Italia

La versión veneciana de Viena

Maruxa Baliñas

martes, 2 de enero de 2018
Venecia, martes, 2 de enero de 2018. Teatro La Fenice. Concerto di Capodanno. María Agresta, soprano. Michael Fabiano, tenor. Coro (maestro Claudio Marino Moretti) y Orquesta del Teatro La Fenice. Myung-Whun Chung, director. Antonin Dvorák, Sinfonía ‘del Nuevo Mundo’. Georges Bizet, Preludio de Carmen. Jacques Offenbach, Barcareolle (versión orquestal) de Los cuentos de Hoffmann. Giacomo Puccini, ‘O mio babbino’ de Gianni Schicchi, ‘Nessun dorma’ de Turandot; y ‘Un bel di vedremo’ de Madama Butterfly. Amilcare Ponchielli, Can-can de La Gioconda. Gioachino Rossini, Sinfonía de La italiana en Argel. Giuseppe Verdi, ‘Di Madride noi siam’ de La Traviata; ‘Questa o quella’ de Rigoletto; Ballabili de Otello; ‘Va pensiero’ de Nabucco y Brindis de La Traviata.

A imitación del Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena, son cada vez más numerosos los auditorios y teatros que optan por celebrar su propio concierto. Algunos son copias descaradas, a veces incluso orquestas ‘de bolo’ que preparan un concierto de valses de la familia Strauss y lo mueven durante las vacaciones de Navidad por diferentes localidades. Otros evitan cualquier comparación y se convierten en conciertos sinfónicos con un programa relativamente ‘duro’, destinado a los habituales de la orquesta y no a atraer nuevos públicos. Lo habitual es un término medio, algún vals de Strauss, piezas fáciles de escuchar y populares, y algún ‘descubrimiento’ que intrigue al público más conocedor, que se podría sentir decepcionado si todo el concierto consistiera en ‘clásicos populares’.

El concierto de Capodanno 2018 del Teatro de La Fenice no es difícil de valorar, aspiran a competir con el concierto vienés, y si ellos aportan valses straussianos (no me resisto a la maldad de recordar a nuestros lectores que Johann Strauss II, el más famoso de ellos, había perdido la ciudadanía vienesa antes de su muerte, aunque ahora lo celebren como gloria nacional), los italianos tienen la ópera del siglo XIX que es mejor todavía. Así que, con un marcado carácter veneciano –las entretenidas notas al programa vinculaban casi cada ópera con Venecia-, desarrollaron su programa de fragmentos operísticos famosos, en este caso sin ninguna sorpresa ni descubrimiento especial. El final por supuesto, así lo manda una tradición de quince años de celebración de este evento, el Coro de Nabucco y el Brindis de La Traviata, que se repite con aplausos del público una segunda vez. Como ya comentamos en una noticia anterior, el Concerto di capodanno es televisado por la Rai en diferentes horarios.

¡Pero atención! Que en directo no se trasmite todo el concierto, sólo la segunda parte, la operística. La Sinfonía del Nuevo Mundo se ofrece en emisión diferida, y por la radio. Tratándose de algo así, ¿por qué no elegir para esta parte sinfónica una obra más italiana o menos popular cuando menos? Se podría elegir una obra relacionada con Italia o Venecia en concreto porque sobran compositores que visitaran Venecia (todavía ayer, callejeando tras el concierto por Venecia, encontré una plaquita en la casa donde residió Mozart durante su estancia veneciana) o cuando menos aspiraran a hacerlo, y también hay buenos sinfonistas italianos.

Pero la orquesta y Myung-Whun Chung eligieron la Sinfonía del Nuevo Mundo, una obra que ciertamente es popular y permite el lucimiento de la orquesta, y acaso cometieron un error. Interpretaciones de esta sinfonía existen a cientos, y cualquier aficionado conoce varias o muchas versiones. Atreverse a dar una versión propia con una orquesta buena pero no excelente, y en una sala de acústica delicadísima, donde cada error se percibe con claridad, es un riesgo y no lo superaron. Hubo momentos buenos, pero también otros medianos y algunos fallos. Debo decir sin embargo que todos los solistas cumplieron con sus partes, la viola y el violonchelo con gran solvencia, el corno inglés bastante bien.

El primer movimiento de la Novena sonó bien pero la orquesta tardó un poco en ‘calentar’ y los metales no siempre cuidaron el sonido. Aunque Chung parecía pedir con sus gestos una variedad dinámica mayor, el caso es que las partes más fuertes se quedaron escasas y las partes en piano eran más bien un mezzoforte. El segundo movimiento sonó mucho mejor, porque la orquesta tiene sensibilidad y hacer cantabiles es algo a lo que están muy acostumbrados. El Scherzo no acabó de definirse en carácter y fue un poco irregular. El Allegro con fuoco final sí que apuró las partes en forte (o acaso yo ya me había acostumbrado al sonido de la orquesta y la sala) y salió muy brillante.

Tras un descanso demasiado breve (la renovación de La Fenice no ha incluido la ampliación de los baños femeninos y las colas son largas), la segunda parte tuvo un carácter muy distinto. Los fragmentos orquestales salieron con una gran ligereza y la obertura de La italiana en Argel fue realmente buena. Menos interesantes me parecieron los cuatro bailables de Otello, que por lo visto son de las últimas músicas compuestas por Verdi antes de su muerte. María Agresta cantó muy bien sus números, mientras Michael Fabiano mostraba una voz mediana junto a un gusto musical más bien escaso. Sin embargo el público aplaudía muy fácilmente y apenas hizo distingos entre Agreste y Fabiano, cuando la diferencia de calidad era grande.

Fabiano cantó una ‘Questa o quella’, su primera aria, muy floja, con una voz bastante nasal y poco control dinámico. Bastante mejor fue su ‘Nessun dorma’ sobre todo en el comienzo, al estilo Carreras, aunque luego optó por lanzarse como Pavarotti y se quedó cortísimo. En el dúo de La Traviata intentó imponerse a Agreste, inteligentemente ella se reservó y al final fue la triunfadora.

Agreste me gustó mucho. Su ‘O mio babbino’ fue simplemente correcto y sin errores, con una bella voz y gusto musical, pero en ‘Un bel dì vedremo’ se lanzó mucho más e hizo una versión de primera línea (que no excepcional). Su Traviata fue mucho más creíble y sobre todo mucho más sensible, consciente de lo que decía y quién era y no desmerecería en competencia con cualquiera de las Traviuatas actuales.

Respecto al coro, le falta algo de sutileza, y su ‘Di Madride’ de La Traviata resultó chillón. Pero ‘Va pensiero’ fue otra historia y junto a ‘Un bel dì vedremo’ fue el mejor momento de la noche.

¿Recomiendo entonces el concierto de año nuevo veneciano para quien tenga ocasión el año que viene? ¡Sí, y rotundamente sí! La Fenice es un teatro mágico y la nueva Fenice, aunque todavía no haya adquirido totalmente su alma (los rusos le dan una gran importancia al alma de los teatros, algo que sólo un público que los ame puede aportar), es precioso y conserva un halo de aquellas viejas glorias. El programa no por popular deja de estar lleno de bellezas musicales. Además pasear por Venecia hacia La Fenice es siempre un plus, y no cabe duda de que esa necesidad de esforzarse físicamente para llegar al teatro (aquí no hay autobuses ni taxis que te dejen en la puerta) en dura competencia con los turistas que van parando en cada palazzo o escaparate mientras tú intentas avanzar deprisa para llegar a La Fenice a tiempo, acaba aportando un ‘algo más’ al concierto, que en modo alguno es una experiencia banal. 

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