Ópera y Teatro musical

El aborto de Lucía y Santuzza embarazada

Agustín Blanco Bazán

viernes, 15 de diciembre de 2017

La puesta de Lucia di Lamermoor de Katie Mitchell estrenada en el 2016 ha sido pasteurizada para una primera reposición donde se ahorran algunas banalidades pero se dejan otras. Por ejemplo: A Lucia le son ahorradas las dificultades de follar en el cementerio a caballo de Edgardo durante “Verranno a te sull'aure.” Pero al no follar sale menos claro que Lucia está embarazada, aún cuando cualquier disgusto la hace ir al baño para vomitar sobre el inodoro. Tal vez hubiera sido más coherente suprimir el embarazo, evitando así el pueril grand guiñol que muestra a la loca en un baño de sangre haciéndose un aborto después de haber matado a su marido. Y sigue siendo pueril y distractiva la idea de dividir en dos al escenario para mostrar en una mitad lo que pasa en paralelo y con gestos de cine mudo, mientras en la otra los solistas tratan como pueden de atraer la atención del público cantando y actuando Donizetti.

De cualquier manera, la Lucia de Lisette Oropesa estuvo espléndida por su fraseo, y la brillantez de una coloratura siempre apoyada en un registro firme y parejo. Una mayor exploración de variaciones cromáticas y un progreso del timbre ligero al lírico le permitirá asentarse en un personaje que ya entiende y canta con convincente asertividad. Mayor variación de color también sería de desear en el Edgardo de Ismael Jordi, pero con este comentario se acaban mis reservas. Porque su línea de canto es ágil y su pasaje de soberanamente impostado para el cruel fiato exigido en O bell'alma innamorata. Esto a pesar de la falta de intensidad de la lectura del director de orquesta Michele Mariotti. Christopher Maltman cantó un Enrico de fraseo tosco pero firme en densidad y mordente. Engolado el Raimondo de Michele Pertusi.

La puerilidad implícita en sobreactuaciones melodramáticas dominó también la reposición de la producción del 2015 de “Cav-Pag”, apelativo universal en países de lengua inglesa de la dupla Cavalleria Rusticana y Pagliacci. Damiano Michieletto las fusiona en una de esas tantas puestas que hacen transcurrir a ambas en un solo pueblo, una misma época, ¡y hasta con intercalación de personajes! Silvio, que trabaja en la panadería de Mamma Lucia, aprovecha el interludio de Cavalleria para regalarle a Nedda un chal de seda rojo que ha comprado de un recién llegado Alfio. Y en el interludio de Pagliacci, Santuzza se confiesa llorando a gritos con un cura antes de enfrentarse con Mamma Lucia tocándose su vientre. “Sí, Mamma, estoy embarazada de Turiddu” parece decir Santuzza utilizando gestos de boba ampulosidad, iguales que los usados en las secuencias mudas en Lucia. El llanto de Santuzza inevitablemente distrae de la música, como también lo hace otra secuencia llorona en el preludio de Cavalleria donde se anticipa el fin mostrando al cadáver ensangrentado de Turiddu. Los aullidos y la gesticulación de Mamma Lucia son dignos de explosiones de risa, si no fuera por el fastidio que provocan al interferir con la orquesta. De cualquier manera la Mamma Lucia de Elena Zilio, cuando la dejaron cantar sin llorisquear ni agitar los brazos, fraseó sus líneas con formidable efecto dramático.

 Menos convincente estuvo la Santuzza de Elena Garança, y antes de explicar por qué vuelvo al tema de la misión del crítico que desveló a Xoan Carreira y Enrique Sacau hasta el punto de pedirnos a algunos unas líneas al respecto. Pues bien, aquí la sigo: ¿es pertinente que los críticos viejos comparemos el presente con lo que vimos cuando la mayoría de los lectores no había nacido? Ya sé que para muchos las comparaciones son una pedantería insoportable y de dudosa utilidad porque los críticos podemos tener falsos recuerdos. Aparte de ello, las comparaciones son a veces injustas para los artistas que luego de esforzarse por darnos lo mejor de sí para recibir como respuesta una perorata de como ellos no le llegan al tobillo a las figuras de un pasado que frecuentemente es de oro falso.

Pero gracias a YouTube las comparaciones son útiles para ayudar al lector a apreciar mejor una obra a través de interpretaciones diferentes, siempre y cuando no seamos injustos pretendiendo, por ejemplo, comparar a cantantes que comienzan su carrera con los ya consagrados. Es así que yo no voy a comparar la Lucia de una soprano que, como Lisette Oropesa, recién comienza una carrera internacional promisoria, con la que cantó en el Covent Garden Editha Gruberova cuando estaba en la cima. Pero Garança es lo suficientemente famosa para compararla con Fiorenza Cossotto y Grace Bumbry y quién quiera apreciar mejor el rol de Santuzza y una obra de arte como Cavalleria debe meterse en esta comparación. Garança deslumbra con la calidad y el color de su voz, pero no alcanza a proyectar todo el dramatismo de un personaje que, como Azucena, es casi la Madre Tierra. A Garança pareció faltarle énfasis de articulación y proyección en un rol donde cada sílaba debe ser no solo cantada sino espetada. Así lo hacían Cossotto y Bumbry que sabían estremecer ya con la intención que ponían al pronunciar “Voi lo sapete o Mamma” como si dijeran: “¡Bien sabes lo que está ocurriendo!” ¡Y como “amasaban” estas dos grandes al compadre Turiddu en el dúo con éste, para culminar, ya no como víctimas, sino como victimarias al cantar sus celos y su venganza junto a Alfio!

Por el contrario, Bryan Hymel, el Turiddu que también tuvo que cantar Canio por enfermedad de Fabio Sartori es un tenor que ya compara favorablemente con los mejores en ambos papeles. Su voz ha crecido en densidad pero se mantiene abierta y su squillo es formidable. Un poco hace acordar a Jon Vickers. Y también el Tonio de Simon Keenlyside lució un radiante timbre baritonal y una antológica síntesis de mordente y legato. Completó la trilogía de los mejores la Nedda de voz de crema e firmeza de acero de Carmen Giannatassio.Daniel Oren arremetió contra las dos partituras ruidosamente y sin mayor expresividad.

Estas producciones de Lucia y Cav-Pag, ya reseñadas en Mundo Clásico, tienen muchos rasgos interesantes de regie, y aún los abortos y los embarazos pueden caber en un contexto de menos estereotipamiento dramático y mayor madurez. ¿Por qué algunos regisseurs inteligentes no se enteran de como equiparar la ópera al buen cine o el buen teatro? ¿Por qué esa grandilocuencia de gestos en un contexto donde el comentario musical ya se encarga de hacer pasar por el oído un valor agregado la acción teatral? ¿Y por qué este retroceso aún en relación a algunas puestas tradicionales? Por ejemplo, quienes vean en YouTube el dúo entre Santuzza y Turiddu de Cossotto y Domingo en una producción de los 1970 que viajó a Tokio se asombrarán la sobriedad e intensidad dramática de ambos y aún de la compostura de Lola. ¡Que magnífica es, teatralmente hablando, esta versión, en comparación con las ridículas idas y venidas de la Lola vamp y la Santuzza llorona del Covent Garden!

Comentarios

Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.