¿Qué es eso de la crítica musical?

corrientes de con(s)ciencia de un crítico musical

Paco Yáñez

viernes, 8 de diciembre de 2017

Este texto es parte de una serie de artículos en los que nueve críticos de mundoclasico.com han accedido a responder a las preguntas: ¿qué es la crítica musical? y ¿por qué escribo crítica? El objetivo es reflexionar sobre las dimensiones éticas de la actividad de quien escribe y su función en el mundo de la música.

temor abismático ante el documento (antes, página) en blanco : virginidad imposible por cuanto reverbera tras cientos (¡miles!) de horas de musicografía frente a una pantalla que es campo ecoico de lo que en ti con-fluye como espacio secante (disponga cada cual las elucubraciones polisémicas que mejor se ajusten a esa conservadora inercia que es cerciorar en el otro cuanto a priori habíamos determinado, aferrados a los pilares de un solidificante constructivismo moral) : direccionalidad (al menos, un norte textual) prefijada: indagar los motivos y razones y sentidos y..., de tu labor (¿es sólo eso?) como crítico musical

decía Castelao (escritor, artista y político gallego) que se había hecho médico por amor a su padre, pero que no ejercía por amor a la humanidad. tú estudiaste (durante un breve lapso de tiempo, allá en la no tan remota infancia) violín y canto, pero pronto los abandonaste, no sabes bien si por ese mismo amor a la música que te había llevado a estudiarla, si por respeto a la humanidad, o por motivos que aún no has determinado ni determinarás. «el chico tiene talento, pero es muy inquieto y a veces indisciplinado». décadas más tarde, dudas tanto de ese talento como de una supuesta insubordinación que para los hermanos de La Salle (de castrense pedagogía musical) era apenas una exigua desviación que traspasase los manuales de la 'buena conducta'. no coqueteabas todavía con la idea de violentar (política, estética, artísticamente) lo establecido: ese tira y afloja que acabaste descubriendo como pieza sustancial y motor mismo de la tradición: un ser parte de lo que se pretende cuestionar (¿punta de lanza? en tu caso, más corazón de ratón que cola de león)

ni normas, ni libros de estilo, ni una edición encorsetante: libertad, si no plena, al menos suficiente para hacer del diario en el que escribes un reflejo de la diversidad que campa por los agrestes paisajes (idílicos y serenos, que parecían vistos desde fuera) de la música ¿clásica?, ¿culta?, ¿artística?, ¿seria?..., cuántas veces un apellido no acaba configurando una prisión

los pianos, los clarinetes, las guitarras... la foto de tu abuelo materno (al que nunca llegaste a conocer) en la tuna de Medicina (¿1928?), flauta travesera en mano: imagen de una música que era entonces cotidianeidad, para acabar en vuestra generación en un elocuente silencio, no precisamente cageano; en tu caso, música de teclado (informático, precisarás) con la que intentas desentrañar caminos 'al otro lado' dejados. y, sí: episodios de insubordinación (vista desde hoy, tan reprobable como comprensible: rito iniciático de una adolescencia en camino a asimilarte a cuanto quizás repudiabas). recuerdas con obscura claridad tu primera visita al auditorio de la levítica ciudad por la que aún (di)vagas (ese leviatán que convertirás en antagonista): Jean-Pierre Rampal (¿era realmente él, o te traiciona la memoria?) sobre el escenario; tú, rabiosa-mente contrariado por un concierto al que no deseabas asistir y al que los profesores te llevaron, parte del mismo boicoteado (en la pequeñez de tus oídos: ¡valiente gesto de protesta!) por unos auriculares con los que huiste a otras músicas (ni recuerdas cuáles) menos celestiales que las del flautista galo (curioso mimo silente ante tu mirada sorda), pero sin duda más del gusto de una pubertad que, si en ti fue rebelde, lo fue tan sólo en tu interior (¿vienen de aquel hieratismo polvoriento tus actuales lodos contestatarios?)

