Reino Unido

Pasiones insatisfechas

Jesús Garrido

jueves, 18 de abril de 2002
Londres, sábado, 16 de febrero de 2002. Royal Opera House, Covent Garden, Londres. Giuseppe Verdi, Attila. Drama lírico en un prologo y tres actos con libreto de Temistocles Solera, basado en una tragedia de Zacharias Werner. Elijah Moshinsky, Producción original. Michael Yeargan, Diseños. Robert Bryan, Iluminación. Eleanor Fazan, Coreografía. Paata Burchuladze 'Attila', Anthony Michaels-Moore 'Ezio', Maria Guleghina 'Odabella', Franco Farina 'Foresto', Robin Leggate 'Udino', Graeme Broadbent 'Papa León I'. Coro y Orquesta de la Royal Opera House, Covent Garden. Dirección: Mark Elder.
El Invierno ha sido generoso con la Royal Opera House, Covent Garden. Apenas apagados los ecos levantados por la polémica puesta en escena creada por Francesca Zambello para Don Giovanni, otras dos producciones y los resultados de una encuesta, han mantenido al teatro en el candelero.Atila, un héroe incomprendido.A principios de los anos 90, Covent Garden anunció un gran festival para conmemorar el primer centenario de la muerte del compositor Giuseppe Verdi. Este proyecto, a desarrollar entre los anos 1994 y 2001, consistiría en la sucesiva puesta en escena de todas las operas del compositor italiano en producciones creadas para la ocasión. Dicen que el sendero del Infierno esta empedrado con las buenas intenciones de aquellos que lo transitan. Si es así, el mundo del espectáculo debe ser uno de los grandes proveedores pues que teatro no ha tenido la mala suerte de cancelar parte de su programación alguna vez? En este caso, el retraso en la restauración del teatro y su consecuente crisis presupuestaria, redujo este ambicioso programa a eso mismo, un programa de intenciones acompañado de un puñado de producciones operísticas, entre las que se encuentra esta producción.Attila, compuesta entre septiembre y noviembre de 1845 para el teatro veneciano de la Fenice donde se estrenó en marzo de 1846, pertenece al primer periodo de la obra de Verdi, los años entre 1839 y 1853, un periodo que el propio compositor denominó sus años de galeras, un largo periodo de aprendizaje y de duro esfuerzo para establecerse profesionalmente como compositor con una voz singular. Sin embargo, esta etiqueta es engañosa puesto que parece implicar una falta de calidad artística en las obras pertenecientes a este periodo. Este equivoco debería desvanecerse si recordamos que Verdi ya había compuesto y estrenado por entonces el respetable numero de ocho operas; Attila es además, coetánea de obras tan maduras como Macbeth (1847). La calurosa acogida que el publico contemporáneo dispensó a las operas de Verdi debiera de servir como desmentido final pues Attila, pese a su relativa ausencia del repertorio, fue la opera verdiana mas representada en los diez años tras su estreno. Su paulatina desaparición se produjo solo tras los estrenos de Rigoletto, Il Trovatore y La Traviata.Verdi se inspiró para la trama de su opera en la historia apócrifa del encuentro en 453 entre el Papa León I y Atila, el mítico rey de los hunos, tal como viene narrada en la tragedia romántica del alemán Zacharias Werner, obra que Verdi leyó en la versión francesa de Madame de Staël.Tradicionalmente se ha interpretado Attila a la luz de la unificación italiana; sin negar el sub-texto nacionalista que impregna diversos momentos de la obra, el contexto inmediato les da su real significado, así la escena segunda del prologo con el relato de la mítica fundación de Venecia es una concesión al empresario y publico de La Fenice, el general romano 'Ezio', a pesar de sus dos arias en defensa de las pasadas glorias romanas, es un mercenario fanfarrón que no hace ascos al uso del asesinato y la traición; si Attila carece de la carga política que le ha sido atribuida, si es un perfecto ejemplo de la opera del Risorgimento italiano. 'Attila' es el héroe romántico por excelencia, el héroe solitario y noble, que se opone a toda autoridad establecida, primo hermano del héroe de la poesía de José De Espronceda, recordemos que su Canción del Cosaco esta dedicada precisamente a Atila. Si de algo peca el líder bárbaro, es de hubris, pues se atreve a desafiar el mandato divino de abandonar Roma que le ha entregado León I.El principal problema del que adolece la opera es la paradoja creada por la contraposición del extremo cuidado y detalle que Verdi derrochó en la caracterizaron de 'Attila' frente al resto de los otros tres personajes principales, 'Ezio', el general romano, 'Odabella' y 'Foresto', una pareja de enamorados de noble origen, cuya ciudad, Aquilea, ha sido arrasada por 'Attila'. De estos tres, el más complejo es el personaje femenino, 'Odabella', envuelta con el héroe huno en una dinámica de tintes sadomasoquistas, víctima de sentimientos encontrados y dividida entre la fascinación sexual que 'Attila' ejerce sobre ella, la lealtad a la memoria de su padre, víctima de 'Attila' y, para acabar, la fidelidad debida hacia 'Foresto', su prometido. Independientemente, ninguno de estos tres es capaz de destruir al líder bárbaro, es solo su acción conjunta en el tercer acto lo que posibilita la destrucción de 'Attila'. Un escollo menor es la paucidad de la anécdota que da origen a la opera, pues una vez que el huno, bajo la influencia del Papa, levanta el asedio de Roma, las tramas secundarias representadas por los otros tres personajes se revelan insuficientes para mantener nuestra atención por mucho tiempo. Estas carencias del libreto, Verdi las suplió en la partitura pues Attila contiene algunas de las mejores paginas de sus operas de juventud, por ejemplo, las respectivas arias de 'Odabella' y 'Ezio' en el Prologo: 'Allor che i forti corrono - Da te questo' y 'Avrai tu l'universo, resti l'Italia a me' o el aria y cabaletta de 