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España - Cataluña

Un modelo de estilo

Jorge Binaghi

viernes, 12 de enero de 2018
Barcelona, viernes, 12 de enero de 2018. Palau de la Música. Anne Sofie von Otter, mezzosoprano, y Kristian Bezuidenhout, fortepiano. Obras para voz y piano de Mozart, F.J.Haydn, Lindblad y Schubert y Mozart.
Anne Sofie von Otter © 2018 by Antonio Bofill

Hacía once años que no la escuchaba en concierto e iba preparado. Error. Von Otter sigue siendo esa cantante distinguida, seguramente con una extensión más reducida, pero un grave más consistente que en sus primeros tiempos, y la musicalidad intacta, además de su simpatía, nada reñida con una actitud mesurada y sin concesiones.

Su acompañante fue digno de ella, aunque, pido indulgencia debido a mi avanzada edad y mis gustos retrógrados, habría preferido el piano moderno como acompañante. Ya me sé toda la canción de la recreación del sonido de época, que así la escuchaban los autores, etc. No digo que no tenga su mérito, sino que estoy acostumbrado a escuchar los trinos claros y precisos, las notas graves con más fuerza y resonancia. Fuera de esto, que es claramente una cuestión de gusto y costumbre, también en sus partes solistas se reveló como un músico de notable interés (fueron, por ese orden, el allegretto en do menor D 915, el adagio en sol mayor D 178 y el segundo movimiento de la sonata en mi bemol mayor, andante molto, D568). Tal vez habría que haber invertido el orden de los dos primeros, por cronología, y porque la vaga melancolía de los 18 años del joven Schubert es mejor que preceda a la desolación de ese ‘allegretto’, que poco tiene de alegría, como señala acertadamente en sus notas en el programa Jaume Radigales).

Ella interpretó cuatro lieder de Mozart (Komm liebe Zither, komm; ‘Als Luise die Briefe, Abendempfindung y An Chloe), la cantata Arianna a Nasso de Haydn en la primera parte, y lieder de Schubert (el aria de Rosamunda, So lasst mich scheinen, Die Sterne, Der Winterabend y Waldesnacht) y tres canciones suecas de Adolf Fredik Lindblad (de las que informó –en la segunda parte estuvo muy elocuente- que las había cantado el ruiseñor sueco, Jenny Lind, dando por supuesto que el nombre nos decía algo. Por algunas caras que vi me parece que supuso demasiado).

La voz se mantiene sustancialmente idéntica, aunque hay cierto desgaste en zona aguda (que puede sonar ocasionalmente destemplada) y los graves extremos (como en Waldesnacht) resultaron demasiado exigentes, pero cumplió con ellos en un modo que tal vez no habría podido en etapas anteriores de su carrera.

Todo fue un modelo de estilo aunque, pese a cantar casi todo con partitura, alguna letra bailó un tanto. Digamos que si para An Chloe y la cantata de Haydn, o Die Sterne uno puede echar en falta algo de la expresividad, la paleta de colores de otras versiones que ha tenido la suerte de escuchar en vivo (estoy pensando en tres cantantes, dos femeninas y uno masculino, pero los dejo que adivinen), por musicalidad y técnica hay que descubrirse.

Como bises ofreció una muy simpática versión de An Sylvia (¿tengo que escribir que de Schubert?) y otra de las canciones suecas de Lindblad que explicó con mucho detalle y gracia. Manifestó su admiración por la sala del Palau. Aunque el público no agotaba las localidades (hoy en día si no es alguien muy mediático difícil que tal cosa ocurra) salió muy contento, aunque algunos no pudieron evitar toser en los momentos menos indicados sin ninguna reserva. Y eso que dicen que no hemos llegado al pico máximo de la epidemia de gripe...

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