Francia

Feliz año con Hervé

Agustín Blanco Bazán

martes, 2 de enero de 2018
Nantes, jueves, 14 de diciembre de 2017. Theatre Graslin. Mm’zelle Nitouche, opereta de vaudeville en tres actos y cuatro cuadro con libreto de Henri Meilhac y Albert Millaud y música de Hervé. Regie, escenografía y vestuarios y maquillaje: Pierre André Weitz. Elenco: Lara Neumann, Denise de Flavigny-Mam´zelle Nitouche. Eddie Chignara, le Major, Comte de Château-Gibus Antoine Philippot, le Directeur. Damien Bigourdan, Célestin-Floridor. Samy Camps, Fernand de Champlâtreux. Olivier Py-Miss Knife, Loriot, La Supérieure, Corinne. Pierre Lebon, Gustave, officier. David Ghilardi, Robert, officier. Piero (alias Pierre-André Weitz), le Régisseur. Sandrine Sutter, la Tourière / Sylvia. Clémentine Bourgoin, Lydie. Ivanka Moizan, Gimblette.Coros de la Opera de d’Anger Nantes y Orchestre National des Pays de la Loire dirigidos por Christophe Grapperon. Producción Bru Zane con la Angers Nantes Opéra, Opéra de Toulón, Opéra de Limoges Opéra de Rouen Normandie, Opéra Ochestre National Montepellier Occitanie, y Residence au Conservatoire Lully-Ville de Puteaux.
Mm’zelle Nitouche © Palazzetto Bru Zane

Hubo lo menos dos películas, la primera en 1931. La última, en 1954, con Fernandel, Louis de Funes y Pier Angeli. Y más recientemente algunas puestas en países de Europa del Este. Pero en Francia ha habido que esperar hasta este fin del 2017 para presentar después de muchos años una producción escénica significativa de Mm’zelle Nitouche la genial “opereta vaudeville” de Hervé.

Hervé es el pseudónimo de Louis Auguste Florimond Ronger y Mam’zelle (diminutivo de Mademoiselle) Nitouche es hasta cierto punto una auto parodia. Porque este Florimond empezó su carrera trabajando de día como organista de un convento ayundando así su vocación nocturna de productor de vaudeville. Igual que Floridor, el Deus ex machina de la obra quien bajo el seudónimo de Célestine da lecciones de música a Denise, una novicia temporalmente enclaustrada en el Convento de las Golondrinas para hacerla llegar virgen a su matrimonio Fernand de Champlâtreux.

La inclinación de Denise a la opereta es tan obvia como la forma en que los dedos traicionan al organista haciéndole pasar inconscientemente de la liturgia al cuplé en una lección de canto que termina con ambos entregándose totalmente al irresistible dúo del soldado de plomo, el fragmento más emblemático de la obra. Quién se anime a escuchar estos “Miao! Crrr! Fut! Grrr, ouah ouah” seguirá marcando el ritmo con los pies por varios días en la casa, la oficina, el café de la esquina y la iglesia parroquial. Y hay más, mucho más en esta parodia irreverente de monjas, militares, y artistas desarrollada a través de esos cuplés y rondós picantísimos que son el alma de la opereta francesa del siglo XIX. Hasta hay unos llamados cuplés místicos y un “rondó del alléluia.” Y hay polcas, marchas, y un libreto de genial agilidad y doble sentido escrito nada menos que por Meilhac y Millaud que esta reposición organizada por el Centre de la Musique Française del Palazetto Bru Zane presenta en su integridad.

Inevitablemente, hay que saber bien francés para gozar de cada momento, pero aun cuando éste no sea el caso, la trama atrapa en cualquier idioma. Denise logra escapar del convento para reemplazar a una insoportable prima donna en una opereta de Floridor. Como nombre artístico, la ex novicia elige el de Mam´zelle Nitouche, evocando así la expresión de Sainte Nitouche, acuñada por Rabelais en 1534 como alusión a las mujeres obligadas a aparentar virtud mientras buscan liberarse como desean y corresponde. Nitouche equivale a decir “¡Ni la toquen!”

En una escena desopilante, Denise, con aire de Juana de Arco en prisión llega hasta invocar a su Santa Nitouche para que la ayude a salir del paso y…¡final feliz!: El pobre Ferdinand, que en convento solo podía hablar con Denise a través de una reja, se enamora perdidamente de esa Nitouche que ha admirado luego de escaparse él mismo de sus obligaciones militares para desparramar sus instintos por una noche al menos en el teatro de Floridor. 

La exhumación francesa de Mm’zelle Nitouche fue encabezada por Lara Neumann, una soprano protagonista de voz cálida, firme coloratura y una dicción brillante, también en las partes habladas. Similarmente claro y ágil estuvo el tenor Damien Bigourdan como Célestin, pero, ¿es posible hacer justicia al elenco sin nombrarlos a todos en una obra donde cada personaje desfila como un cameo de contornos diferenciados por el desparpajo con que se adelantan al público para cantarle sus cuplés? Digamos que todos estos excelentes cantantes actores se divirtieron tanto como para contagiar al público en ese milagro teatral de complicidad entre la escena y la sala que sólo una buena opereta puede lograr. Cantar bien es algo secundario en este tipo de obras de arte, y por ello me permito agregar el nombre de Oliver Py, un desopilante actor cómico que pasó de interpretar una paródica madre superiora en el primer acto a una iracunda y corpulenta prima donna  entrada en años en el segundo, y, en el tercero, a Loriot un oficial de regimiento encargado de custodiar a Nitouche y Floridor, momentáneamente detenidos luego de un intento de fuga. Sólo hay un paso de Loriot al Frantz de los Cuentos de Hoffmann.

Pierre André Weitz presentó una regie de época con travesties y ocurrencias de vestuario que supieron sorprender y hacer reír como en las mejores revistas de varieté, por ejemplo, la forma en que varios personajes supieron cambiarse sus vestimentas, para dejar ver una desopilante variedad de ropa interior, siempre traicionera de los instintos y debilidades que pretendían ocultar bajo sus estrictos roles sociales sellados por sus sotanas, hábitos conventuales y uniformes.

La vitalidad y variedad de color de la orquesta bajo la dirección de Christophe Grapperon contribuyeron al éxito de este experimento al cual seguirán otros similares bajo la iniciativa del Centre del Palazetto Bru-Zane.

No bien regresado de Nantes, acudí al Royal Festival Hall para asistir al Oratorio de Navidad del cual di cuenta en mi crítica de Mundo Clásico publicada la semana pasada. Confieso que la memoria de los cuplés de Hervé no dejó de interferir entre coral y coral. Y así seguiré, espero, hasta el día de Año Nuevo que recibiré pensando en el Chant de Fanfares de Mam´zelle Nitouche: “Ta-tarra ta-ta-ta. Toujours et toujours et recommençons.”

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