Artes visuales y exposiciones

Karl Marx, profeta de tamaño sobrenatural

Juan Carlos Tellechea
viernes, 19 de enero de 2018
Busto de Karl Marx en Tréveris © Stadtrat von Trier Busto de Karl Marx en Tréveris © Stadtrat von Trier
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El Bicentenario del filósofo y economista alemán Karl Marx (1818–1883) el próximo 5 de mayo en Tréveris, su ciudad natal, tendrá el carácter de una gran fiesta familiar. Dos tataranietas, Frédérique y Anne Longuet-Marx, y un tataranieto, Edgar Longuet-Marx, confirmaron ya su asistencia a los actos conmemorativos, informó la directora del Museo y casa natal de Marx, Elisabeth Neu. Acudirán asimismo descendientes de un hermano de la empleada doméstica de los Marx, Helene (Lenchen) Demuth, quien acompañó a la familia desde 1845 hasta su exilio final en Londres.

Frédérique y Anne inauguraron recientemente en el patio interior del Museo Karl Marx de Tréveris (de la Fundación Friedrich-Ebert, próxima a la socialdemocracia alemana) un busto de su tatarabuelo que fue realizado por el padre de ellas Karl-Jean Longuet (1904 -1981), bisnieto de Marx, y que se encontraba en posesión familiar desde hacía decenios.

Tréveris, a orillas del Mosela, evocará a Marx este año con una amplia exposición regional y la inauguracion de un monumento en su honor; aunque no sin pocas discusiones previas sobre si éste debía ser erigido o no, typisch deutsch!!! (típicamente alemán), como dicen de sus propios y nada escasos tiquis miquis los mismos alemanes.

La efigie en bronce, de 4,40 metros de altura y 2,3 toneladas de peso, sobre una base de un metro de alto, obra del escultor chino Wu Weishan, fue donada por el Partido Comunista de la República Popular de China a la ciudad y será emplazada en la plaza frente al museo sito en el antiguo convento de San Simeón (https://www.museum-trier.de/Startseite/), cerca de la emblemática Porta Nigra romana.

Durante meses se discutió en el concejo municipal de Tréveris si el obsequio debía ser aceptado o no. Se sopesaron alternativas y eventuales consecuencias, verbigracia, qué repercusiones podría tener para las relaciones entre la República Federal de Alemania  y la República Popular de China un rechazo del regalo (cómo reaccionaría Pequín a un feo de la ciudad alemana).  Al parecer, por razones urbanísticas y de transporte el munumento tuvo que ser reducido en unos 80 centímetros para su aprobación final por las autoridades comunales. La fundición de la pieza, con sus medidas definitivas, se realizará en los próximos días en la provincia de Shanxi, informó a mundoclasico.es el portavoz de la alcaldía de Tréveris, Michael Schmitz. Las autoridades chinas aseguraron a las alemanas que la monumental efigie en bronce llegará a más tardar el 15 de marzo a Alemania.

Si hay algo que caracteriza al pueblo chino por excelencia es su sabiduría y paciencia proverbiales; no cabe ninguna duda de que saben esperar y lo hacen con asombrosa templanza. No en balde muchos parecen coincidir en que el futuro próximo del mundo partirá de esa gran nación y potencia, quizás a través de una mixtura entre el pensamiento de Marx y las ideas del confucianismo, que fuera su religión oficial hasta el siglo VII de nuestra era.

Alemania conmemora no sin gran pudor el nacimiento de uno de sus más influyentes pensadores desde mediados del siglo XIX hasta hoy. Su figura profética alcanza ya dimensiones sobrenaturales, aunque el comunismo sea reprimido en Rusia y en el resto del bloque oriental. Sin embargo, y pese a ser patrocinada por el presidente federal alemán Frank Walter Steinmeier, se trata de una evocación de bajo perfil, reducida a la región de Renania-Palatinado, donde se encuentra la milenaria Tréveris, fundada por los romanos en el año 16 aC.

Uno de los comercios más importantes de la urbe, un negocio de moda para damas (dicho sea de paso, muy bien surtido y elogiado por sus clientas), se llama Marx, pero la familia propietaria dice (o quiere) no tener absolutamente nada que ver con la del célebre científico y crítico del capitalismo. Hay algo así como una aversión a verse relacionados con aquella rama judía descendiente de rabinos, posteriormente convertida al protestantismo luterano para eludir restricciones antisemitas bajo la monarquía prusiana.

El padre de Karl, Heinrich (Heschel) Marx fue abogado, miembro de la logia masónica francesa L'Etoile Hanséatique y seguidor de las ideas de los filósofos Voltaire (1694–1778) e Immanuel Kant (1724–1804). La madre, Henriette, ama de casa e hija de un rabino de los Países Bajos, fue prima en tercera grado del escritor y poeta alemán Heinrich Heine y tía de los fundadores de la fábrica (en Eindhoven) de lámparas incandescentes Philips, Benjamin Frederik David Philips y sus hijos Gerard y Anton, hoy convertida en una de las empresas de tecnología más grandes del mundo, con asiento en Amsterdam.

