Artes plásticas y exposiciones

Emil Nolde und die Brücke

Juan Carlos Tellechea

martes, 30 de enero de 2018
Nolde und die Brücke © Hirmer Verlag

El pintor Emil Nolde (1867–1956) perteneció solamente 20 meses al grupo expresionista alemán Die Brücke (1905–1913). Sin embargo, ese lapso entre 1906 y 1907 fue muy fructífero, como lo muestra una exhibición que tiene lugar hasta el próximo 2 de abril en la sala de exposiciones Kunsthalle de Kiel, dependencia de la Universidad Christian Albrecht de esa ciudad del norte de Alemania.

Nolde und die Brücke (Nolde y el Puente) se denomina esta muestra (catálogo de la editorial Hirmer, de Múnich) que presenta además cuadros de los primeros artistas de ese grupo expresionista, fundado el 7 de junio de 1905 en Dresde por cuatro estudiantes de arquitectura: Ernst Ludwig Kirchner, Fritz Bleyl, Erich Heckel y Karl Schmidt-Rottluff. A ellos se agregaron más tarde Max Pechstein, Otto Mueller, Cuno Amiet, y por breve lapso Kees van Dongen, además de Nolde (cuyo verdadero nombre era Hans Emil Hansen, quien adoptó como nombre artístico el de la localidad donde nació).

La exposición, con motivo del 150º aniversario del nacimiento de Hansen (en Nolde, cerca de Buhrkall, provincia de Schleswig-Holstein/Dinamarca), fue primeramente mostrada entre febrero y junio del pasado año en el Museo de Artes Plásticas de Leipzig, en Sajonia (este de Alemania).

Leipzig había desempeñado, en tal sentido, un breve papel en la biografía de Nolde y del grupo Die Brücke. En 1904, en la antigua Asociación de Artistas de esa ciudad (que promovía a la vanguardia), Nolde tuvo su primera exposición individual, y en 1905 se presentó también por primera vez junto con los creadores de Die Brücke.

 

En 1920 llegaron 31 cuadros de Die Brücke al museo, cedidos por la colección privada del historiador de arte y marchante Karl Lilienfeld. Lilienfeld, previendo muy sabiamente lo que se avecinaba en Alemania, embarcó las obras rumbo a Estados Unidos en 1932 salvándolas a último minuto del nazismo. De los expresionistas alemanes no quedó casi nada en esa ciudad; la corriente no tuvo allí ningún buen destino.

Casi simultáneamente con la muestra de Leipzig, el Museo Brücke, de Berlín que atesora centenares de óleos, acuarelas, pasteles, esculturas, grabados y dibujos del grupo, conmemoraba el año pasado el Cincuentenario (1967–2017) de su creación con una importante exhibición que ahora ha sido prolongada hasta el 8 de abril próximo debido al alud de visitantes que ha recibido desde su apertura el pasado 16 de septiembre (también catálogo de la editorial Himer). 

Fue Schmidt-Rottluff, fascinado por las tempestades de color de Nolde, 17 años mayor que él, quien en una carta de febrero de 1906 lo invitó a integrar el grupo de jóvenes artistas Die Brücke. Poco después, la mujer de Nolde, Ada, invitó al autor de la misiva a visitar al matrimonio en la isla de Alsen (mar Báltico). Fue una estancia de trabajo durante la que ambos artistas se inspiraron mucho y de forma recíproca, afirma la comisaria de la exhibición de la Kunsthalle de Kiel, la historiadora de arte Annette Weisner.

Allí ocurrió fundamentalmente lo más decisivo: el color se hace realmente fuerte, porque es aplicado de forma muy pastosa y cobra gran luminosidad. Al contrario que en el pasado, los pigmentos son dados sin mezclas sobre el lienzo y tienen su propio peso específico. Da igual entonces que un rostro resplandezca en azul, como el retrato El pintor Schmidt-Rottluff (1906), de Nolde, motivo elegido para los carteles de la muestra. En esas gruesas pinceladas de amarillo, rojo, verde o azul se ve claramente el proceso pictórico y los cuadros son increíblemente vívidos y muy bellos.