afirmaba Stravinski que componía para el otro hipotético. ¿para quién escribes tú? (pre)suponer (como lo haces ante cada documento en blanco) que no hay nadie al otro lado, opera en ti en un doble sentido, creando sensaciones contrapuestas ("...zwei Gefühle..."; no, muchas más) que tanto te liberan como te obligan (¿e ilusionan?), tomándote como auditorio y juez (no pocas veces, reo y condenado) de tu propia escritura. operar en los márgenes de la marginalidad, o la música contemporánea en una pequeña urbe (la mayor aldea del mundo) de provincias. la lectura de la realidad desde la periferia: el relato de tus propias crónicas como testigos de una geografía cultural que reivindicas múltiple (en tiempos de uniformadora globalización). constatar, a través del cosmopolitismo de tus compañeros en Mundoclasico, hasta qué punto te has entregado (¿inmolado?) a una lucha contra molinos que apenas mapa acústico reflejará (en un tiempo en el que todo ha sido googlecartografiado). y sin embargo, el imperativo moral de progreso que has asumido (enseñanza de un Luigi Nono al que tienes entre tu coro de maestros; ¿altar?, descreído idólatra) como propulsor que ha movido y (re)mueve tu quijotismo: mezcla de fanatismo hispano e idealismo germánico con el que deambulas intentando construir en los finisterres musicales un reflejo de cuanto consideras humanismo, cultura y civilización

octubre de 1997: vértice temporal que determinará el mapa de tus futuros hasta el presente, incluido (toda una madrugada esperando a Claudio Abbado y sus berliners) a Enrique Sacau, con quien tantas horas pasaste aquel fin de milenio compartiendo música y conversaciones. entre los descubrimientos por Enrique propiciados: un foro repleto de inquietos melómanos en la aún bisoña internet, ágora llamada Mundoclasico que llegó a ser el punto de encuentro y diálogo en castellano (tantas veces, tumultuoso y vocinglero) más potente sobre música clásica (culta, artística, seria...) en aquella red que os acabaría a todos pescando década tras década. años fueron de ir conociendo y tratando (la sorpresiva tridimensionalización de los foreros extramuros de internet) a quienes constituirían el tan necesario contrappunto dialettico alla mente con el que indagar las múltiples tramas del palimpsesto musical: tus intensos debates con el oráculo Carreira; la ya entonces contemporizadora Maruxa Baliñas, siempre intentando poner orden y un toque de humanidad (¿los pies en la tierra o la tierra en los pies?) a tal vorágine de varones blancos -tantos de ellos, solteros (y ahí te perpetúas, ¿resistiría otro estado tu entrega a la escritura?, ¿tan celosa amante es la música?)- que hacían de su melomanía profesión de fe y sentido vital

sabedor de tu pasión en aquel foro digital (quizás de algún conocimiento y criterio que dignos creyó de compartir), en diciembre de 1999 Sacau te invita a suplirlo como crítico en un concierto de Josep Pons y la Orquesta Sinfónica de Galicia (Wagner, Schönberg, Strauss). fue así como publicaste, un domingo 12 (orgulloso e incrédulo), tu primera crítica musical, en el diario El Mundo (ejemplar que conservas, ya amarillento, con una portada que desde otro siglo os habla de independentismos, tensiones con Rusia y luchas palaciegas en los partidos políticos: cánceres enquistados de un mundo que todavía sigue igual)

preguntado Juan Goytisolo (obvia influencia que cualquier ojo clínico-literario puede espulgar entre tus letras) sobre qué consejo daría a los jóvenes escritores, el autor de Makbara (y...) afirmó que no depender económicamente de la literatura, para así tener libertad plena a la hora de servir a la escritura, y no al producto editorial. te has impuesto como imperativo y seña de identidad esa libertad desde los primeros momentos de una escritura crítica que crees igualmente beneficiada por tu no pertenencia profesional al mundo de la música: ajeno a un servilismo que a menudo te hace cuestionar mucho de cuanto lees. pájaro solitario y lobo estepario (¿parte de una especie en peligro de extinción?) de la musicografía, has arrostrado no pocos conflictos por mantener esa fidelidad a un idealismo artístico emponzoñado por castas (nuevo zeitgeist lingüístico-político) musicales movidas por (¿indolentes, pasivos, espurios...?) motivos antagónicos a una de las lógicas recurrentes en tu escritura: denunciar, espolear, remover, poner en evidencia una sociedad con unos grados (crecientes) de conservadurismo y banalidad que depauperan hasta la estulticia cualquier atisbo de lo que cada día es más homo autómata y menos homo sapienstísimo

