Ópera y Teatro musical

Angela Gheorghiu: “tengo aún mucho que hacer”

Enrique Sacau

martes, 12 de diciembre de 2017

Con motivo del lanzamiento de su nuevo disco (titulado Eternamente), el 7 de diciembre la soprano Angela Gheorghiu concedió una entrevista a Sean Rafferty, uno de los más famosos locutores de Radio 3, el canal clásico de la BBC. A diferencia de muchas de estas charlas, no se trató de una sesión de peloteo, sino de una ocasión para que la soprano se sincerase.  

Frases como “me sentí traicionada por EMI” cuando Antonio Pappano y Jonas Kaufmann la dejaron fuera de la grabación de Aida (que acabaría protagonizando Anja Harteros) pusieron un toque picante al programa. Dice la soprano rumana que ha sido por este motivo que desde 2011 no ha grabado disco alguno. Se quejó también abiertamente Gheorghiu de que la Royal Opera House no le ha pedido que elija nuevos papeles desde la Adriana Lecouvreur de 2010 y, entre líneas, da una pulla a Pappano al que presume de haber ayudado mucho, especialmente cuando ella exigía que dirigiese él y otros querían a Zubin Mehta o Lorin Maazel. Por delante, tiene programadas dos funciones de Tosca en Covent Garden en enero (las únicas completamente vendidas de un total de trece) y nada más planeado para el futuro. Es así que “la presión es mayor ahora que cuando era joven” y que cruza los dedos por lo que vendrá.

Si bien escribo para recordar lo mejor de Gheorghiu, lo cierto es que las historias de sus caprichos son infinitas y, dado que no es la única soprano lírica del mundo, es difícil culpar a quienes han dicho basta. Dejar a Kaufmann plantado en Viena después de “E lucevan le stelle “, cantar su primera Tosca en 2006 sin casi haber asistido a los ensayos y sentir, en algunas ocasiones, que está en el escenario de cuerpo presente y con el taxímetro puesto pero “l’anima è lassù” no la hacen simpática.

Pero cuando está en cuerpo y alma... ¿quién le tose? Gheorghiu logra lo que mi querido amigo y musicólogo Emanuele Senici llama “actuar con la voz”. Se trata de trabajar con el sonido, entender que la ópera es música y no solo teatro, que los cantantes no son actores de Hollywood. Que si uno cierra los ojos tiene que oír angustia, cuando toca, y alegría, también cuando corresponde. 

La voz de Gheorghiu y su forma de actuar con la voz son inconfundibles. ¿A quién se le escapa su centro lírico ancho, carnoso, tremolante y lleno de lágrimas? ¿Quién puede olvidar su tercer acto de Traviata y su magnífica Tosca (la de 2009 pues, sí, a la segunda fue la vencida)? ¿Charlotte en Werther y Magda en La rondine? Quizás mi favorita, Antonia en Les contes d’Hoffmann. Es, además, una gran recitalista.

Pero hay aún una noticia mejor para quienes deseen, como yo, perseverar y seguir escuchando. Con 52 años es extraordinario lo poco que ha envejecido la voz, resultado de una excelente técnica y, como no, de la buena suerte. Quien conozca su Traviata con Sir Georg Solti en 1994 (tenía Gheorghiu 29 años) y la escuche hoy se dará cuenta que sus cualidades están todas ahí. El color se ha oscurecido, y poco más. Es posible que su repertorio limitado sea también parte del truco y que explique sus escasos debuts recientes. 

En fin, yo voy a perseverar y espero que, aunque solo sea hoy, se fíen ustedes de mí, pasen unas horas en YouTube y disfruten.

 

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