Italia

La canción de cuna de Cesira

Jorge Binaghi
lunes, 11 de diciembre de 2017
Cagliari, sábado, 25 de noviembre de 2017. Teatro Lirico. La ciociara. Libreto de Marco Tutino y Fabio Ceresa sobre un guión de Luca Rossi basado en la novela homónima de Alberto Moravia y el film 'Dos mujeres' de V. De Sica. Música de M. Tutino. San Francisco Ópera, 13 de junio de 2015. Puesta en escena: Francesca Zambello. Escenografía: Peter J. Davison. Vestuario: Jess Goldstein. Luces: Mark McCullough. Video: S- Katy Tucker. Coreografía: Luigia Frattaroli. Intérpretes: Alessandra Volpe (Cesira), Claudia Urru (Rosetta), Angelo Villari (Michele), Devid Cecconi (Giovanni), Giovanni Battista Parodi (Fedor von Bock), Nicola Ebau (John Buckley), Gregory Bonfatti (Avvocato Pasquale Sciortino), Lara Rotili (Maria Sciortino/ Una popolana), Martina Serra (Lena/ una donna fuori scena), y otros. Coro (preparado por Donato Sivo) y orquesta del Teatro. Dirección: Giuseppe Finzi.
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Para contrarrestar la larga crítica anterior sobre este espectáculo, respecto del cual ni servidor ni el público parecen haber cambiado de idea en cuanto a calidad de la obra y tipo de realización escénica, y dado que la dirección -más controlada- siguió siendo excelente, así como el desempeño de los cuerpos estables del Teatro y los secundarios eran los mismos (algo diré, no obstante, al final), me ceñiré sólo a la labor de los protagonistas, que sí cambiaron. 

Volpe es una joven y atractiva mezzosoprano, de color oscuro y buena dicción, y muy buena artista. Por fortuna quien encarnaba a la hija (Rosetta), Urru, parecía también más pequeña y más joven, y asimismo era una muy buena cantante, quizás algo más liviana que su colega del día anterior. Fue como en el caso anterior una pareja bien avenida. 

Villari no tendrá el timbre solar ni el squillo de Machado, pero sí una seguridad absoluta en el agudo, una presencia más acorde con el rol y gran desenvoltura escénica, por lo que su Michele me pareció preferible. 

Cecconi es más monolítico (también como cantante y figura) que Catana, pero su Giovanni, totalmente operístico en la línea de los barítonos malvados tipo ‘Barnaba’ en La Gioconda funciona muy bien en este contexto. 

Parodi es mucho más joven que Scandiuzzi y tiene una bonita voz, más liviana y menos voluminosa que la de Scandiuzzi, y su Mayor von Bock resulta menos siniestro, pero en cualquier caso tiene suficiente aplomo escénico y corrección en el canto.

En la anterior reseña olvidé mencionar el buen hacer de Ebau en John Buckley, el norteamericano que desata el drama, y que repitió esta vez tal cual. Tampoco dije que la bella voz de tenor de Enrico Zara (el joven paisano que entona la canción ‘La strada nel bosco’) necesita aún mejorar la emisión. 

Y respecto del espectáculo no mencioné, como tal vez debía, los buenos movimientos coreográficos marcados por Frattaroli ni el destacado papel que tiene el vídeo del que es responsable Tucker y que tan bien se integra con el espectáculo, el cual no estaría completo sin él. 

Como queda dicho, sin que el teatro estuviera rebosante, sí había mucho público y, si cabe, más entusiasta que el día anterior (pero no que el del día siguiente). 

Y algo más sobre música y texto, que se me olvidó en la crítica anterior… Esa tremenda canción de cuna que Cesira, recién violada, canta a su hija, que acaba de perder la virginidad de esa forma traumática, puede competir, por el impacto más que por la forma, con la que cierra de modo estremecedor el extraordinario Mazeppa de Chaicovski, que por lo visto ha vuelto a caer en el olvido. En un mundo de injusticias, esta es injusticia menor, pero no deja de ser indicativa de otras cosas.

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