'Attila' en la escena segunda del acto primero: 'Mentre gonfiarsi l'anima - Oltre quel limite'.La presente producción es la cuarta resurrección de la ya clásica puesta en escena que Elijah Moshinsky, un veterano de la escena británica, ideó para Covent Garden en 1991. Su trayectoria profesional es paralela a la de Jonathan Miller, si bien la reputación de Miller reside en la caracterización psicológica con que dota a sus personajes mientras que Moshinsky se ha caracterizado por la cohesión visual y fuerza emocional que imprime a sus producciones.Moshinsky diseñó una producción engañosamente simple, usando famosas obras de arte como eruditas referencias para las diversas escenas de la opera, por ejemplo, en la escena segunda del Acto Primero, El sueño de Constantino del pintor renacentista Piero della Francesca sirve como ilustración al sueño y premonición que tiene 'Attila' de su encuentro con el 'Papa León I'. Igualmente, el uso de un tiempo ahistórico que mezcla referencias centroasiáticas con chinas y japonesas para la horda huna y neoclásicas y medievales para los personajes italianos, que, en vista del presente conflicto en Oriente Medio, prestó a la opera singular vigencia y actualidad. Moshinsky mantuvo esta sensación de inmediata relevancia a lo largo de la opera gracias al sencillo procedimiento de utilizar el telón del escenario a modo de objetivo de una cámara fotográfica, aunque no sin ocasional tropiezos como en el Prologo, cuando una 'inoportuna' intervención del clarinete trivializa la descripción del coste humano de la guerra con que Moshinsky abrió la opera.Paata Burchuladze, el barítono georgiano, interpretó 'Attila' con gran energía y sutileza; cualidades que este papel requiere en abundancia aunque solo fuese para llevar a buen puerto el complicado y espectacular acto primero.Maria Guleghina fue 'Odabella', la heroína italiana que a manera de una nueva Judith, ejecuta la sentencia divina que pende sobre la cabeza de 'Attila'. Guleghina tiene la presencia física y vocal que este papel requiere, sin embargo, todo lo que le sobra en presencia escénica, le falta en técnica vocal y sutileza, pasando sin gradaciones intermedias del susurro al grito. Guleghina ha disimulado esta carencia de técnica vocal gracias a la superabundancia de sus recursos vocales, sin embargo, estos excesos ya han empezado a pasar factura con problemas de afinación y un desagradable tono metálico en los agudos. Aun con estos graves problemas en su instrumento, Guleghina se volcó de tal manera en su papel que es fácil olvidar sus problemas vocales.No es este el caso del tenor americano Franco Farina, 'Foresto'. Farina goza de una voz bonita pero pequeña, adquiriendo un color más obscuro y nasal en lo alto de su registro; desgraciadamente, su ego supera con mucho el tamaño de su instrumento. En su afán de protagonismo, Farina aprovechó toda oportunidad posible para erigirse en el centro de atención del publico, gritando y desafinando liberalmente cuando la ocasión lo requería, en otras palabras, cuando no era el único solista en escena, dando lugar a algún que otro embarazoso momento. A veces es posible excusar este tipo de comportamiento en una persona gracias a sus otras virtudes, condición que parece no existir en relación con este señor.'Ezio', el general romano adversario de 'Attila', estuvo a cargo del veterano barítono británico Anthony Michaels-Moore, quien desempeñó este papel sin tropiezo alguno aunque con contenida expresión. A pesar de esta frialdad, merece destacar su dúo con 'Attila' en el Prologo, 'Tardo per gli anni, e tremuli - Avrai tu l'universo, resti l'Italia a me - Vanitosi! che abbietti e dormenti' y la bellísima aria del acto Segundo: 'Dagl'immortali vertici - È gettata la mia sorte', ambas interpretadas con extrema elegancia y de manera irreprochable.Afortunadamente, la dirección musical de Mark Elder salvó la representación de mayores desastres con todo el rigor musical, entusiasmo y fidelidad a la partitura que faltó entre los solistas, aun así, y a pesar de los entusiásticos aplausos con que el publico recibió este Attila, tengo que confesar que esta representación me dejó, con las honrosas excepciones de Pata Burchuladze y Anthony Michaels-Moore, con un cierto regusto amargo en la memoria.Quizás a modo de compensación, Covent Garden ha recibido los resultados de una encuesta sobre la composición del público encargada a Experian, una compañía especializada en encuestas de mercado. Mientras que los resultados de dicha encuesta no anuncian nada realmente nuevo, si confirman lo que cualquiera que ha pisado una sala de conciertos o un teatro de opera ya conoce de forma empírica, que, en contra de las agoreras predicciones de ciertos sectores de la critica musical y la prensa tabloide británica, la música clásica todavía tiene un público numeroso y amplio, no solo compuesto de una élite vinculada a la Administración y el mundo empresarial. En vez de esta imagen elitista, la encuesta ha revelado un publico relativamente joven y modesto, pues casi una cuarta parte del publico tiene unos ingresos inferiores al salario medio británico y una quinta parte del total no supera la barrera de los 35 años de edad.En una era en que la financiación de museos y compañías nacionales de teatro y opera se redefine en términos mas populistas que educativos, los resultados de este estudio de mercado marcan el sendero a seguir en los programas de años futuros, y confirman lo acertado de la política de apertura que Covent Garden ha seguido desde su reapertura con funciones matutinas pensadas para los alumnos de escuelas de primer y segundo ciclo, el empleo del Clore Studio Upstairs y el Linbury Studio Theatre como espacios dedicados a la música y ballet contemporáneo, etc.

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