sido de las más importantes en el mundo de la lírica y que había caído -y quizás continúa- en la intrascendencia internacional; pero que aún conserva una actividad digna de difundir y de reseñar.

Luego fueron las críticas como consecuencia natural de las noticias y de la labor radial. En eso momento mi perfil encajaba perfectamente con el que buscaba mundoclasico.com: ‘opinión de los aficionados cultos, que vuelcan sus juicios en forma llana y absolutamente independiente’ como explicaron en agosto de 2007 en Buenos Aires tanto Xoán M. Carreira como Maruxa Baliñas. Yo no era ‘’un crítico profesional ni acreditado por los grandes medios conocidos’, y eso era lo que privilegiaron los editores. Posteriormente llegó el intento de profesionalización tomando cursos de periodismo cultural y asistiendo a talleres de práctica periodística.

Después y lentamente llegaron otros medios escritos: revistas y periódicos de la Argentina y distintos lugares del mundo. El horizonte se amplió con reseñas de otras partes de mi patria y con viajes para cubrir espectáculos en el extranjero.

Las entradas de prensa son un medio pero no un fin en sí mismo. De hecho me pasa lo mismo que a otros colaboradores de este diario internacional: hemos de reseñar espectáculos gratuitos o a los cuales concurrimos abonando la entrada por la importancia de lo ocurrido artísticamente.

Siguiendo al amigo Agustín Blanco Bazán siempre soy más ‘yo’ cuando escribo en mundoclasico.com y es mi medio preferido con más de quince años de colaboración. ¿Por qué lo hago? Evidentemente porque me gusta ejercer el periodismo sobre música clásica en todas sus facetas. La crítica es sólo una de ellas e intento siempre llegar al espectáculo pensando en que asistiré a la mejor función de mi vida, no es razonable entrar a la ópera pensando que siempre en el pasado fue mejor. Claro que tampoco se puede renegar de la historia, el optimismo debe primar de lo contrario estafamos a los lectores destinatarios finales de nuestro trabajo.

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