Ambos pintaban por separado, cada uno ocupado en sus respectivos motivos. Así y todo resulta dificil diferenciar quién pintó qué en aquel verano. Los dos hacían uso de las pinceladas cortas y gordas que habían visto en los cuadros de Vicent van Gogh (1853 - 1890), y el cuadro mencionado más arriba podría haber sido un autorretraro del cofundador de Die Brücke. Schmidt-Rottluff, a su vez, enseñó a Nolde en aquellos meses la técnica del grabado en madera. Menos intenso fue, en cambio,  el influjo mutuo de Nolde con los otros artistas de Die Brücke, como Heckel y Kirchner.

Los fundadores de Die Brücke, Bleyl, Kirchner, Heckel y Schmidt-Rottluff, y más tarde Pechstein querían arrojar por la borda el lastre de la tradición academicista. Cuando uno contempla los óleos, dibujos, acuarelas y la obra gráfica, tan importante para todos ellos, se puede ver en muchos aspectos con qué naturalidad y con qué enorme amor por la experimentación trabajaron. Ése fue el germen de todo, poner en marcha algo nuevo, tender un puente hacia el futuro, afirma, por su parte, la directora de la Kunsthalle de Kiel, Anette Hüsch, también historiadora de arte.

Bleyl se separaría, lamentablemente, del grupo en 1907 para ganarse la vida por su cuenta. Los trabajos gráficos de Bleyl mostrados en la exhibición, dan cuenta del talento que perdió irremediablemente el expresionismo alemán con su salida.

El programa de Die Brücke preveía divorciar el arte de las convenciones. El juego de colores era prioritario; iba por delante de la figuración. Este punto se puede ver muy bien en el lienzo de Nolde En la mies (1906), así como en los óleos sobre cartón Junto al mar, costa acantilada (1906), y En Pleissebach (1906), localidad cercana a Chemnitz/Sajonia), de Schmidt-Rottluff. La densidad de la pigmentación es tan alta que hay que mirar con detenimiento varias veces el cuadro para distinguir sus figuras.

Sobre el apoyo transitorio que dispensó Nolde en 1934 al régimen nazi de Adolf Hitler (1933–1945) se ha escrito mucho en los último tiempos. Es éste un capítulo en su rica biografía que lo muestra siempre como un personaje solitario y obstinado. Dos décadas antes los jóvenes de Die Brücke lo habían visto como un hermano espiritual. Tanto Nolde como los artistas del grupo expresionista se sentían fascinados realmente por van Gogh. Finalmente Nolde experimentó, como era de aguardar, una gran sorpresa y decepción con el nazismo que proscribió y difamó su obra como arte degenerado en 1937.

En Pareja recostada (1910), de Pechstein, ante un recoleto fondo verde oscuro, se puede admirar con toda nitidez la evolución diversa que tuvieron los artistas, tras la época en que estuvieron juntos en Die Brücke. El estilo de Die Brücke adquiere entonces pocas superficies claras de color que además eran contorneadas de negro; Nolde, por el contrario, continuaría siempre con esas diferentes capas, manchas y pinceladas de color.

Esto se denotaba ya en las primeras obras de Nolde, con las que comienza la muestra y con las que el pintor impresionaría enormemente a los artistas de Die Brücke. La Fundación Emil y Ada Nolde de Seebüll/Schleswig-Holstein (noroeste de Alemania) cedió a la exposición su óleo sobre tela Veraneante, un hombre bajo los árboles (1904), que destila una vibrante atmósfera estival. Es un cuadro muy elocuente, vital, pero al mismo tiempo muy sereno, muy tranquilo; una combinación maravillosa.

A Nolde no le gustaba el espíritu comunitario de Die Brücke, menos aún que Schmidt-Rottluff y Heckel se enamoraran de Ada, su hermosa mujer. La vida bohemia no era la más adecuada para su espíritu retraído. Artísticamente hablando, sin embargo, la consonancia entre el grupo y Nolde continuaría durante muchos años.

Para Nolde este período fue, más bien, un estadio transitorio, no así para Die Brücke. El camino hacia un arte no figurativo, rayano en la abstracción, se insinúa ya en la exposición con los cuadros de Nolde de 1910; mayor no podría ser la diferencia con los desnudos retrepados de Kirchner de aquella misma época.

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