Cuando uno habla de estos preparativos con pobladores de otras regiones alemanas éstos se muestran muy sorprendidos y admiten no tener noticia del acontecimiento. De vez en cuando algún periódico o semanario suprarregional se refiere a él en su página cultural (generalmente poco leída por el gran público) para reseñar la publicación de algún libro biográfico, científico o crítico sobre Marx.

Solamente los diarios locales de Tréveris difunden regularmente novedades al respecto, como las decisiones concernientes del gobierno de la ciudad, la llegada de las piezas que serán presentadas o la visita de sus descendientes, como fue el caso en estos días. Con seguridad las informaciones saltarán de la página cultural a la de actualidad política cuando estemos más cerca del 5 de mayo.

La cifra de turistas chinos que visitarán Tréveris en este Año de Marx superará largamente la de los 150.000 viajeros anuales de ese origen registrada en los períodos precedentes, según estimaciones oficiales. Los hoteles ya están preparados para el alud de reservaciones. Los viajeros se interesan sobre todo por conocer la casa natal del padre del socialismo científico y del materialismo histórico. Karl Marx residió allí durante el primer año y medio de su vida, antes de que su familia se mudara a otra vivienda en la misma ciudad. El edificio está siendo remozado y saneado a un costo de un millón de euros.

En un cartel colgado hace más de cuatro meses sobre la fachada del inmueble de estilo barroco construido en 1727 se puede leer el siguiente texto: Me fui...mi casa natal ha entrado en años como yo y necesita urgentemente un remozamiento. Por eso mi Museo permancerá cerrado desde el 16 de septiembre de 2017 al 4 de mayo de 2018. Tras los trabajos de saneamiento y modernización técnica de la casa será instalada una nueva exposición permanente, sobre mi vida, mis ideas y la historia de su influjo hasta la actualidad del siglo XXI. A partir de mi 200º cumpleaños el 5 de mayo de 2018 el Museo estará abierto para todos los interesados. Mi equipo ofrece durante el período de cierre, desde octubre de 2017 hasta abril de 2018, un estupendo programa de actividades en el edificio de la administración enfrente del Museo. Nos vemos...a más tardar el 5 de mayo de 2018. Vuestro Karl

La municipalidad está construyendo (a un costo de 210.000 euros) frente al edificio, en el cruce de las calles Jüdemerstraße y Brückenstraße, una plaza que probablemente llevará también su nombre y que estará lista en marzo próximo. Al menos la población de Tréveris ya la llama plazoleta Marx. En ella serán colocadas 12 plaquetas metálicas que llevarán grabadas algunas de sus frases más célebres.

Originalmente se pensaba instalar la estatua donada por China en ese recinto de 420 metros cuadrados, pero el monumento es demasiado grande para su superficie y se busca ahora otra figura de Karl Marx de menor tamaño para el lugar. Las calles han sido cerradas para el tráfico vehicular y serán transformadas en zona peatonal. A mediano plazo, está planeado convertir la plazoleta en una gigantesca terraza donde el público podrá sentarse y ser atendido por restaurantes, bares y cafés de su entorno.

La alcaldía ha previsto una inversión de más de 5 millones de euros para la conmemoración. De ese monto, 1,5 millones serán aportados por el erario de la República Federal de Alemania, otros 1,5 millones por el de Renania-Palatinado y el resto por el gobierno comunal que espera asimismo una adecuada recaudación por concepto de la venta de entradas a las exposiciones.

Casi 500 objetos, documentos (manuscritos originales y fascímiles), así como obras de arte serán expuestos en las exhibiciones que se prevén desde hace un año. Las muestras tendrán lugar en el Landesmuseum Trier , en el Museo de la ciudad antes mencionado, y en la casa natal de Karl Marx , perteneciente a la Fundacion Friedrich Ebert (próxima al Partido Socialdemócrata Alemán, SPD).

Las piezas han sido cedidas por instituciones como el Instituto Internacional de Historia Social, de Amsterdam; el Musée d'Orsay, de París; el Victoria and Albert Museum, de Londres; y el Museo del Hermitage, de San Petersburgo, pero también por otras entidades de 11 países, entre ellos Francia, Inglaterra, Bélgica, España, Suiza, Rusia y Estados Unidos.

Entre los cuadros más interesantes traídos a Tréveris figuran el retrato de un obrero, el más antiguo de la pintura europea, obra del realista alemán Adolf von Menzel (1815–1905), y el del filósofo, político y revolucionario francés Pierre-Joseph Proudhon (1809–1865), uno de los padres del pensamiento anarquista, realizado por Gustave Courbet (1819–1877), así como la primera caricatura de Marx en la que se le ve dibujado simbólicamente como Prometeo encadenado a una imprenta. El retrato a lápiz más antiguo de Marx, dibujado por un compañero suyo de estudios, Heinrich Rosbach, ha sido donado por un coleccionista privado al museo del ex convento de San Simeón y se exhibe por primera vez públicamente.