4 de abril de 2003: tras años de intensos debates agoreros (de ágora y agüeros), así como de incansable práctica del único instrumento que con virtuosismo entonces tocabas: el mando a distancia de tu equipo de alta fidelidad, la primera crítica para Mundoclasico (cuidadosamente aconsejada por Xoán M. Carreira): ese ansiado disco con la obra orquestal de Francisco Guerrero (col legno WWE 1CD 20044) : Un esfuerzo colosal : siete páginas que anticipaban las (des)medidas futuras que tus palabras hiperplasiarían en los tejidos textuales : ¿qué determina la extensión y la profundización de una crítica? : ¿qué pulso es el del escritor, cuál el del melómano y cuál el del musicógrafo? : ¿por qué hasta dos veces te iniciaste en la crítica musical con tan inmediata retirada 

discurso quebrado : más verdad en el ritmo musical de la escritura que en sus razonamientos apalabrados : proteica voluntad interdisciplinaria, que sean otras luminarias las que te saquen de tu obscuridad, haciendo dialogar, en negro sobre blanco (inversión cromático-racial de la sañuda realidad) artes y pensamientos (Lachenmann, Joyce, Millares, Godard...

21 de febrero de 2006: invitado por Alfredo López-Vivié (que en tu tercera entrada a la crítica te mostró otras formas de escribir), firmas el primero de los cientos de artículos, reseñas, ensayos y entrevistas que desde entonces no has dejado de producir, con una fertilidad que en ocasiones te causa incredulidad (y espanto) : La psicoacústica del deshielo (esculpir la poética de un título : eludir el virus de la reiteración) : tres páginas en las que Alfredo te recomendaba una contención que se te hacía weberniana : mode records 153 : con el tiempo, irás refinando tus selecciones (y palabras), tan dependiente entonces (como ahora) de una discografía que para ti es cordón umbilical

...Tarkovski, Nóvoa, Cage, Cortázar: afinidades (s)electivas en cuyas poéticas te enraízas intentando superar tu idiosincrisis como parcialidad)

a cuatro días de alcanzar como crítico musical tu mayoría de edad, habiendo colaborado en diversos medios y viendo tus textos publicados en ocho idiomas, en algunos de los templos (Konzerthaus, Witten, Kairos...) del orbe musical, no podrías definir lo que es la crítica : si la crítica es denuncia, vives en un entorno musicalmente corrompido : si la crítica es proceso de conocimiento, tu ignorancia no es de lagunas, sino de océanos : si la crítica es vanidad, has de psicoanalizar los resortes de tu autoestima : si la crítica es compartir con el otro (hipotético), tu generosidad no debe ser menor : si la crítica es piedra filosofal de una sociedad soñada, no has cejado en tu empeño de hacer las utopías realidad : si la crítica es...

has renunciado en tus textos a sistematizar panoramas musicales totalizadores, a trazar un organigrama de la verdad (ese tótem en ruinas) : la tuya es una labor de zapa y trinchera : crees que son otros quienes han de establecer los mapas, que recorrerás armado con los dardos de tus palabras : en el trayecto, habrás (re)conocido a melómanos, músicos, artistas y compositores; entre ellos, a buena parte de cuantos admirabas, cuyo ejemplo, amistad y consejos te han impelido a perseverar : pero, también: miradas de soslayo, acusaciones explícitas o veladas, retiradas del saludo, desafecciones, vetos y simpatías truncadas

por ello, por haberte introducido un paso más en un mundo contradictorio, de decepciones y plenitudes, a Enrique, a Xoán, a Maruxa y a Alfredo les estás hoy agradecido; aunque a veces crees que, como a Alicia, te han pasado al otro lado de un espejo cuyos miríficos brillos quedaron, desde entonces, puestos en solfa(mi-re-do), demostrando el poder de perturbación de la crítica (más que de transformación; al menos, por la evidencia de tu completa intrascendencia, pues una mayoría de edad más tarde continúas, cual San Juan, predicando en las arenas de los desiertos acústicos)

ejercicio de memoria (y constatación de olvidos) : (de)construcción de las exiguas ideas que has conseguido articular : último repaso al texto que lanzarás a quien tu primera crítica te ofreció, transitando desde entonces cuanto ya no son certezas, en camino hacia tus hipótesis : finalmente (cerrando con temor abismático el círculo) pulsas el botón de «enviar»

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