España - Cataluña

Los valores del melodrama

Jorge Binaghi

martes, 16 de enero de 2018
Barcelona, viernes, 12 de enero de 2018. Gran Teatre del Liceu. Poliuto (Estreno: Nápoles, Teatro San Carlo, 30 de noviembre de 1848 –compuesta en 1839), libreto de S.Cammarano y música de G. Donizetti. Intérpretes: Gregory Kunde (Poliuto), Sondra Radvanovsky (Paolina), Gabriele Viviani (Severo), Alejandro del Cerro (Nearco), Ruben Amoretti (Callistene) y otros. Versión de concierto. Orquesta y coro (preparado por Conxita García) del Teatro. Dirección: Daniele Callegari.
Gregory Kunde © 2018 by Antonio Bofill

Para mi sorpresa, éste es mi tercer Poliuto, y el primero en versión de concierto (que es como luce más, y no es cuestión de prejuicios: he visto una versión ‘tradicional’ y otra ‘innovadora’ y cuando hace más impacto la partitura es en esta ocasión, no sólo porque es la más pareja en intepretación, aunque eso ayuda). En cambio, no he visto nunca la versión francesa, ampliada, Les Martyrs, ni, cosa hoy imposible, su traducción italiana I Martiri. Convendría alguna vez, pero eso queda para un Festival Donizetti tal vez, dar ambas versiones de forma conjunta, de ser posible con el mismo reparto (utopía total), aunque más no sea para ver si el autorizadísimo William Ashbrool tiene razón cuando concluye que ‘Les Martys son más grandiosos que Poliuto, pero su amplitud es también más vacía y paradójicamente más recargada que la del original italiano. Les Martyrs tienen más consistencia, pero al mismo tiempo menos interés humano por comparación al más impulsivo Poliuto… Un cultor de los valores del melodrama romántico preferirá Poliuto; un místico apreciará más Les Martyrs.” (Cito por la edición italiana del volumen II de su Donizetti. Le opere, pág. 197).

Como se sabe la gran diferencia está en que el francés sigue más de cerca al original de Corneille porque en la adaptación italiana entra el tema de los celos, ausente del drama francés y de Les Martyrs. En palabras del compositor en una carta del 27 de junio de 1838 a Toto Vasselli ‘poco amore vi è’. Y claro que parece haber más amor entre soprano y barítono (su ex) que entre soprano y tenor (marido por aparente muerte del barítono), pero no nos vamos a poner exquisitos con un libreto operístico de principios del siglo XIX.

Lamentablemente el público no acudió en la cantidad que el acontecimiento merecía (la obra no se daba desde hace más de cuarenta años y el esfuerzo de lograr un elenco de primer nivel merecía apoyo). Hay quienes dicen que es porque el turismo ha bajado (no creo ni lo veo tanto), otros (sin duda más acertados) que los precios eran excesivos para una versión no escénica de un título prácticamente desconocido. Sin duda esto último puede haber influido mucho (sé que se vendieron entradas con descuento a último momento y había gente que las esperaba), pero me temo que el primer factor es la falta de interés del público aficionado en general. Si los mismos hubiesen cantado Norma o Aida en concierto el teatro habría estado mucho más lleno.

La obra funciona, es relativamente breve (no sé si fue buena idea hacer una primera parte de más de hora y media para luego de un intervalo de 30 minutos hacer el último acto de otros 30. Como a muchos no me gustan los intervalos, pero la obra se pensó en tres actos y a veces convendría tenerlo presente), y tiene muchos momentos impactantes, como el cuadro final del segundo acto, verdaderamente precursor de la escena del triunfo de Aida.

Por fortuna fue el momento más feliz de la dirección de Callegari, como siempre eficaz pero con su tendencia a acelerar, al volumen excesivo y a convertir en bandísticos algunos momentos que no tienen por qué serlo (la original obertura con coro y con sus cuatro fagotes iniciales estuvo bien, pero mejor en la sección de cuerdas de la segunda parte y no porque la orquesta mostrara altibajos. Por fortuna estuvo en una muy buena noche desde el punto de vista de la ejecución). El coro, tras unos primeros momentos vacilantes, también contribuyó a una velada notable.

Pero, claro, como siempre sucede, sin que los cantantes estén a la altura de los retos la obra puede quedar coja. En las otras dos oportunidades tuve una magnífica soprano (la misma), un buen tenor en la primera ocasión, en la segunda el divo de turno renunció no demasiado antes cuando se decidió a abrir la partitura… y poco más.

En cambio, debo decir que, no siendo como gran parte de los asistentes un incondicional de Radvanovsky, este personaje (que debutaba) ha sido para mí lo mejor que ha hecho en el Liceu (junto con su primera presentación en Aida). A lo mejor el hecho de que fuera en concierto logró que su gestualidad fuera más adecuada o reservada, pero de todos modos cantó magníficamente (alguien puede encontrar que sus agilidades podrían haber sido más precisas, pero en una voz de ese tamaño y en una primera noche de una primera vez sería mezquino) y ciertamente con ‘piani’ que lo fueron siempre y ‘messe di voce’ ideales. El timbre, que sigue sin parecerme especialmente bello, presentó homogeneidad y la extensión y el volumen fueron, como siempre, apabullantes.

Sí siento profunda admiración por Kunde, que es un milagro de longevidad vocal real, de sabiduría técnica, de dominio del estilo, de dicción y de fraseo. Tal vez no fue la noche de su vida en el sentido de que la emisión no parecía tener la fluidez de otras veces, pero la categoría del artista es tal que no sólo se lució en su gran aria y correspondiente cabaletta. Me permito recordar que se trata en mucho tiempo de un tenor que, como Tamagno en su momento, aborda en el mismo momento de la carrera este papel y el del Otello verdiano (y en cuanto a dominio del ‘belcanto’ habría que ver: no me parece que ni Gigli, ni Lauri Volpi, ni Corelli hayan sido muy ortodoxos al respecto).

Viviani hizo un muy buen Severo, sólo con algún momento en el extremo agudo poco limpio y pese también a disponer de un volumen muy apreciable logró hacer frente a las insidias de la cabaletta de su aria de entrada.

Amoretti fue un correcto Callistene, de color de auténtico bajo, pero en su aria con coro sus intervenciones fueron casi siempre superadas por éste. Correcto Josep Fadó en Felice, el padre de la protagonista, y muy interesante el joven del Cerro en el difícil e ingrato rol de Nearco, el cristiano que convierte a Poliuto y lo arrastra en su caída.. Los miembros del coro que tuvieron una intervención solista como cristianos (Sun Min Kang y Miquel Rosales) estuvieron correctos. El entusiasmo de los asistentes colmó, por suerte, la laguna de los ausentes.

Comentarios

Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.