Será también una novedad ver algunos documentos de enorme valor histórico: cinco cuadernos con anotaciones de Marx acerca de sus ideas previas sobre El capital, así como el ejemplar personal de la primera edición de su obra maestra con notas al margen, pertenecientes al Instituto Internacional de Historia Social, de Amsterdam.

En el capítulo de la muestra titulado Estaciones de una vida, en el citado ex convento San Simeón se exhibirán, entre otros el lienzo Le Moulin de la Galette à Montmartre, de Jean-Baptiste Camille Corot (1796–1875), del Musée d'art et d'histoire, de Ginebra, así como una Vista de Bruselas, de James Ensor (1860–1949), del Musée de la Boverie, de Lieja. De la Free Library, de Filadelfia/Estados Unidos, llega en estos días a Tréveris el cuadro The Empty Chair, del británico Sir Samuel Luke Fildes (1843–1927).

Entre las curiosidades que serán presentadas figura una versión en braille del Manifest der Kommunistischen Partei (Manifiesto del Partido Comunista), proclama encargada por la Liga de los Comunistas a Karl Marx y a Friedrich Engels entre 1847 y 1848, publicada por vez primera en Londres el 21 de febrero de 1848, y cedida por la Biblioteca de no videntes, de Nuremberg.

El Manifiesto afirma que la historia política e intelectual de una sociedad está determinada por el modo de producción y la formación socioeconómica que se deriva de él; que una vez aparecidas las clases sociales sobre la base de la propiedad privada y de la explotación, la historia de las sociedades ha sido la historia de la lucha de las clases explotadoras y las explotadas; y que en la actual sociedad moderna el proletariado es la única clase social cuya emancipación significará la de toda la Humanidad mediante la revolución comunista: la abolición de la propiedad burguesa, las clases sociales y el Estado.

Hay dos posibilidades para aproximarse a las ideas de Marx y comprenderlas. Naturalmente se le puede leer como un clásico, integrado a su época, o abriéndole nuevos espacios de interpretación en los que hoy y ahora puedan contrastarse su persona y su obra. El historiador británico Gareth Stedman Jones (1942) asume en tal sentido una postura no muy feliz en su nueva Biografía de Karl Marx publicada por la editorial Fischer Verlage, de Francfort del Meno.

Stedman Jones, ex profesor de Economía Política de la Universidad de Cambridge y ahora profesor de Historia de las Ideas, de la Universidad Queen Mary, de Londres, procura sacar a Marx del trastero en el que fue abandonado, tras su instrumentalización política en el siglo XX (como padre del comunismo), y reinterpretarlo en el contexto de su propio tiempo. Algo parecido se ha propuesto al realizar una nueva traducción al inglés del Manifiesto del Partido Comunista.

En las 700 páginas de la biografía describe a un Marx que se siente obligado a crear una inmensa obra en medio de un tumulto de controversias políticas. Pinta un cuadro colosal de la época en la que surge, un período que arde de euforia con nuevas ideas revolucionarias, con aspiraciones de libertad de la burguesía o con la emancipación de los judíos, pero no describe la vida solitaria, aislada y excepcional que le tocó llevar.

Leyendo a Stedman Jones se gana una nueva percepción sobre la fuerza impulsora de las transformaciones que tuvieron influjo en Marx. Sus predecesores ya eran ciudadanos que buscaban su propio camino y que aspiraban a establecerlo. Aquellos describirían el modelo de movimiento, que asumiría Marx más tarde.

El autor logra persuadir cuando describe de forma cautivante cómo comienza la génesis del pensamiento de Marx en el círculo de los jóvenes filósofos neohegelianos, cuando busca su vía para realizar un nuevo análisis de la sociedad y de la historia. Explica asimismo cómo le cuesta a Marx llegar al punto de vista que determina su pensamiento, la orientación hacia las necesidades reales de la Humanidad y hacia su praxis vital, tras muchas, ingentes y agobiantes controversias, así como luchas intestinas.

El historiador británico discute las obras de Marx como reacciones complejas a los análisis políticos y económicos de su tiempo. Todo esto es expuesto de forma muy detallada e instructiva, pero se pierde de vista la persona; es decir, cómo fue Karl Marx. En este aspecto el lector se queda con hambre y sed de nuevos conocimientos. El libro que pretende ser una nueva biografía, parece más bien una tediosa disertación formal, con temas y subtemas archisabidos, ante estudiantes de la universidad; se echa mucho de menos una más profunda y amplia investigación con nuevas facetas sobre la personalidad de Marx que habrían despertado mucho mayor interés entre los lectores.

Aunque critica con toda claridad el que se haya inflado el prestigio de Marx en la pasada centuria, en realidad son limitados sus empeños por desvelar más rasgos de una figura que tiene escasamente que ver con lo que de él se hizo hasta la segunda mitad del siglo XX. Lamentablemente con el académico ocurre lo que es frecuente encontrar en nuestras casas de estudio: con toda su indiscutible erudición en la materia, Stedman Jones no es un buen comunicador ni un escritor agraciado; no logra formular un buen relato histórico ni hacer realidad su mentado proyecto de colocar de nuevo en su entorno al pensador que todavía hoy tiene muchas cosas nuevas que decirnos.

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