Alemania

La gloria de la música instrumental italiana del siglo XVIII

Juan Carlos Tellechea

jueves, 28 de diciembre de 2017
Düsseldorf, lunes, 11 de diciembre de 2017. Gran sala auditorio de la Tonhalle de Düsseldorf. Antonio Vivaldi (1678 – 1741), Concierto para cuerdas y bajo contínuo, en sol menor RV 157, Concierto para oboe, cuerdas y bajo contínuo, en do mayor RV 450, Concierto para oboe, violín, cuerdas y bajo contínuo, en si bemol mayor RV 548. Giuseppe Sammartini (1695-1750), Concierto para oboe, cuerdas y bajo contínuo, en sol menor, opus 8, número 5, Concerto grosso, opus 2, número 6 para cuerdas. Pietro Castrucci (1679 - 1752), Concerto grosso opus 3, número 4, para cuerdas y bajo contínuo. Alessandro Marcello (1673 – 1747), Concierto para oboe, cuerdas y bajo contínuo, en re menor. Albrecht Mayer (oboe), I musici di Roma, Antonio Anselmi (violín y dirección). Organizador: Heinersdorff Konzerte, Klassik für Düsseldorf, Meisterkonzerte 1, Konzert 2. 100% del aforo.

El oboista Albrecht Mayer, solista de la Filarmónica de Berlín, y la orquesta de cámara I musici di Roma, con su primer violinista y director, Antonio Anselmi, están de gira por Alemania con un precioso e italianísimo programa: tres piezas de Antonio Vivaldi, dos obras de Giuseppe Sammartini, así como una de Pietro Castrucci y otra de Alessandro Marcello.

Mayer, quien desde hace 25 años integra la Orquesta Filarmónica de Berlín es un apasionado de la música de cámara y de la experimentación, y una de sus grandes aficiones es la búsqueda de tesoros musicales históricos, para lo que revuelve y revuelve empolvados anaqueles en todas las bibliotecas del mundo, de las cuales es ya en un profundo conocedor.

No solo el virtuosismo, sino la sublime entrega de los músicos es la que presenciamos en la tarde de este lunes 11 de diciembre de 2017 en el gran auditorio de la Tonhalle de Düsseldorf. Bajo su cúpula la acústica es magnífica para escuchar este tipo de recitales. Anselmi toca un preciosísimo violín del mítico lutier Nicola Amati (1596-1684), construido en Cremona en 1676.

El conjunto I musici di Roma, fundado en 1952 por egresados de la Accademia di Santa Cecilia es también legendario. En realidad, el grupo se llama I musici, y está integrado por músicos de toda Italia, pero cuando salen de gira por Alemania y otros países de habla germana adicionan el di Roma, para recordar su origen en la Ciudad Eterna. El suave, aterciopelado y por momentos enérgico (cuando así lo requiere la obra) sonido de la orquesta es inigualable. Todos sus integrantes tocan instrumentos antiguos. Si bien para las cuerdas utilizan arcos modernos, la maravillosa mezcla de tonalidades que emana del colectivo es la que le otorga esa personalidad singular que reconocemos desde un primer instante.

Anselmi, profesor del Conservatorio di Musica Giuseppe Martucci, de Salerno, dirige al grupo desde 2010. Éste está integrado por los violinistas Marco Serino, Ettore Pellegrino, Pasquale Pellegrino, Francesca Vicari, Gianluca Apostoli; los violistas Massimo Paris y Silvio Di Rocco; los violonchelistas Vito Paternoster y Pietro Bosna; así como por el contrabajista Roberto Gambioli; y el clavecinista Francesco Buccarella. Todos, sin excepción, brillantes.

