Artes plásticas y exposiciones

Una nueva ventana desde la que mirar el violín

Carmen Navarro Aparicio

jueves, 7 de diciembre de 2017

Hace siete meses tuve la oportunidad de asistir a la grabación de un disco de la mano de IBS Classical y cuyo protagonista era el violinista Alejandro Bustamante. Lo planteé como un trabajo dentro de mi formación en fotografía, quería documentar con imágenes los ensayos previos a la grabación. Generosamente me permitieron acceder a un momento único. Ahora que las fotos salen a la luz Xoán M. Carreira me invita a escribir sobre por qué quise fotografiarlo.

Es fácil apreciar que en el mundo de la música clásica la mayor parte de la fotografía que se utiliza para ilustrar los discos son posados que poco se asemejan a la realidad del acto musical en sí mismo, la música en directo.

Creo que las cosas sólo tienen sentido en su contexto. Cuando no es así, pierden su esencia. En estas fotos he querido recoger ese momento preciso e irrepetible de la grabación, que al igual que la fotografía sólo se produce una vez. Ambos tienen el fascinante valor de que van a quedar plasmados para siempre. Ahí radica mi interés por la relación entre ellos, la fragilidad del instante y la perpetuidad en el tiempo.

Es habitual que los violinistas coincidan en definir al instrumento como una prolongación del propio cuerpo. Mi intención era captar esa simbiosis unida al momento de tensión de la grabación, la intimidad del músico con el violín e incluso la soledad y vulnerabilidad que imagino que debía sentir.

La atención la centré en el contacto mutuo. Me habría encantado haber podido hablar con Alejandro y conocerlo antes de hacer las fotos, preguntarle qué sentía, qué significaba esa grabación y entrar en su "mundo" durante unos minutos. Pero si algo estoy aprendiendo en fotografía es que la situación ideal nunca o casi nunca existe, a no ser que la "fabriques" tú, pagando los costes que esa fabricación de la realidad tiene.

El músico está solo con su violín, ante los testigos mudos que recogen su sonido, los micrófonos. De nuevo se establece un paralelismo entre la música y la fotografía: en los dos casos la técnica debe estar al servicio de la expresividad, pero sin robar el protagonismo. Qué difícil hacer que lo excelente parezca fácil, obvio, alcanzable para cualquiera. En ambos géneros todos los grandes comparten esa cualidad magistral, son elementos facilitadores entre su herramienta y el público.

La fotografía, a diferencia de otras artes visuales, permite detenerse en el detalle, congelar el tiempo. La persona que mejor lo ha expresado, a mi modo de ver, es el fotógrafo José Manuel Navia con su concepto de "quitar", al que paso a citar literalmente: "Las fotografías están en nuestra cabeza. En gallego, por ejemplo, se utiliza el término “quitar” cuando nos referimos a hacer una fotografía. Me parece muy adecuado porque una imagen es un fragmento de lo que estamos viendo que lo llevamos al interior de un artefacto, a la cámara oscura. Un pintor pinta un cuadro, un escritor escribe un libro, pero un fotógrafo no hace una fotografía. La fotografía es la única disciplina artística donde no se parte de un papel en blanco. Delante tenemos un escenario maravilloso lleno de elementos. Nuestro trabajo es quitar. Hay que ir quitando cosas, seleccionando hasta quedarnos con la imagen que queremos".

Si he conseguido "quitar" de manera mínimamente correcta y contar fotográficamente esa relación de Alejandro con su violín habré cumplido mi objetivo.

No encuentro mejor manera de expresarlo, me he limitado a intentar llevarlo a cabo desde mi pasión por esta disciplina que estoy estudiando y desde el disfrute de las nuevas ventanas por las que mirar la vida, las personas, la música e incluso los violines...

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