La velada fue abierta con el Concierto para cuerdas y bajo contínuo en sol menor de Vivaldi interpretado con gran agilidad en el Allegro, bien puntualizado y reflexivo en el Largo, y con fogosa energía, muy suelto, no tan puntilloso en el Allegro final. Con el Concierto para oboe, cuerdas y bajo contínuo de Sammartini, Mayer asume la dirección del ensemble que entra rápidamente en vena en el Andante sostenuto, se adapta a la perfección en el tempo en el Allegro Assai, en los silencios del Adagio-Allegro, y en los pianissimos del Adagio-Andante Sostenuto hasta que la música se evapora etéreamente, como por arte de magia.

Albrecht Mayer oficia asimismo de maestro de ceremonias en este espectáculo. Relata con mucho humor anécdotas sobre la gira que están realizando, las nevadas que han caído en estos días en el norte de Alemania (han estado en la Elbphilharmonie, de Hamburgo), elogia la excelente acústica bajo la cúpula de la Tonhalle de Düsseldorf, se refiere al Reino Unido y al inminente desastre del Brexit, y evoca con agudeza e ironía que Inglaterra también ha tenido (Georg Friedrich Händel, 1685-1759) y tiene todavía (Paul McCartney, 1942) grandes compositores musicales en su historia.

Rompiendo la rutina litúrgica de estos recitales, Mayer permite al público echar una mirada a la cocina de los preparativos del recital y lo insta a aplaudir más, porque con Anselmi habían planeado introducir un intermezzo como propina: la primera parte de Ich hatte viel Bekümmernis, de Johann Sebastian Bach (1685 - 1750), para oboe, violín y orquesta, tocada con gran sensibilidad y un fluir de extremo lirismo.

De nuevo, la vitalidad, la espontaneidad que nace de las entrañas ganan terreno en el Concerto grosso, opus 3 de Castrucci. Anselmi da todo de si, en extrema concentración, en los cuatro movimientos (Adagio andantino, Allegro ardito, Adagio un poco andantino y Allegro spiritoso), se destaca sublimemente en los pianissimos y entabla un peculiar diálogo con el violonchelista Vito Paternoster, digno de ser escuchado miles de veces (por suerte hay un disco compacto grabado con estas piezas que acaba de aparecer ).

El complejo Concierto para oboe, cuerdas y bajo contínuo en do mayor de Vivaldi suena ligero y expresivo, especialmente juguetón en el Allegro Molto, reflexivo en el Larghetto y con gran soltura en el Allegro. Mayer, ya más entrado en rodamiento, se integra a la perfección con la orquesta, todo está muy ajustado. Los silencios y las suaves tonalidades hacen que esa tensión resulte fascinante y abra un universo de colores y sonidos casi inimaginable.

En la segunda parte, la mixtura es sobresaliente, muy medida, en el Concierto para oboe, violín, cuerdas y bajo contínuo en si bemol mayor de Vivaldi. En el Allegro juguetón se produce un diálogo entre cuerdas y madera; en el Largo parece anunciarse ya el advenimiento de la Navidad; y el Allegro es de un regocijo completo hasta que el violonchelo y el violone volatilizan las últimas notas de la partitura. El trabajo de las cuerdas es impresionante, precioso en el Concerto grosso opus 2, número 6 de Sammartini, desde la meditación en el Adagio, la diversión y vivacidad en el Allegro hasta el duende saltarín del Andante spiritoso. Maravilloso.

Con este mismo espíritu se continúa en el Concierto para oboe, cuerdas y bajo contínuo en re menor del veneciano Alessandro Marcello con entrega y precisión en el Andante e Spiccato, con onirismo en el Adagio, y con energía, contagiosa alegría, rapidez en el Presto, por momentos muy rítmico, melódico y con imagenes pastoriles, bucólicas de una belleza sin igual. Los atronadores aplausos y ovaciones durante largos minutos fueron agradecidos con otra propina: Lascia ch'io pianga, la célebre y tan sentida aria de la ópera Rinaldo (1711), de Georg Friedrich Händel que nos trae al mismo tiempo a la memoria que el compositortambién estuvo en Venecia allá por 1709 - 1710, durante su viaje de estudios por Italia. Una verdadera joya este concierto.

Comentarios

Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.